26 mayo, 2024
Noche monoteista a tres bandas con el ruido como religión. Cala Vento, El Imperio del Perro y Perro

Fotografías por Lorena Lucenilla

Como si albergase una tempestad, el pasado viernes las paredes de la Sala La Calle de Sevilla retumbaron durante más de dos horas convirtiendo el espacio en una suerte de tanque de tormentas metafórico ¿Los culpables? la terna que LUNAR eligió para dale continuidad al Ciclo Cardioide y que conjugó a Cala Vento, El Imperio del Perro y Perro en la misma noche, haciendo que acudir no fuera cuestión opcional sino de férrea obligación.

Complicado elegir un ganador para la velada pero hemos de admitir que el ciclón de Cala Vento soplaba mucho antes de abrir las puertas de la abarrotada sala. Quizás porque se trataba de nuestro primer encuentro y ya se sabe, la incertidumbre de la novedad alienta y mejora las expectativas. El caso es que los de l’Empordà son un dúo con la presencia de una banda de, pongamos, cuatro integrantes. Joan y Aleix entrecruzan historias cotidianas traducidas en letras suaves, acompañadas de una sección instrumental encajada y rabiosa que funciona a la perfección. El apartado vocal queda quizás algo relegado en la propuesta de los catalanes aunque es indudable que la referencia punk aporta veracidad y sinceridad a su discurso melódico. Eso, sin mencionar los puntos en que ambas voces van a una y las canciones pasan de declaraciones a preceptos.

«Estoy enamorado de ti» (y tú no te enteras, por cierto) suena a hit y se queda grabado como tal. La batería de Joan tuvo incluso la oportunidad de marcarse un solo, como si llevar el peso de la base rítmica al completo no fuera suficiente. «Tus cosas» le dio protagonismo a la guitarra en manos de Aleix, convertida en un instrumento vibrante y rotundo. También incluyeron en el repertorio los cambios de tiempo y registro de «Rossija», parte de la demo que grabaron allá por 2014 y que ya apuntaba maneras.

No en vano, fueron «Isabella Cantó» y ese «a pesar de ti/me levanto», los encargados de cerrar el acertado show. Antes apareció «Hoy es un gran día» acompañado de un apartado instrumental magnífico y que, por si no nos habían gustado ya bastante, menciona y remite a los indies granadinos más coronados. Les dio tiempo hasta a bromear y cambiarse el nombre por ‘Cala Perro’, dada la perspectiva canina que presentaba la noche.

Y hablando de especies, el directo animal de El Imperio del Perro tomó posiciones apenas un cigarro después. Recién llegados de en la Sala El Sol en Madrid, lo de Sevilla fue para la formación pan comido. No sólo porque el público ya sabe que le espera una buena fiesta (hace no mucho, en El Día de La Marmota, lo demostraron con creces) sino también porque la banda va ganando sonido y actitud prácticamente en cada concierto.

Salieron apostando fuerte y desplegando cuerdas con «No me jodas» y «Buitres», para continuar el recorrido por su último trabajo en lo más alto, concretamente desde «San Julián» Inmersos ya en estos mimbres, sobraba el jersey y hasta la camisa si uno quería seguirle el ritmo a los perros. El apoyo y la sólida guía de la batería de Juanma, tan metido en lo suyo como pendiente de todo, ejerció como latido constante de una banda que tiene en Diego su mejor carta de presentación.

Los sevillanos repartieron sin contemplaciones. Para los que querían escapar, «Sal de aquí» y «La gran huida»; para los más romanticones, «24», un tema muy completo y con posibles. Y para los que aún pedían más madera, el ambiente irrespirable de «La fiebre de las cabañas». «Naúfragos», su colaboración para el disco-homenaje a los Niños MutantesMutanciones-, lució en las manos preciosistas de Javi a la guitarra y su continuo oscilar.

El resto fue, como dice un amigo, escopeta y perro. Voladas cayeron «Os odio a todos (Humano)», «Blanco Roto», y una fantástica «Ácido, polvos o cristal», a nuestro entender, una de las mejores canciones del disco, con casi toda la banda involucrada. En un continuo apoteosis final, en el que hasta el preciso Pedro izaba el mastil de su bajo, fue «Monos al espacio» la responsable de clausurar la sedienta propuesta del Imperio.

El siguiente Perro, singular en número y también en formato, arrancó como un aguacero en medio del campo. Los murcianos y su Estudias, navajas demostraron a base de ritmos audaces y potentes por qué eran el plato fuerte de la noche. Y lo hicieron mediante cortes como «Ediciones Reptiliano», «Cuñao, cuñao, cuñao» o «Falso techo», con los presentes agitándose en movimientos eufóricos y contradictorios mientras las dos baterías de Aáron y Fran retumbaban al son de tambores de guerra.

La potente percusión y un bajo martilleante (vean, sino, cómo engancha en «OLRAIT» o «Calypso Zombie Runner») compiten con la presencia de teclados, surreales sintetizadores y guitarras rascadas que colorean el ritmo reclutando al público en el ruidismo como única creencia. Entregándose a fondo, volviéndose locos y con una contundencia arrolladora, Perro logra que su mezcla de estilos suene ya a sello personal.

Guillermo y Adrián son la primera plana de una banda que no entiende de jerarquías. Alcanzó uno de los momentos más álgidos al sonar «La Reina de Inglaterra» y el episodio más bailable cuando «Droga porro» dio más presencia al componente electrónico, generando de forma casi inmediata la locura colectiva. «Marlotina» fue el corte elegido por los murcianos para decir adiós.

El Ciclo Cardioide cerraba así una de sus ediciones más redondas, aunando a tres formaciones con perspectivas abrumadoras. Aún así, había quien no tuvo bastante y quemó el resto del alcohol y los cartuchos disfrutando del repertorio que Wemakefriends DJs tenían preparado para alargar la fiesta y clausurar la cita. Porque ¿quién dijo que después de la tempestad siempre llega la calma?

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