El poderío del rock jondo

Fotografías Antonio Andrés

El concierto de Cristian de Moret en el Teatro Central, enmarcado dentro del ciclo Flamenco viene del sur, ponía el broche más rockero posible a los diferentes espectáculos de danza y música en torno al flamenco que dicho ciclo había programado. A medio camino entre la presentación de su ópera prima, Supernova, y los avances del que será su segundo disco, que ya asoma la patita y que será presentado a inicios del próximo año en el teatro Lope de Vega.

Hace meses que el nombre del Cristian de Moret viene sonando fuerte en el mundillo musical. Desde muy joven, y contando con una amplia formación, había sido habitual en las giras de Carmen Linares o la Tremendita, o compartiendo escenarios con otras grandes figuras del flamenco. Pero 2021 ha sido el año en que el artista onubense ha puesto su nombre en los mapas con la publicación de Supernova. Parecería que el Lope de Vega que le aguarda podría ser excesivo para un artista que cuenta únicamente con un disco a sus espaldas, pero después de escucharle en directo queda claro que está a la altura de su próximo teatro sevillano.

Cristian de Moret se presentó en el Teatro Central junto a Gautama del Campo en saxofón, Alexis Vallejo en percusión y Pablo Prada al bajo, además del propio Cristian en la guitarra eléctrica. Arrancó estrenando en solitario una guajira eléctrica sobre las percusiones de sus propios rasgueos mudos en el loop.  Siguió con los Tangos del pañelo, ya con la banda en escena, y por cantes arromanzados, que en lugar de sonar por bulerías se adentraron en un funky turbio y pegajoso. Los pájaros, unos cantes por malagueña que desembocan en la otra orilla con un fandango de su tierra, arrancaron desde una programación electrónica al más puro estilo Massive Attack y generando una galaxia jazzística en la que Gautama voló libre, tremendamente inspirado.

Mención aparte merece el protagonismo y el carácter que imprime Gautama del Campo a esta banda, la personalidad de la que dota al proyecto con su presencia. Turnando saxo alto y tenor, recuerdan sus notas graves a la importancia que David Bowie cedió en su último disco, Blackstar, a Tony Visconti. Como en los cantes por debla de Geometría sagrada. Saxos graves, envolventes, jazzísticos y vanguardistas, hipnóticos y penetrantes, que sostienen con fuerza la canción y la llevan en volandas en una tensión lúgubre tremendamente magnética. Además del propio virtuosismo del saxofonista para subir el nivel de los solos a cuotas inalcanzables. En concepto de técnica, inventiva e inspiración. Momentos de free jazz de altos vuelos. Sin duda, el MVP de la noche de este cuarteto califal que arremolina pellizco y pentatónica.

Porque lo de Cristian de Moret es un despliegue de rock jondo. De poner el quejío en Chicago, sentando a la misma mesa a Eric Clapton y la Paquera de Jerez. De llevar ese tradicional cante de trilla precioso que es Soy como el oro a la estructura armónica de un blues, la única en piano de la noche. O de crear la homónima al disco, Supernova, un fandango que atraviesa un blues en que en cualquier momento podría entrar a cantar desde su galaxia Amy Winehouse. Se despidió revisitando La leyenda del tiempo rearmonizada, con la soleá Alas y una cumbia de estreno que ampliaba el horizonte de acentos del concierto. Un horizonte que vería su ocaso en un último bis sorprendente para todos: los versos lorquianos de la Tarara sobre el Hotel California de los Eagles. Buena síntesis de la rosa de los vientos de este artista poderoso y atrevido, que viene a marcar los nuevos tiempos de la fusión y la expansión flamenca.

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