El camino Ferreiro

Fotografías Antonio Andrés

No hay nada más tedioso e indigesto al largo plazo, en lo que a carreras musicales se refiere, que el artista que una vez alcanzado cierto nivel de éxito y aceptación de su repertorio entre el público, se dedica a machacar los escenarios una y otra vez con la misma cantinela y con el único baluarte populista de las cuatro canciones que conocen aquellos que sólo son capaces de escuchar cuatro canciones. Se aburren hasta a sí mismos. En el otro extremo, músicos como Iván Ferreiro, reinventándose a cada paso para no repetir la fórmula. Huyendo del aburrimiento, a contracorriente si es preciso, dándose el batacazo si no queda otra.

El último invento del gallego: la gira Cuentos y canciones, una delicia para los muy cafeteros o para un público adulto medio con capacidad de escucha (tampoco son tantas exigencias). Porque los plastas que se empeñen en pedir desde el minuto uno Turnedo para grabarlas con sus pantallitas se encontrarán un espectáculo en que el hit podrá sonar o no. Quién sabe. Desde luego, no escucharán una sucesión de grandes éxitos.

Cuentos y canciones es un concierto especial, con un monólogo interno con una línea argumental clara: el camino de los hermanos Ferreiro en esta aventura que les atañe hace años que es hacer canciones. Quiénes son, de dónde vienen, cómo nacen las canciones. Las luces, que no necesariamente coinciden con el glamur de los neones y la fama; y las sombras, que no son tan sombras si son motivo de risa y disfrute. Sin más protagonistas sobre el escenario que los hermanos Iván y Amaro Ferreiro, y sin más artilugios que una guitarra y un piano (algún artilugio más sí que hay). Las canciones, la mayoría de ellas caras B, esas que se quedan algo más escondidas en los discos, se suceden a contraluz de una pantalla que apoya con imágenes las historias de esta travesía.

Con el preludio lynchiano de la sintonía de Twin Peaks comenzó este cuento el pasado sábado en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo con Espectáculo, la excusa perfecta para recordar el primer disco solista de Iván y cómo rechazó ir a grabarlo a Nueva York por grabarlo en una casa rural con Suso Saiz y su recién graduado en Derecho hermano Amaro. De la sinvergonzonería de la travesura Rai Doriva recuerdan la versión de Love Song for a Vampire de Annie Lennox. Con Me toca tirar viene el recuerdo argentino de la reunión del Laboratorio Ñ, germen de una de las grandes hermandades del pop rock español con los entonces Pereza, Leiva y Rubén Pozo, Xoel López, Quique González…y Secretos deseos se acompaña con las hojas del cómic de Mentiroso mentiroso.

Para compensar las duras críticas que recibieron en su momento por el Picnic extraterrestre, doble marcianada: los Paraísos Perdidos que Pablo Novoa pobló de acordes y Picnic al borde del camino. De los restos del naufragio del picnic nació el Confesiones de un artista de mierda, una redención en directo rogada por la discográfica. Sondear fue enlazada con El equilibrio es imposible, primer momento importante de pulsión por parte del público con este hit pirata.

Con último tramo del concierto sube cada vez más el nivel. En homenaje a la figura de Ricky Falkner y su papel en los últimos discos de Iván suena Twin Peaks. Abordando el tema de las colaboraciones, en las que Iván tanto se ha prodigado, elige su favorita: Me dejó marchar de Coque Malla. Reivindica el talento desconocido de Nico Pastoriza brindándole Una inquietud persigue mi alma. Del homenaje a Golpes Bajos extrae Cena recalentada y la divertida anécdota (y los respectivos tweets) del Portamérica, las quejas de un público que quedó ingratamente sorprendido al encontrarse con el repertorio de Coppini en lugar de Turnedo y compañía.

El papel de los amigos es indispensable en este relato. Desfilan por la pantalla mientras Iván versiona otra canción seriéfila, Breaking Bad de Leiva, añorando esos duelos en que se baten cada verano en el Náutico; y dedica el Pensamiento circular a esa banda que espera el final de esta gira y la vuelta a la normalidad para volver a cruzar las carreteras con Ferreiro. Como final de fiesta, un experimento inédito que es un auténtico bombazo. La letanía rugida de En las trincheras de la cultura pop, desbordando épica sobre los violines de la recomposición de Max Richter de la Primavera de Vivaldi, probablemente lo más pop del mundo clásico. Y, para decir adiós, sí, una de las mejores canciones del pop en este idioma, la melancolía insigne de Turnedo.

El éxtasis provocado por ese himno apátrida fue el cierre de esta noche de Sevilla Alive llena de magia, de humor, de canciones y confesiones. Caen los créditos en la pantalla como si estuviéramos en un cine. The end.

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