16 julio, 2024
O dos. Una de ellas es para ti.

Indudablemente uno de los puntos fuertes de la temporada 2015-2016 en el Teatro Lope de Vega, la obra del noruego Henrik Ibsen llegó a Sevilla con dirección de Eduardo Vasco y buenas críticas en general. Estará hasta este domingo, inclusive, desde 4€ a las 19:30h. El dato ya aparece por otra parte en 8pistas, pero lo ofrezco de nuevo porque esta es una crítica buena -no necesariamente una buena crítica-, y también una recomendación.

¿Garantías? Es una coproducción en la que interviene el Centro Dramático Nacional, junto con Mucha Calma Producciones y Noviembre Compañía de Teatro. No hay muchas más: Eduardo Vasco fue cuestionado en su versión de Otelo del año pasado por acortar demasiado la obra, y Hedda Gabler es un texto que garantiza muy poco, salvo su propia calidad. Es fácil identificarse con cualquiera de los personajes, pero no gratificante. Con Hedda, ocurre además que no es una buena idea. La seguridad misma es materia inflamable en Hedda Gabler, como el bonito pelo de Thea, otro de los personajes.

La caracterización de estos está perfectamente lograda, como todo lo referente al aspecto visual de la obra. Cayetana Guillén Cuervo luce espléndida en sus vestidos, mucho más suntuosos, como corresponde a la hija del general Gabler. Hay unos pocos elementos en escena y todos se aprovechan lo justo y bien, con papel destacado para un piano de cola, escondrijo de secretos, y una proyección o similar que da la medida del tiempo transcurrido muy discretamente. Una gigantesca cortina hace casi por sí sola la enorme casa de Tesman para Hedda.

En cuanto a los actores, hay que destacar a Jacobo Dicenta como un fantástico juez Brack; es encantador y serpiente a la vez. Verónika Moral es una buena anti-Hedda, y Cayetana cumple como protagonista, a pesar de que su voz resulta quizá monocorde y atenúa la terrible tensión que atormenta a su personaje. En un principio esto está bien, porque pone de manifiesto la comedia doméstica a la que se presta, pero si es éste el motivo, es un recurso que se lleva demasiado lejos. Cuando explota, sin embargo, explota debidamente. José Luis Alcobendas conjura algo de la supuesta intensidad de Lovborg, el pianista es bueno, y los Tesman son efectivas naderías, en una obra donde la nada es algo tan importante. Todos dominan el tempo narrativo a la perfección.

El texto ha sufrido algún recorte, han desaparecido una criada y una hoguera; la figura del pianista es discutible, pero no se estropea nada. La iluminación es ajustada y la música adecuadamente extraña para un drama de contornos sutiles, que clama porque no tiene la categoría de una tragedia y no encuentra solaz en la comedia vulgar.

Sí, debéis ir a verla. Porque es teatro moderno antes del teatro moderno. Porque es una obra maestra indiscutible. Porque habla de nuestras propias vidas más a las claras de lo que a veces nos atrevemos a pensar. Y porque no todo va a ser música, demonios.

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