17 julio, 2024
Con el calor casi fuera de juego como primer síntoma, nos acordamos de que el ciclo Nocturama también tiene su fin. Sin embargo aún queda mucho, y sin perder fuelle, tal y como se demostró en la noche del miércoles 19 de agosto… y la del 20, pero eso es otra historia.

Fotografías por Valentina Ricci Photo

Doble función la del miércoles, con el dúo catalán Hidrogenesse, presentando Roma. Acerca de este, ya te hemos hablado, ¿recuerdas? Genís, ataviado a là Genís, y Carlos con una especie de pijama a là Roma llegaron con la decimonónica “Siglo XIX”, electrónicos, analógicos (¡un vocoder en el escenario!), pop, pop-art o como quieras llamarles. Hidrogenesse siguen desplegando un sonido distintivo en la voz de Carlos aderezado de un contenido enigmático a veces, otras de andar por casa, otras solemne.

Un código binario dudoso (2012) todavía nos tiene con el corazón en un puño, “El Hombre de Barro” aún intrigados, “Italia” encantados, “El Artista” con media sonrisa, y así, un abanico de sonidos (ruidos) de cuando Kraftwerk eran Kraftwerk adornando canciones que deberían quedar para siempre, como “International Rumor”. Todas estas y más, sonaron en Nocturama aquella noche, siendo las de Un Dígito Binario Dudoso más del gusto de cierto sector del público más silencioso, y otras fueron adelantando lo que vendría más tarde; “Échame un Kiki, Amor”, “Eso es el Amor”, o “Disfraz de Tigre” indicaba que el público ya buscaba lío, y así fue.

Algo tienen en común Hidrogenesse y Los Ganglios; ambos parecen basar sus canciones entre lo surreal y lo cotidiano. Los Ganglios van un paso más allá, y hacen enormes canciones utilizando los géneros como medio. La noche deja de ser electrónica de repente, y el punk de “Mimetic Motherfucker” se apodera del césped del patio del monasterio. Rafael Filete (guitarras y voz), Xoxé Tétano (teclados, voz y maquinitas), y Leli Loro (teclados y voz). Un pogo algo excesivo y repentino indicaba que parte del público ya venía predispuesta. El cambio al siguiente es brutal, “Canción Oriental”.

Especialmente perturbadora es la historia del temón a lo synth-pop “Al Final”, cuya tragedia se explica en su siempre siguiente, Amélie Poulain, es decir, más pogo, como en “Badajoz 2222”. Ni una canción parecida. Llegamos a la cumbia, la de Félix y Jacques, quizá la más coreada. Los relinchos geniales de Rafael Filete en “Babieca Hiede“ dieron paso a la que podría ser la más popular del trío de Badajoz, “Color de Rosa”, con un Caudillo Amarillo proyectado en el muro del patio, detrás del escenario, para el que Xoxé siempre pide un abucheo merecido… y no por el color. Y entre canción y canción, amagos de temas bakaladeros interrumpidos violentamente, antesala de la despedida con “El Subiduki”, parodia feroz de la absurdidad de la música de discoteca. Pues sí, la buena música y el buen humor se apoderaron del alma Monasterio de la Cartuja, y aquí no caben exorcismos.

Tanto Hidrogenesse como Los Ganglios tienen en común, cada uno a su manera, que no quieren saber de límites. Hacen lo que quieren, y esto conecta con el público, cuya presencia fue más que notable… y su participación, sobresaliente. Ambos conjuntos nos recuerdan que no se puede estar todos los días escuchando música de la que se considera mejor por virtuosismos a veces vacuos, por su complejidad o por la seriedad en los temas que trata. El alma humana tiene más recovecos, y no siempre nos apetecen los mismos lugares. Hidrogenesse y Los Ganglios nos muestran una gama sonora desplegando el lado juguetón e imaginativo de la música, gamberro, divertido, loco, y encima, lleno de melodías y grandes momentos de euforia total, como los que nos ofrecieron aquella noche. Al fin y al cabo, cada música tiene su momento… menos Gemeliers, claro.

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