5 marzo, 2024

Raúl Rodríguez, guitarra a cuestas, besa la mano derecha de su madre antes de entrar a la Librería del hotel Colón. Abarrotada de público, probablemente más que en ninguna otra de las anteriores Noches Icónicas en estos dos años. Y entonces se produce una de esas imágenes cuyo misticismo excede lo que uno pueda describir con palabras mundanas de juntaletras. Soy testigo desde un lateral de la pequeña sala, detrás de la barra donde hoy han situado a la prensa. Veo la escena de perfil. Martirio avanza por el estrecho pasillo que queda hacia el escenario entre las sillas que ocupa el público. Con una solemnidad y un poderío digno de procesión. En esta ciudad de fervores, podrían haberle llovido pétalos de rosa. Su paso podría haber estado acompañado de la pasión de las cornetas y tambores. Pero tendrían que hacer sonar una ranchera.

Porque este jueves, Martirio canta a Chavela una vez más. Se transustancia de nuevo en sus lágrimas, en los puñales de José Alfredo, se convierte en mexicana, se vuelve ranchera una vez más. Con esa sobriedad suya tan genuina, tan inimitable. Con esa presencia escénica hipnótica de dama de la canción, el halo de elegancia que la envuelve, que transforma la atmósfera en cuanto pisa las tablas. Más que voz, poniendo el cuerpo y la sangre a la canción. Cantando con todo lo que se puede cantar. Hasta con las manos, perlando minuciosamente con los dedos en su collar el rocío al que la ranchera hace mención. Desgranando cada silabita. Desnudando las sensibilidades, propias y ajenas. Reinando en el silencio. Y en esa breve parálisis que te agarra cuando termina la canción, el alma encogida, recobrando el aliento para poder arrancar el aplauso.

Suena Luz de luna, De un mundo raro, El andariego, La noche de mi mal, Sombras. Entre una y otra, aminora la intensidad sirviendo la guasa bien cortada. Y dejando caer la buenísima noticia de que Sevilla volverá a verla pronto, junto a Chano Domínguez, en el Lope de Vega en octubre. Quisiera amarte menos por bulerías. Un inciso en el tango cantando a Gardel y Le Pera para anticipar un próximo disco con el folklore argentino como eje central. Con la nostalgia arrabalera de Volver y El día que me quieras, una de esas canciones universales, qué fortaleza, que le recuerdan a uno que sería capaz de matar por amor.

Fotografías cedidas por Icónica (Luis Rivera)

Qué toque de Raúl Rodríguez. Morisco, flamenco y pentatónico. Templando la guitarra que embrida los tormentos. Mencionar únicamente su virtuosismo, su espíritu de antropólogo musical o su artesanía como creador del tres flamenco sería quedarse corto. No puede existir un guitarrista mejor para Martirio. Con la dificultad que tal responsabilidad entraña. Es difícil aislarse del apabullante torrente de la cantante, pero si uno hace el ejercicio y se aísla meticulosamente, cuántos detalles importantes encuentra en las cuerdas de Raúl. Más allá de lo obvio. Un buen gusto y una personalidad innombrables. Su guitarra se reconocería al toque entre cualquier formación por cuantiosa que fuera. Cómo juega con la voz de Martirio, cómo se funden en la misma materia. Qué introducción gigante con acordes abiertos precede a las Noches de Boda de Sabina, bien acompañada en el estribillo, suavemente por el público. Con swing para Torre de Arena, el homenaje a Marifé en clave jazzy de aquellas Coplas de Madrugá.

¿Qué debe ver Martirio a través de esas lentes oscuras? Algo que no alcanzamos a distinguir los demás. Algo mejor. Temblaban las rosas de los floreros de la Librería con los aplausos. Recordando cómo Carlos Cano desempolvó la copla de los tufos del antiguo régimen para devolverla al pueblo. Qué delicia María la Portuguesa de nuestro Jacques Brel andalucista. El cachondeo del cuplé bilingüe, Compuesta y sin novio. Los Ojos Verdes más flamencos. Y una despedida que desborda sabiduría. Mucha salud, mucho amor, mucha conciencia.

Menos mal que está Martirio para cantarnos lo que sentimos. Lo canta en La llorona, donde es un sustantivo común. Pero quién puede dudarlo cuando la oye en su voz. Ese verso no es casual. Esa m inicial no es una minúscula. El que no sabe de amores… no sabe lo que es Martirio.

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2 comentarios en «El que no sabe de amores…no sabe lo que es Martirio»

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