17 abril, 2024
La travesía del 18 de diciembre trajo sorpresas. Sala Custom fue el barco y Alberto su Capitán.

Fotografías por Nuria Sánchez

Sevilla es ideal para ir en moto. Recorréis la ciudad de punta a punta en ná de tiempo y sin problemas para aparcar. Así que decidís que esta vez también os moveréis con ella. Con su moto azul (ya casi tuya). Un viaje intersiudá camino de la Música. Otro más. Puestos los salvavidas y abrochados los cordones, arrancáis con ese «Somos Pájaros» en las palmas de las manos y comenzáis a volar.

Entre La Isla de la Cartuja y el Polígono Calonge hay una vida por gastar. O dos. Pasáis por Resolana, Ronda de Capuchinos, María Auxiliadora y, como recién nacidos, llegáis  a Santa Justa. Desde allí rechazáis el postureo de Kansas City y tiráis por carreteras secundarias. Vais llegando. Lo sentís. Se acerca.  La Cobardía ya va ocupando su lugar, aunque viajar en una moto china no sea precisamente de cobardes. Equilicuá. Como auténticos poligoneros, entráis en el bar que hace esquina para cenar algo, beber otro algo y reíros el uno del otro. Llenos los estómagos, saciada la sed y colmada la risa aparecéis ante el vendedor de perritos. ¡Cuánta gente espera al Capitán! Más que la típica puerta de una sala, la de Sala Custom evoca una reunión de amigos a lo grande. No se conocen de nada, ni falta que hace. Dentro, MR. SPOK visten los minutos previos a la cita.

Después de dos años, el viejo Albertucho vuelve a casa por Navidad. Dejarse ver y echar un ratillo con su gente es la idea. Encalla en Sevilla, pero no lo hace solo. La incorporación de una banda brillante actualiza el ADN y nace  La Banda del Capitán Cobarde. El de Bellavista ya tiene a su público ganado antes de arrancar. Fidelidades de la casa. Costumbres de la vida.

El protocolo os incita a quitaros los bultos de encima y alguna prenda de ropa. Estar cómodo es lo mejor. Y allí no es complicado. El ambiente que se respira os sigue el rollo. Os imanta. Y os protege. No falta nada ni nadie más. La familia de Alberto tampoco quiere perderse el reencuentro con la City. Brutal cómo se emociona su madre ante alguna canción que el niño le dedica. Es sensacional la alegría que se palpa con sólo echar un vistazo alrededor. Un jolgorio digno de repetirse porque… ¿Cuándo vuelve Capitán Cobarde a Sevilla?

«El Pisito» hace que rule todo lo demás. Todo de todo. Mucho cachondeo, verdades como puños, y palmas al compás son algunas de las imágenes que os traéis de vuelta. Y esa gente que canta como loca cuando cae «La Primavera», con ese «carril bici por donde rebotan cuarenta millones de tetas y con ese mercao de la Calle Feria». Y su banda disfrutando de «Mama Dame». Y vuestro Alberto hablando sin pelos en la lengua con un «No tener nada» más grande que la Giralda. Después, «El Marinero» atrae vuestra emotiva atención. Una historia sin trampa ni cartón. Como la que dedica a las madres, a las vuestras -¡VIVA LA MADRE QUE OS PARIÓ!- y a la suya, que emocionada se encuentra con la letra y sale a bailar. Al igual que Javier Baena, ganador del regalazo del cuadro tras triunfar en el sorteo ante notario, al que casi le toca hacer un estriptis de los buenos. Al notario no, a Javier.

Por momentos, ves al Capitán a solas, como siempre, con su guitarrita marcando el escenario, sin más decoro que el sombrero y la camisa. Pero esta vez también cede ese espacio a los grandes que le acompañan. Se va y sube una Banda pa mojar pan y repetir sin remordimientos, con la que ha unido fuerzas en esta nueva aventura. La verdad es que le ha salido que ni pintao.

Vuestro Capitán Cobarde. Qué decir de él. Que sigue siendo ese hombrecillo que os canta lo jamás cantado. Que se tira al suelo cuando quiere y se sienta a un piano cuando lo necesita. Ese jovencito que nunca perdió su identidad. El que os pide que le deis algo de beber, que está seco, joder. Aquel que alarga la mano con esa sonrisa de pillo para echarse un trago tras repasar un repertorio donde lo más reciente y lo más nostálgico, mágicamente, coexisten a partes idénticas. Hicisteis un trato con él y no os defraudó.  Alberto, Albertucho, vuestro Capitán, el de Bellavista o el Sevillano a reventar os dedicó la hazaña más sentía que existe: esa que siempre lleva su música por bandera. “Y ahora, rumbo al horizonte”.

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