17 abril, 2024
El artista estadounidense celebra los diez años de la grabación del disco con el que inició su carrera en un homenaje que no dejó indiferente a nadie.

Fotografías por Elena Gato

Si tuviera empatía con este chico, es decir, pudiera ponerme en sus zapatos, podría acercarme a entender lo que quiso decirnos en su concierto del Teatro Quintero. Si fuera capaz de entenderlo no habría seguido el impulso de sentarme a escribir pocas horas después de haber finalizado. Sentía la necesidad de plasmarlo con palabras antes de que el poder de la mitificación suavizara las impresiones. Ya veremos qué pasa después: el tiempo, como en todo, nos pondrá en el sitio justo.

Y el sitio, el Teatro Quintero, estaba a reventar. Una cola interminable colapsaba el acceso a varios portales de la calle Cuna. Se reunían allí primerizos, adeptos, parroquianos y curiosos; melómanos en general que se citaban bajo el denominador común de la ilusión: la de celebrar la década de un disco inigualable y mágico, Micah P. Hinson and The Gospel of Progress. No era de extrañar, pues, que el acceso a la caja sónica se alargara más de lo previsto intercambiando impresiones, deseos y recuerdos entre los que allí estábamos. Micah nos esperaba en el centro del escenario de pie, pertrechado tras su guitarra y sus gafas de pasta. Le acompañaban una chica en la batería y un bajista ataviado con un bajo Hoffner. Este formato fue la primera sorpresa de muchas porque esperábamos a los Buriers, el afamado cuarteto de cuerda que ha estado girando por algunas salas con Micah y entre las que, visto el resultado, no se encontraba Sevilla. En cualquier caso, con la ausencia de los Buriers y la guitarra bien afinada, comenzó el concierto con casi una hora de retraso.

MP3Del setlist voy a hablar poco. No merece la pena desgranar la copia escrita en una hoja arrancada de una moleskine y que es fiel copia del original del disco, porque ya sabes que comienza con “Close your eyes”, la cual es una canción preciosa sobre el miedo y las motivaciones; ya sabes que es una forma gloriosa de comenzar un disco presentando tus credenciales (tu voz de barítono, tu instrumentación preciosista y tus giros tonales, por citar algunas), y que una vez que comienzas a escucharlo no tienes escapatoria. Te lo tragas de principio a fin.

No, en esta ocasión podría hablar del minimalismo de esta formación de tres, la que despojó a la versión de este clásico de sus adornos, sus capas y sus coros para dejarla en su estructura básica. Porque las grandes canciones pueden despojarse de casi todo para seguir siendo reconocibles. El problema, si es que hubo alguno sobre las tablas del Quintero, es que también se despojó a “Close your Eyes”, y con ella al resto del repertorio,  de la parte más importante: el alma.

A nivel muy personal pienso que si se hubiera rescatado un poco del alma que hace diez años se vertió en este trabajo, no me hubiera distraído con cuestiones banales (como la desafinación, la indumentaria, los problemas del sonido o hasta el click al pisar los pedales) cuando se interpretaba  “Possibilities” o “At last our Promises”; pero en un plano más general puedo decir, sin temor a equivocarme mucho, que ese alma podría haber sido la pieza clave para evitar que muchos de los asistentes desfilaran hasta la salida para no volver a entrar. Porque no es Micah un tipo falto de actitud: bastó con sólo una mirada insolente a través de los cristales de sus gafas para que los que todavía allí permanecían (menos de la mitad) guardaran un silencio sepulcral, casi místico. Pero la actitud, amigo, si bien es importante tampoco lo es todo en la vida.

Sin embargo, las piezas comenzaron a encajar y “Stand in my way” marcó su eterno tres por cuatro para dejar una versión sobresaliente a merced de la aceleración en su velocidad, la saturación en la guitarra y el compás simple de su baterista que, a la hora de las despedidas, descubrimos como la mujer y futura madre de los hijos de Micah.

Tras el compás de espera vinieron los cambios de indumentaria y el repaso a otros discos de Micah. “God is good”, “Grandpa” o “Tell me It ain´t so” engrosarían el resto del repertorio hasta el final del concierto, donde Micah, ya solo y con su guitarra en limpio, interpretó “Something in the Way”, ese temazo que escribió su idolatrado Kurt Cobain.

Y si a la hora de las despedidas vimos a Micah marcharse, pudo ser un sueño. Desapareció del escenario sigilosamente, de puntillas. Ya en el exterior aparecieron los recuerdos, las anécdotas y las comparaciones, pero desde el momento en que lo perdí de vista hasta que volvamos a vernos, tengo la sensación de que me quedaré con el vacío de la incertidumbre. Seguramente esta sensación perdurará hasta dentro de diez años, donde podré comprobar si las cosas siguen siendo así. Espero que no. Mientras tanto, intentaré entenderlo.

SETLIST:

1.Close your eyes  2. Beneath the rose 3. Don´t you 4. Possibilities 5. As you can see. 6. At last our promises 7. I Still Remember 8. Stand in my Way 9. Your lost sight on me 10. Can´t change a thing 11. Caught in between 12. The day Texas sank bottom of the sea /// 13. How are you 14. Abilene 15. Grandpa 16. Make believe 17. God is good 18. Tell me it ain´t so 19. Million light years 20. Something in the way.

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