La Bien Querida en Nocturama: Una sirena sin mar

Fotografías por Elena Gato

 

Noche evaporada de más de 30 grados en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo con los muros aún calientes incluso entrada la medianoche. La escena, compuesta como un cuadro, nos presenta a una sirena plateada a la que la ausencia del mar dejó varada en un escenario. Con la guitarra como único consuelo y anclada al taburete, La Bien Querida le cantó el pasado jueves al desamor como solo ella sabe hacerlo.

Pero antes de eso, le tocó a Rafa Spunky iniciar la velada en Nocturama. El madrileño puso de largo su nuevo EP, Mitomanía, acompañado por guitarra y violín eléctricos, junto con la ayuda de un Ipad y un portátil que no soportó demasiado bien las temperaturas incandescentes. Propuesta disco y elegante la de Rafael Monsalve, cuya voz remite por costumbre directamente a Fangoria aunque el planeta Spunky habite en una galaxia paralela. El cantante planteó un espectáculo basado en una primera parte algo más melódica y reposada en contraste con una segunda en la que, ya despojado de la guitarra y con la voz ganando protagonismo, se entregó a la electrónica y el bailoteo .

«Bryan Ferry», «Los ratones» o «Sólo pensamos en bailar» fueron algunos de los temas escogidos por Rafa para amenizar la noche, entre los que también se coló un cover del «Everybody» de Madonna con el que fue difícil no dejarse llevar por las coreografías ochenteras. Con un final un tanto abrupto, debido a los efectos del indecente calor sobre los equipos informáticos, cerró Spunky el primer round antes de que las masas acudieran desesperadas a la barra para ahogar la persistente sed en brebajes amarillos.

Reconocemos que hace un mes aproximadamente, cuando comenzaron a tomar forma las propuestas que darían color a las noches de este verano sin playa, echamos en falta el nombre de La Bien Querida. La agradable sorpresa la dieron al final los chicos de Green Ufos cuando completaron su cartel y el regalo se materializó en Ana y David subiendo al escenario casi de puntillas. Pasadas las once, los acordes de «Piensa como yo» inauguraron el rosario de coplas de esta ninfa plateada.

Con esa dulzura contundente que la caracteriza sonó «El origen del mundo» y ese «la próxima vez te quedas mejor callado» que tantas veces se nos ha pasado a más de uno por la cabeza. «Corpus Christi» y «Carnaval» continuaron dosificando una melancolía que rozó sus cotas más altas con «Bendita» («qué poca vergüenza decir que me querías»), enganchada al riff de la acústica. Con la voz desnuda de Ana y el primer soplo de aire apenas agitando la medianoche escuchamos y cantamos «Sentido común» («a veces solo me tranquilizaría pegarte muy fuerte»).

El recorrido de La Bien Querida por toda su discografía fue más que generoso. Desde la sombra, tomaron protagonismo la guitarra y las bases de las que se encargaba David Rodríguez en cortes como «Arenas movedizas», que sonó antes de «Hoy». Se atusaba Ana el pelo al comienzo de «9.6» cuando se escuchó entre el público un «¡guapa!» que la de Bilbao recibió con una tímida sonrisa previa al arranque de uno de sus temas más electrónicos, modificado en acústico para la ocasión y transformado en otra honesta canción de amor.

Pero la palma en los mimbres del confite se la llevó «Muero de amor», dedicada a todos los que esa noche habían decidido plantarle batalla al mercurio. Miradas cómplices, manos cogidas y coros acompañaron esta barra libre de intensidad sentimental («preferiría estar muerta que sentir que esto se acaba»). Con palmas se recibió la guitarra rasgada de uno de sus ya clásicos, «De momento abril», con los siseos de Ana y esa sedosa voz en primer plano.

Anuncia que la siguiente «es de bailar» y, dentro de lo que cabe, no miente. Con «A veces ni eso» nos tuvo un buen rato «haciendo eses de amor con las caderas». No decayó el incipiente meneo cuando, antes del obligado bis, entró en el setlist «Poderes extraños». El que fue adelanto del primero de los 3 maxi singles que aglutina su último proyecto, Premeditación, Nocturnidad y Alevosía, se desarrolló redondo con las guitarras del dúo sonando a un tiempo.

Vimos su vestido argentado bajar y subir del escenario para continuar con el encantamiento en apenas cinco minutos. Lo hizo a través de la candidez de «7 medidas de seguridad», una de sus composiciones más patrias. Pese a que nos dejó deseando «Alta tensión» o «Disimulando», Ana nos rompió el corazón con «La Veleta», uno de los dos temas en los que colaboró para el último álbum de Los Planetas. Bonito guiño andaluz para el pellizco final de este recuento de cicatrices comunes en el que los sones de La Bien Querida te sumergen. La sirena cesó su canto y la noche pasó a otros menesteres más livianos. En ellos, La mujer barbuda se dispuso a curarnos las heridas sacándole brillo a los platos.

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