La Frontera en El Verano de Malandar «Desierto, Dulce tentación»

Los Veranos del Malandar

1/06/2016

Las etapas de la vida marcan hacia donde nos dirigimos, buscan extraños momentos para delimitar nuestra manera de ser, para encauzar nuestro futuro y moldear el presente que rápidamente se pasa.

La niñez con sus amistades efímeras, sus juegos eternos y su amor en el aire; la adolescencia con los nervios a un palmo del respingo, los roces a un milímetro de tus manos y la vida como una bomba nuclear; la madurez como la lucha sin cuartel, las expectativas inalcanzables, los sueños cumplidos y por cumplir; y la vejez como el descanso de quien mira sin reprochar, de quien enseña sin inculcar, de quien sabe por ser en lugar de por lo que posee.

Cuando traspasamos cada una de esas puertas algo se rompe en el camino, algo se pierde, algo se tuerce o se transforma en nuestro interior, pero afortunadamente también hay cosas que quedan grabadas a fuego en nuestro córtex temporal.

En mi caso, el paso de la adolescencia a la madurez dejó heridas aún abiertas, amores perdidos, amigos de por vida y “el sonido de los truenos en el mar”.

El recuerdo, esa  extraña sensación que te eriza la piel, que te devuelve a otros planos de existencia, que te arrastra al pasado sin dejar de vivir el presente. Vives y recuerdas, recuerdas y sientes, sientes y te estremeces. La piel y la mente como punto de inflexión de los años que pasan y rememoran secuencias como si de fotogramas se tratasen.

Parece que fue ayer cuando Capturados vivos no paraba de sonar en mi walkman reversible amarillo. Su atmósfera desértica, su música orgánica basada en las guitarras y teclados y la espectacular voz de Javier Andreu hacían de La Frontera uno de mis grupos fetiches de la época. Todo ello unido al hecho de que mis padres eran los orgullosos propietarios del bar El Sur en Camas, donde se organizaban multitud de conciertos, y donde alternaban los músicos y artistas de moda en la época cuando pasaban por Sevilla, hacían que como en Inside Out aquellos recuerdos se almacenaran en mi mente como una bola dorada.

Sin embargo, como buen adolescente, mi ilusión sobrepasaba en multitud de ocasiones la realidad, y aunque me moría por ir a uno de sus conciertos tuve que esperar unos añitos más para poder hacer realidad mi deseo.

La cita pintaba bastante bien. A pie de río Guadalquivir, bajo organización de Spyro y la Sala Malandar, con nuevo disco recopilatorio bajo el brazo, 30 años en el Límite (2015), todo parecía confluir en la rememoración de los grandes clásicos, de aquellos por los que más de una vez me desgañité en mi cuarto.

No fui el único que lo pensó, ya que allí nos reunimos bastantes. El ambiente estaba cargado de negro, de alguna que otra cana de más y de muchas ganas de divertirse. Todo parecía lo que era, los hombres eran hombres, pero no como los hombres de ahora, sino como los hombres que no se esconden y muestran sus miedos e inseguridades sin pudor y vergüenza. Las mujeres eran mujeres, risueñas, exuberantes y malas, los camareros eran simplemente gente que pone cerveza o wiski a diestro y siniestro. Y, por supuesto, el grupo era sólo eso, rock en estado puro.

Una especie de “Viento Salvaje” azotó el lugar en cuanto Javier Andreu, Toni Marmota, Vicente Perelló y Harry Palmer subieron al escenario. Gritos, coros y muchas risas explotaron incontroladamente en cuanto el matrimonio se dedicó “Mi dulce tentación”.  Y como si de una losa pesada se tratase “La ley de la horca” nos calló encima sin previo aviso. Atronador comienzo que, a riesgo de hacerse algo difícil de parar, siguió para nuestro deleite con “Judas el Miserable”.

Para los que pensasteis que a estas alturas las letras de las canciones ya estarían desgastadas por las miles de voces que durante estos años las han cantado, que el viento se llevaría la fuerza del tremendo bajo de Toni Marmota o que el alcohol ahogaría la voz de Javier, lo siento, pero os equivocasteis por completo. Las canciones suenan remasterizadas, aprendidas pero no manidas, densas pero no cansadas. El sonido no parece salir del escenario sino directamente de nuestro interior. Ellos tocan y nosotros le imprimimos la fuerza.

Rozamos “El Límite” de nuestros sentidos como un amago de Las Rosas de los vientos, sin prisas y con corazón. Nos dejamos embaucar por la triste historia de las “7 calaveras” para desgañitarnos, acto seguido, dejando claro que si tenemos que elegir entre “Vivo o Muerto” nosotros escogemos ¡¡VIVOS!! bajo este “Cielo del Sur”.

No falta ni una. Sus 19 obras, entre directos, EPs y discos de estudio, están hoy aquí. Versiones fieles a las originales, sin estridencias ni escándalos, sólo una leve turbación en el continuo espacio-tiempo que como mucho nos hará sudar de lo lindo esta noche y quizás nos dejará una leve afonía residual mañana, quizás “Vuelvan los buenos tiempos” y con ellos los “10 minutos de pasión” que quedaron guardados a hierro en nuestro recuerdo.

¿El calor me abrasa por dentro? ¿Ya no sé si esta brisa proviene de la ciudad o de la árida estepa? ¿Cómo me llamo? Me viene a la mente “Juan Antonio Cortés”, pero puede que ese no sea mi nombre. Gentes que se agolpan a mi alrededor, gentes que suplican y que piden que se detenga el tiempo, gentes que vibran y sueñan al unísono. La Frontera vuelve a difuminarse y al fondo “4 Rosas estación” espera pacientemente su turno en el “Duelo al Sol”. “La ciudad” se posa apesadumbrada a nuestros pies mientras soñamos con las olas del mar y “Las aventuras del capitán Achab”. ¿Por qué será que ahora sólo me apetece beber Ron?. Me voy a la barra, aunque entre nosotros se encuentre “El valle de las lágrimas” juro que llegaré.

Sucede que cuando uno va perdiendo la conciencia se le sobreviene un pequeño mareo, un desvanecimiento propio del apagado progresivo de las neuronas que conforman el complejo entramado de nuestra realidad consciente. No es un todo o nada, hay multitud de estados intermedios. Sucede que en raras ocasiones eres capaz de cerrar los ojos y apagar varias de esas capas de “realidad” cognitiva. Cuando eso sucede los pensamientos fluyen involuntarios por nuestro cerebro. Escuchar en directo “Aunque el tiempo nos separe” es, sin duda alguna, una de las mejores herramientas para llegar a ese estado hipnótico.

Pero en esta noche apenas hay tiempo para soñar, porque la vida llama a tus puertas desesperadamente. Vamos coge fuerte las riendas, no te lamentes por el “Pobre Tahúr”, agarra la cintura de tu chica, sube al “Tren de medianoche” y dirígete sin temor a “La Frontera”. No dudes, pedios “Otro trago más” para el camino y, ya sabes, como decía el viejo Dan “Si el Whisky no te arruina, las mujeres lo harán”.

¡Y que coño, “Viva las Vegas”!

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