El triunfo de la hermandad

Fotografías Antonio Andrés

El Singular Fest de este año se estrenó con el concierto de la Maravillosa Orquesta del Alcohol en el marco incomparable de la plaza de España. La banda burgalesa encendió la noche sevillana del martes con su folk rock para unos espectadores que ocuparon prácticamente todo el aforo.

Himnos de auténtica taberna irlandesa con rumores marineros. Canciones que celebran la resistencia y la derrota también. Redención para perdedores y perdidos. La M.O.D.A. es uno de esos pocos grupos que después de diez años mantiene intacto el espíritu de banda. El hambre, la garra, la actitud. La única ambición de disfrutar la siguiente canción. La hermandad de siete amigos que montan una banda, se sumergen en los mapas y conquistan los escenarios. Una hermandad que se hace explícita desde su uniformada apariencia. Ni siquiera la figura de un cantante carismático que pone la voz al conjunto consigue desarraigar la verdadera vocación de equipo de estos siete chicos. Como los mosqueteros, uno para todos y todos para uno.

Abrieron fuego con Miles Davis, Una canción para no decir te quiero, Mil demonios y La vuelta; esta última de su más reciente hornada de canciones servida junto a Rëfree, Ninguna Ola. Desatada la euforia desde el primer momento, no rebajaron el pulso en ningún instante. A lo largo de la noche integraron en la fiesta canciones de su último disco como 93 compases o Colectivo nostalgia, pero el esqueleto del repertorio fueron las canciones que todos esperaban para corear. Y así hicieron.

Dominadores de la dinámica de cada canción como del show en conjunto. Héroes de la intensidad. Con el marcado carácter de la paleta de timbres que suponen el protagonismo de banjo, acordeón, mandolina, clarinete o saxo en sus canciones, se desmarcan de la homogeneidad sonora de otras bandas nacionales. Y el derroche de entrega que ofrecen no tiene apenas igual. El empuje enérgico y rabioso de Alvar, la visceralidad de la voz de David Ruiz y la crudeza profunda de las buenas letras que firma.

El primer triunfo de Singular se firmó con la sangre hirviente de estos siete músicos que fueron uno con su público. Dejaron como bises para el éxtasis de la celebración final dos de sus principales emblemas, 1932 y Héroes del sábado. El triunfo de la hermandad.

 

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