Juicio popular al Rey en el Teatro Central

¿Es cierto que usted cobró una comisión millonaria de un fondo de inversiones kuwaití llamado KIO por promover la participación española en la primera guerra del Golfo?”

“Es cierto que usted ha estado cobrando una comisión por barril de  petróleo saudí que compra el Estado Español, incluso desde antes de ser coronado?”

Éstas y otras abrumadoras preguntas le hace un ficticio Jesús Hermida al rey de España Juan Carlos I en la entrevista de nunca jamás.

Alberto San Juan y su elenco de actores demuestran estar en plena forma, sublime Javier Gutiérrez en el personaje de Franco, con un excelente trabajo vocal y una viz cómica que engancha en todo momento con el público, un Willy Toledo haciendo diferentes personajes y demostrando que es uno de los mejores actores de la escena española y que si no lo vemos más es por sus posicionamientos políticos y no por su innegable talento, Luis Bermejo como Juan Carlos I es el personaje central de la obra y hace un trabajo que da altura a la apuesta escénica, de por sí muy austera austera y que depende del trabajo de los actores. Y Alberto San Juan, como director y actor, que propone un texto arriesgado y tragicómico, con el que disfrutar del teatro, y preguntarnos por la historia reciente de nuestro país.

La creación de múltiples personajes gracias a un juego escénico que lo hace posible y natural, es una de las grandes potencialidades de la obra, lo complicado se hace dinámico, así es el arte y es lógico que un personaje tenga 10 años y al minuto tenga 40 años, que el actor pase de Kissinger a Carrero Blanco, Adolfo Suárez o Chicho Sánchez Ferlosio con absoluta naturalidad.  Decisiones acertadas en el proceso creativo.

El Teatro del Barrio no pretende golpear al rey ni mucho menos, va mucho más allá, es más inteligente, tiene una mayor calidad artística para proponer una lectura alternativa de la historia oficial de España, y trata la figura del rey Juan Carlos I como personaje clave de esa historia, tanto para la permanencia del régimen del tardofranquismo, como en la “ejemplar” transición. La obra ahonda en la posibilidad de que el rey haya sido un títere en manos del poder, que cuando ha dejado de ser útil, ha sido cambiado por otra pieza nueva en el tablero.

“El Rey” es actualidad, cada día existen más dudas sobre la cansina ejemplaridad que nos quieren vender los entes oficiales sobre la transición española. El discurso oficial siempre ha tendido críticos, pero es con la crisis económica, el impulso del 15M y la necesidad de una regeneración democrática  que se ha tambaleado este discurso oficial y es ahí donde se enmarca la necesidad de esta obra de teatro, como producción cultural de los movimientos críticos, alternativos y creativos, y es lógico que sea Alberto San Juan quien lo haga, ya que él estaba en Sol aquel 15M, codo con codo con aquellos que empezaban a fabricar una nueva perspectiva de la política.

Elogiar la valentía de esta obra y su necesidad, porque no es nada fácil encontrar artistas que corran riesgos y San Juan lo hace, y eso es fundamental para un artista, por eso dignifican el teatro con “El Rey”, porque salen de los espacios de confort y provocan al espectador para que tambióen lo haga, y tenga que repensar el discurso oficial y llegar a quién sabe donde.

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