17 abril, 2024
La familia en la que quisiste haber nacido (y lo sabes) pasó por la Sala Custom de Sevilla

Fotografía por Alejandro de Larriva

Son, más bien, el retrato colorista y virtuoso de una familia de músicos con carisma que pintó un trocito de Candem en medio de un polígono de Sevilla. Excesivos en talento y vestuario, decadentes y brillantes a un tiempo. Kitty, Daisy & Lewis han mamado la música desde la infancia y su sino no podía ser otro que el del escenario. Con apenas 20 años, dejan ver una herencia de incalculable valor que derrochan con facilidad y descaro.

Aún nos vuela la cabeza una imagen fugaz pero reveladora. La de Kitty comprobando el estado de su pintura de labios usando como espejo la armónica. Esa con la que acababa de marcarse un solo de pulmones infinitos mezclada entre el público. Sin despeinarse, oye. Y es que todos ellos son diestros y diferentes en cualquiera de los instrumentos que se van turnando en cada canción. Pasando por alto los pequeños fallos de empastado propios del ajetreo y la polivalencia, los hermanos bien podrían haber saltado en el tiempo hasta el pasado domingo en la Sala Custom. Sin Delorean de por medio.

Acompañados, eso sí, por Ingrid Weiss (madre amantísima) al bajo y contrabajo y Graeme Durham (padre, obviously) a la guitarra. Fue “Bitchin’ in the kitchen” la que arrancó el juego de las sillas de esta particular banda en cuyas fiestas familiares uno mataría por colarse. En “Baby Bye Bye” descubrimos a un hábil Lewis al teclado, con talante, maneras y voz propias de un vinilo de los sesenta. No en vano, el trío se declara amante de lo analógico y su sonido en directo es fiel reflejo de esa historia de amor verdadero con lo retro. Recordemos que su último trabajo, The Third, se grabó con una mesa de 16 canales en un estudio concebido por ellos mismos.

Hasta consiguieron hacer bailar al variopinto público gracias a “It ain’t your business”, antes de que Kitty se ocupara de la batería en “Don’t make a fool out of me”. El aire verbenero llegó con la trompeta de Eddie ‘Tan Tan’ Thornton , tan colorida como su camisa y su procedencia (Jamaica), y sumando en temas como «Whenever you see me». Swing, country, blues y rock and roll fueron turnándose y superponiéndose a lo largo de una velada en la que sonaron también «Good looking woman» o «Never get back». Títulos que, así de pronto, no dicen nada si uno no vio a Daisy, puro nervio y extremo, aporreando la batería, enterrada la cabeza en bucles de rizos oscuros sobre un mini vestido blanco.

Inquiriendo al respetable sobre sus gustos en cuestión de bebidas, encajaron “Whiskey” para mostrar después la técnica de Lewis con la guitarra y la conjunción de sus voces en “Developer’s Disease”. Desde todos los ángulos, “Going up the country”, la misma que sonó en Woodstock en el 69, mostró a la banda en toda su plenitud. Con la caja como única percusión, ellas compartiendo micro, labio con labio, casi lascivo, incestuoso. Aporreando el teclado él. Lo que cualquiera identificaría como el vivo retrato de una familia bien avenida. La de los hermanos Durham. El único trío que nunca saldrá mal.

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