15 julio, 2024

Amy Lee (Evanescence) by Rita Campo

Vivimos en la era de los festivales y los hay para todos los gustos y colores. Cada ciudad que quiera ser dibujada en el mapa y poblar el imaginario colectivo de la masa aspira a ser sede de un festival de categoría y Lisboa luchó allá por el año 2004 para traerse uno de los grandes festivales del momento y que a día de hoy es sinónimo de calidad asegurada: el Rock in Rio. 

 

Este año cumplía su edición número 20 en la capital lusa y prometía sorpresas. Como sevillano melómano que soy, esperaba garantía y mis expectativas se cumplieron con creces. 

Público by Hugo Moreira

El lugar, el Parque de las Naciones, es un despliegue de estímulos sensoriales que si soy honesto, llega a abrumar. Los lusos montan un festival justo en la desembocadura del río Tajo, cuando este abraza el Atlántico, con el famoso puente Vasco da Gama de fondo y ubicado en una explanada enorme, que pese a contar con mucho terreno, no evita que los asistentes sean víctimas de los tapones que se crean entre conciertos. Y es que 85.000 personas acudieron al pistoletazo de salida del festival que abarca dos fines de semana y el 16 de junio Lisboa pedía música a gritos. 

 

Y ahora viene la chicha que nos une: la música. Extreme abría el día y aportó una sensación de hogar cálido y buena vibración. No en vano, Nuno Bettencourt, miembro de la banda de origen portugués se marcó un momento patriótico, interpretando el himno de Portugal A portuguesa, siendo acompañado por todos los portugueses allí presentes. El guitarrista aprovechó el momento en solitario en el escenario para demostrar su habilidad con las seis cuerdas, guardándose en el bolsillo a todos los presentes. La banda se mostró cómoda y tocó temas míticos como More than words o Get the funk out. 

 

Una banda a la que tenía bastantes ganas de disfrutar era Rival Sons, pero al compartir hora con los neoyorkinos Living Colour, tocaba tomar una decisión. Pero confieso honestamente que desde que escuché los primeros acordes de la banda consigue lanzar un anzuelo imposible de eludir. Su vocalista, Corey Glover tiene un don en la garganta y esa presencia en el escenario que pocas veces suele darse. Es curioso cómo no tienen mayor reconocimiento. Su amplitud vocal y rango son admirables. Terminaron su actuación con Cult of personality, su tema más famoso, con el que aprovechó para bajar del escenario y traer la música a pie de calle, como quien dice. Es una banda que te dibuja una sonrisa que tarda en borrarse. 

 

La joya de la corona

 

Sin embargo, no puedo evitar dedicar esta crónica a la que para mí, de forma objetiva y subjetiva fue la perla del día: la banda estadounidense Evanescence. Llevan siendo objeto de mi obsesión desde que en 2003 saltaron a la fama gracias al aclamado y mítico “Fallen”, pero he sido aquellos que han permanecido fieles a la artista Amy Lee, co-fundadora, pianista, letrista, arpista y vocalista de una las bandas más célebres del siglo XXI. 

La banda, la cual está formada en la actualidad por Lee, junto a Tim McCord (guitarra), Troy McLawhorn (guitarra), Will Hunt (batería) y Emma Anzai (bajo y co-vocalista) vino a arrasar y demostrar que tienen vida para rato. Ante un público a rebosar -85.000 asistentes- y en pleno crepúsculo, hicieron magia con su repertorio. Abrieron el set con el intro The Turn, perteneciente a su último disco de estudio, “The Bitter Truth” y que funciona como antesala de uno de sus últimos éxitos, Broken Pieces Shine. Y de ahí aprovecharon para mandarnos a un viaje al pasado, visitando hits de “Fallen” – que cumplió el año pasado 20 años de su lanzamiento – como Going Under, My Immortal o Bring me to life, que sirve de cierre de concierto y que dejó boquiabiertos a todos con el último verso extendido “only you are the life among the dead”. Vimos temas de su segundo disco, “The Open Door” como Sweet Sacrifice o Call me when you’re sober, volvimos a 2011 con temas de su disco homónimo como The change o My heart is broken y deleitaron a los presentes con sus últimos singles, como Wasted on you, Better without you o su última apuesta, Yeah right. 

 

Amy demostró una potencia vocal inigualable, arrastrando su voz por todos los asistentes y asegurándose un hueco en el recuerdo de todos los presentes. Digno de mencionar es también su batería Will Hunt, que acompaña a la cantante con una fuerza titánica o Emma Anzai, última adhesión a la banda y que se suma a las armonías de Lee con tanta eficacia que parece que llevara una década en la banda. 

Evanescence by Tiago Petinga (EFE)

Lo he dicho mil y una veces y lo volveré a decir: Evanescence es esa banda de la que te hablaban mal y que tienes en tu imaginario colectivo como tachada. Arranca ese pensamiento y dales una oportunidad. De verdad, échame cuenta y déjate sorprender. 

 

Confieso que muchas lágrimas se vertieron aquella tarde y volví a sentirme un adolescente de la única manera que sólo aquello que te obsesionó en esa etapa puede hacer. 

 

Europe ofreció un show acorde a su talla y más allá del coreado y archiconocido The final countdown, sorprendieron con su Walk the earth, donde reiteraron su talento ante cualquiera que piense en ellos como banda de un sólo éxito. Es un show equilibrado y ameno dirigido por Tempest, que se subió a una plataforma para desplegar carisma con su pie de micro, sonriente y melena al viento. 

 

Para dar el broche de cierre llegaban los imperecederos Scorpions. Los alemanes siguen picando y Klaus Meine es muestra de ello con sus 76 años. A veces daba la impresión de ser frágil y nada más lejos de la realidad, el alemán se marcó un señor concierto, apoyado por toda su banda y donde brillaron temas como Send me an angel, Still loving you o la sempiterna Wind of change, que fue coreada hasta en el centro del Barrio Alto de la ciudad. De mayor quiero ser Klaus Meine y seguir dando guerra. Encended una vela por mí. 

Scorpions by Tiago Petinga (EFE)

No sería honesto sin hacer un guiño a la banda tributo Hybrid Theory, que consiguieron sorprender con su propuesta en honor al ya legendario Chester Bennington. Gracias por regalarme lo que considero es lo más cercano posible a ver a una de mis bandas favoritas que jamás tendré. 

 

¿Conclusión? Rock in Rio en Lisboa se marca un festival que más bien parece una mini-ciudad con servicios para todos los gustos. No te faltan tirolinas, ni norias, ni puestos de comida para todos los gustos. Por tener, tienen hasta una pequeña capilla de madera donde casan a los asistentes atrevidos. ¿Para qué necesitas ir a Las Vegas, teniendo Lisboa? El festival es uno de esos eventos que merece la pena tachar de tu lista de cosas por hacer en la vida. Por cierto, aún estás a tiempo de acudir a su próxima fecha en su versión original, Rock in Rio en Brasil se celebrará el 13 de septiembre. 

 

Hasta la próxima, terrícolas. 



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