18 abril, 2024
Por cuarto año consecutivo, Sevilla se viste de swing. Para que luego digan que somos sota caballo y rey de lo más tópico de nuestra Andalucía, los eventos que fueron muchos, variados y de calidad, fueron también todo un éxito

Sábado 2 de Abril

Teatro Alameda

Fotografías por Juan Antonio Gámez

Por cuarto año consecutivo, Sevilla se viste de swing. Para que luego digan que somos sota caballo y rey de lo más tópico de nuestra Andalucía, los eventos que fueron muchos, variados y de calidad, fueron también todo un éxito. El Festival Sevilla Swing duró cuatro días y su sonido y movimiento no sólo se quedó en la capital. ¿Estaremos a la vista de una nueva moda? Tuvimos exposiciones, mercados, clases de baile, clases magistrales, fiestas… Y todo esto, la inmensa mayoría de las veces, a precios populares o gratis, así que pocas excusas quedaban a los curiosos. Para los inmersos en este mundo, la decisión era fácil. En cuanto a actuaciones en vivo, conciertos, pudimos ver a The Dixielab y a Van Moustache bajo el amparo del CICUS.

En el siempre cómodo y meticuloso Teatro Alameda, al cerrarse la puerta para que comenzaran las actuaciones, la mediocridad se quedó fuera, y lo que iba a ser un concierto normal y corriente se adornó con espontáneos bailes de espontáneos, que no dejaron lugar a que ninguna canción se quedara sin una multitud de bailarines junto al escenario, exhibiendo destreza, experiencia o ganas de seguir aprendiendo. Sevilla tiene momentos y lugares durante este festival en los que bailarines de swing protagonizan el cien por cien de la noche; insólito hábito y afición esta, que parece que ocultan durante todo el año, reteniendo las ganas hasta que llegue el festival.

Diríamos que desde Nueva Orleans, pero, en realidad, desde Madrid, Francia y Cuba, Manouchesque abrieron la noche con un gran número de números de Django Reinhardt. Los temas del belga (que acuñó el estilo que este cuarteto exhibe mayormente; manouche jazz, gypsy jazz…) sonaron alto y claro en los instrumentos de los músicos. También temas propios y de Charles Mingus. Jorge Guzmán a la guitarra rítmica, Remí Dugué a la guitarra, Aldo Aguirre al violín y Mick Navarre al contrabajo, se despidieron dejando dos cosas claras por destreza e insistencia, respectivamente; que son una banda de directo y que han grabado un álbum homónimo. Grandes, estos Manouchesque.

Visto lo oído, y no sólo en el Teatro Alameda en las jornadas de swing, Nueva Orleans no garantiza autenticidad. Sin embargo, la tuvimos de primera mano y curtida en clubes y calles de aquella ciudad, en una velada única; era la primera vez que Meschiya Lake, pese a ser reconocida y exitosa, actuaba por primera vez en España, y lo hacía pidiendo guerra, pero sin sus habituales colaboradores, The Little Big Horns. La americana entusiasmó a bailarines y al público desde sus sillas, que aplaudieron sus números propios y versiones, entre ellos, al menos un par de la neoyorquina Billie Holiday. Los Dizzy Birds (de Berlín y Sevilla) parecía que llevaban años acompañando a Meschiya. Los solos de la banda, fueron de alucine. La actitud rebelde de Meschiya (dentro de los parámetros habituales del swing, claro) y su palpable exigencia en el escenario con los músicos y con ella misma se reflejó en interpretaciones como “Looking the World Over”, original de Ernest Lawlars, “Satan, your Kingdom must Come Down”, que dedicó a Donald Trump, con doble peineta, o “Rosetta”, para la que se marcó el primero de un par de bailes sobre el escenario. De entre todas ellas, la interpretación de “Running Wild” se correspondió con un fortísimo aplauso del público. Banda y cantante se despidieron con dos bises, las versiones de los clásicos “My life will Be Sweeter someday y “Jack, I’m Mellow”.

Si estuviste atento a 8 Pistas y te perdiste el concierto (las entradas volaron todas rápido), te enterarías de que —lujazo de nuevo— en el Parque de la Cultura de Gines volvió a actuar la mejor voz de Nueva Orleans, elegida por quinto año consecutivo, junto a los Dizzy Birds, arropadísima por un público que desafió al tiempo lluvioso (o viceversa), y que además disfrutó de otras actividades relacionadas con esta imprevista pero ganadora apuesta por este estilo del jazz que eclosionó en los años treinta del siglo pasado. Más música de África, ¿quién lo diría.

Si presenciaste alguno de todos estos eventos, quizá te veamos el año que viene, junto al escenario de alguna actuación, dándolo todo, bailando al ritmo de nombres como Lindy Hop, Collegiate Shag, Balboa o Lindy Charleston. El swing cautiva, engancha, y la prueba no sólo la vemos de año en año.

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