7 diciembre, 2023
Vetusta Morla desata el éxtasis ante más de 9.000 sevillanos congregados en el Estadio Olímpico en la presentación de Cable a Tierra.

Fotografías Antonio Andrés

Una grieta se abrió en el mundo en forma de pandemia en 2020. Una grieta, entre un pasado que se daba por seguro y un futuro incierto, que Vetusta Morla aprovechó para vivir entre dos tierras. Con un pie en la raíz y otro en la tecnología. Reivindicando la belleza, la palabra, la canción. Reinventándose una nueva piel, la de Cable a Tierra, que ahora cobra vida en directo en plazas tan imponentes como el Estadio Olímpico de la Cartuja.

En torno a nueve mil personas disfrutaron de las más de dos horas de música que el grupo madrileño ofreció en Sevilla. Un despliegue de buen hacer que no se limitó únicamente al espectro musical, sino que también conllevó una cuidada presentación estética y audiovisual. El espectáculo Cable a Tierra en vivo es un derroche de poderío y mezcolanza. Folklore y modernidad bailan de la mano. Una explosión catártica para la comunión. Vetusta ha compuesto este último disco desde una perspectiva folklorista con una proyección hacia sonidos electrónicos. Una apuesta que redoblan en directo en esta gira, acompañándose de dos bandas (banda y media, para ser más exactos) que se integran a la perfección con el sexteto de Tres Cantos y se convierten, además, en la resina que une las piezas del guión del show.

Ellos ponen la raíz. Son los palentinos de El Naán y las gallegas Aliboria. Cada aportación suya al espectáculo de Vetusta Morla dota de una potencia y una solidez única al concierto. Una reunión que define el carácter y el esqueleto de Cable a tierra. Los instrumentos eléctricos y los sintetizadores se mezclan con las voces agudísimas de las gallegas y las percusiones primitivas de los palentinos ofreciendo momentos de gloria. De pasado, presente y futuro. Cada intervención suya se hace corta. Vetusta Morla ha logrado una propuesta artística única en el panorama actual, la revisión real de su propio repertorio desde la raíz, generando un neo folklore muy interesante.

En cascada fueron cayendo los grandes temas de los madrileños. Puñalada trapera, la Virgen de la Humanidad, No seré yo, El hombre del saco, Golpe maestro, Corazón de lava, Maldita Dulzura. Entre canciones, las introducciones de las bandas adheridas funcionaban de hilo conductor. Tras el Imperio del sol, sonó gigante Finisterre con las percusiones ancestrales sobre la mesa de trabajo,  rememorando la tradición de cantar mientras se amasaba manualmente la masa del pan. Uno de los momentos álgidos. Copenhague y ese pequeño vals hermoso que es 23 de junio ponían la nota de delicadeza de la noche. La ráfaga final fue explosiva, una traca con Palmeras en la Mancha, Consejo de sabios, Te lo digo a ti, Sálvese quien pueda, Valiente o Saharabbey Road que resolvió en éxtasis en unos bises (Si te quiebras, Cuarteles de invierno) que culminaron con una extensa y preciosista versión de Los días raros, llevada en volandas por el coro apoteósico del público sevillano.

Entre el pop y el rock alternativos (indie para otros), la banda de Pucho, Guille Galván, David García el Indio, Juanma Latorre, Jorge Gónzalez y Álvaro Baglietto es una banda sin grandes estrellas. Tampoco hay virtuosos en sus instrumentos. Ni falta que hace. Logran transmitir toda la verdad con los elementos de los que disponen.  Son seis músicos versátiles que concentran todo su talento y su trabajo servicio de la canción. Sin grandes pretensiones, más allá de emocionar, Vetusta Morla se ha convertido en la gran banda independiente en España, sirviendo la catarsis y reivindicando la belleza como legado allá donde van.

 

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