23 abril, 2024
Como decía aquel coronel de pelo blanco, también de los 80, "me encanta que los planes salgan bien". ¿Y a quién no?

Fotografías por Mr Hipérbole

Pulir más cera que Larusso. Lijar, pintar y darle forma a los sueños haciendo círculos hacia fuera. La patada de la Grulla de Fired! y Okinawa se materializó certera en el directo del pasado 7 de mayo en FunClub. No pudo esquivarla la lluvia, el superavit de conciertos ni los Cobra Kai. Toda una demostración de músculo por parte de dos bandas locales que, a su paso por la mítica sala, ofrecieron un show de alta tensión. La prueba de que el talento se esconde, a veces, en los lugares más pequeños y en las noches más inesperadas. Como decía aquel coronel de pelo cano, también célebre en los 80, «me encanta que los planes salgan bien». ¿Y a quién no?

Rebasadas por poco las diez de la noche empezó a girar el reloj de arena de Fired!. Tan polvorientos como los imaginábamos, la travesía del «Desierto de Tabernas» fue creciendo en intensidad hasta lograr que nos subiéramos fácilmente a su caballo parar echar «un ratito ahí en la hierba». Un entrante perfecto para calentar el ambiente de una sala con una asistencia generosa que, dicho sea de paso, se entregó diligente a la exótica propuesta. Su composición, aderezada por los toques de trompeta, asentada por la firmeza de su sección rítmica y la brillante en la electricidad de una guitarra con mucha presencia, se completa con un frontman en continuo éxtasis ante el que es complicado permanecer ajeno.

Para cuando andaban por «Kalifornia», conjuntados, construyendo melodía en torno a un riff y dándole color con vientos y voces, nos invitaron a disfrutar de su primera noche como visitantes en la sala. Entonces fueron al «Lío». Metafórica y literalmente hablando. Interesante y sinuosa, guiada por una guitarra siempre poderosa, determinante y con cuerpo en las manos de Iván Saldarreaga. Coqueteando con continuos cambios de ritmo que fueron revelándose a lo largo de la noche como marca de la casa de Fired!. En «Elefantes» redujeron revoluciones y añadieron sabor rockero a la mezcla galopante dibujada sobre las baquetas de José Baena y la tenacidad del bajo de Iván Vega.

Fue en «Nuevo Aire» y «Miss Rositas» donde tiramos de las riendas para escuchar la voz de José Lucena cobrando protagonismo. La primera, una canción de des(amor) con explosión final; la segunda, una balada contenida, enfatizada, en continuo diálogo con vientos y guitarra. Con aire funky y wah wah le tocó el turno a una disfrutona «Starsky» antes de que «Africana2» fuera la elegida para cerrar el show. Aires cuasi caribeños mutaron el desierto árido en fiesta tropical al canto de «vente conmigo y pásalo bien». Lucena continuaba envuelto en su frenesí, agarrando a ratos la pandereta y a otros el shaker cuando a la banda, plenamente engrasada, le tocó despedirse en aras del cumplimiento del horario. Entre peticiones de «otra, otra» y el tentador sabor de lo breve en los labios, el quintento retiró sus instrumentos y se sacudió el polvo de las botas.

En apenas un cigarro, otra banda ocupó su lugar en el escenario. La propuesta de Okinawa -nación de nuestro apreciado Miyagui– apareció arrolladora, subiendo los decibelios en un lugar que apenas se había recuperado del anterior viaje. Una nueva dosis de rock and roll, encajado y potente, a cargo del segundo nombre del programa. El quinteto desarrolló con buen ritmo la presentación de su último trabajo homónimo y autoeditado, del que vivimos momentos de alta adrenalina nada más comenzar con cortes como «1984″«Get out of my mind» o «In the city». La presencia del teclado virtuoso de Koni imprimía a su sonido matices clásicos y llenaba de vida las letras en inglés de una banda que, pese a tener aún poco recorrido, parece encajar a la perfección y manejar con soltura el directo.

Con las cuerdas plantadas al borde del escenario, repletas de personalidad y lideradas por Ale Barón, conectaron instantáneamente con los presentes, especialmente cuando su rock se hacía más duro. La sólida voz de Jean mostró un variado registro en «Circles», mientras que con «Why is it so» se hizo redonda, al abrigo de los coros del resto del grupo. El flow de «Sing for me» alternó con cortes aún no editados como «Let’s dance», «Pushing the limits» o «Lolita».

Y así, sin darnos cuenta, de las arenas de Fired! y su desierto del Mojave nos vimos trasladados a una especie de China Town donde Okinawa instauró su reinado en alas de un show efectivo y con posibles cuyos contornos prometen futuros encuentros. El resumen de esta velada, tejida en primera persona con esfuerzo e ilusión por dos formaciones que no deberíamos perder de vista, sigue las enseñanzas del anciano oriental. Hablamos de la filosofía que trataba de inculcarle a Daniel San: «Encerar mano derecha, quitar cera mano izquierda». Hablando en plata: vas a tener que trabajar como un cabrito si quieres llegar a algo. Pero al final, incluso durante el camino, descubrirás que el esfuerzo siempre merece la pena.

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