23 febrero, 2024
Si no entraste en Sala X el 5 de noviembre, lee. Daniel Mata en el Callejón del Gato y Miguel Bueno respondieron a los deseos de su público. Incluso a ti, que no viniste.

Fotografías por Alejandro de Larriva

Si no estuviste allí, detestaré contarte lo del jueves en un trozo de pantalla. Hubiese preferido verte y que esto no fuera necesario. Continúa si quieres, pero lee bien porque te pongo en preaviso: con mis letras no vas a reír a carcajadas, ni darás con la gota que colmó el verano un 5 de noviembre. No es mi intención en absoluto que sueltes la misma lágrima que perdió la chica de al lado. Mucho menos, que pretendas alcanzar el olor a «Verano» que nos desarropó. Por eso te escribo libre de culpa. Porque por más que insistas, tampoco encontrarás aquí a la gente emocionándose cuando Miguel Bueno homenajeó con «Me río» a su padre. <<Gracias, mi amigo. Gracias, mi padre. Gracias, Don Miguel>>. No pongas esa cara, leerlo no es vivirlo. Y si no piensa en una buena lotería. ¿Que le toque a otro?, no, ¿verdad? ya es tarde. Puedes darme todos los votos de confianza que quieras que, si es leyéndome, no bailarás con la chica a la que no has quitado ojo de encima. Y mira que te avisé. «Si asistes, vivirás una reunión gourmet que tardará en repetirse». Y tú nada, en casa o haciendo no sé qué. Porque venir, lo que se dice venir, no viniste mucho.

La banda que Bueno y Mata compartieron sobre la tarima de Sala X subió. El primero se arrancó con un «Vamos a cantar una canción para que mováis el culo». Y como no estuviste allí, tampoco escuchaste ese «Díselo, Rafa (al piano)». Ni viste a la chica que se incorporó a los coros. Todo de ella merecía la pena, te lo aseguro, incluso la camiseta estampada con un gato sin botas bajo paraguas. Qué manejo el tal Rafa al piano. Qué voz la de los coros. Qué electricidad al violín. Y eso que se trató de su tema más flamenco. Te lo perdiste. Como cuando subió Ale Rodríguez y le puso su qué a esas canciones. Una de ellas habló de las consecuencias de un buen disparo por la espalda. Pero miramos de frente cuando el público pidió «Bob el Esponja», «una historia de amor de mierda». Y yo sin ti por allí. «Por favor, no cometáis los mismos errores que algunos músicos porque los músicos no está comprobado que sean personas», dijo «Miguelito». A todos menos a ti, que no te vi. Y luego la que dedicó a todas ellas y a todos ellos -por ese orden-, «Caracorazón», fue un momentazo, lo siento. Espero que tu ausencia te mereciera la pena.

No te culpo, errores cometemos todos. Pero me darás la razón cuando intentes recordar la aparición de Daniel Mata en el Callejón del Gato y no puedas. Su turno comenzó con «Sentido», que recién nació la semana pasada. Escrita a cuatro manos, las suyas y las de su compi de batallas, la cantó Daniel con Miguel a la guitarra, y no quisiste venir. Se hizo realidad lo que días antes me adelantó en entrevista. «Aunque son dos conciertos separados, compartiremos músicos y compartiremos alguna que otra canción». Enrique Mengual al bajo, Luis Carlos Curiel a la batería, Alejandro Rodríguez a la guitarra, Leslie Jordan al violín, y Rafael Arregui a los teclados volvieron a ocupar el escenario, pero esta vez a la vera de Daniel. Se nos llenó la cabeza de unas «Ruinas» que desembocaron en «Locos tiempos» hasta el punto de flipar con la memoria de esa gente. Quien diga lo contrario, quiere mentir, el público cantó la letra mejor que su propio nombre. Para que la letra de un cantautor cale hondo en tu memoria, no valen tanto las horas como la pasión que le pongas a la escucha.

«Sálvese Quien Quiera» y «Terapia de Expareja» provocaron un «Venirse más cerca, coño». Y allí que fueron todos corriendo al escenario. El concierto nos convenció de que a los 80, también quiere uno bailar. Ese directo nos enseñó a aplaudir a nosotros mismos y a enfrentar los amores a distancia, como la que nos separó de Manuel Jiménez Ballena por culpa de su viaje a Barcelona. No se olvidó de ella, era necesaria, gracias a Daniel no olvidamos que vamos a morir. Y gracias a eso llenamos aun más los pulmones. Entre Miguel Bueno, Daniel Mata y esos músicos indispensables, con la muerte en la cabeza, tuvimos la edad que nos dio la gana. Y fue así porque lo que quisimos se antepuso a lo que pudimos. Fuimos. En Sala X nos desinhibimos. Renacimos más que de costumbre. Tuvimos ganas de más. Y te echamos de menos. Pero te recordamos en todo momento. Porque un concierto es también la gente que no fue.

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