17 abril, 2024
Segunda cita en esta trilogía que nos hemos montado los chicos de 8pistas en torno a los tremendos conciertos de Blues y Rock que la Sala Custom nos regala casi cada mes. Carvin Jones y Jimmy Barnatán dejándonos la piel de gallina

Sala Custom, 26/03/2015

Fotografías por Esperanza Mar

Segunda cita en esta trilogía que nos hemos montado los chicos de 8pistas en torno a los tremendos conciertos de Blues y Rock que la Sala Custom nos regala casi cada mes. Hay que dar las gracias también a Riff no sólo por dejarnos cubrir el evento sino por currárselo tanto para traernos a los sevillanos música de muchos kilates que de otra manera sería muy difícil ver por estos lares.

En la noche del 26 de Marzo, amenazaba frío, quizás algo de lluvia en un oscuro y desértico cruce de caminos. Al menos eso es lo que íbamos buscando todas las almas perdidas que nos habíamos congregado frente a las puertas de la sala en aquel perdido polígono industrial.

Creo que habíamos acertado y con creces, porque los rayos, las gotas de lluvia en el cristal y los huesos calados hasta el tuétano harían acto de presencia durante las siguientes horas…con gran satisfacción de nuestra parte, dicho sea de paso.

En formato acústico se presenta Jimmy Barnatán ante los presentes pasados escasos minutos de las 9 de la noche.

Nos sorprendía gratamente ver superar con creces el centenar de personas en un estilo tan poco prodigado en Sevilla como es el Blues. y eso que con la Casa del Blues y con los cientos de fans al estilo que nos consta que hay ya deberíamos ir viendo más público en estas citas.

Al principio el señor Barnatán se mostraba algo frío, como suele suceder cuando el calor no sofoca la estancia de una sala. Cuando el aire se filtra por la nuca y algún que otro escalofrío te recorre la espalda. Pero es algo pasajero, más o menos lo que duran dos o tres temas en hacer mella en nuestras mentes. Lo que tardan los gruñidos de Jimmy en incitar libidinosamente a las féminas del lugar.

Hay tiempo para «Bad News» y “Put three candles on the road for me” de su anterior disco. Hay espacio incluso para la presentación en sociedad de algún tema nuevo con tintes soul.

Con Sergio González a la guitarra, tienen la difícil tarea de ir caldeando el ambiente como teloneros. Ayudan los temas como «John the Revelator«, con tintes a bar trasnochado de media calada y chusta en la boca.

Se han criticado en otros medios los excesivos acercamientos de Jimmy con el discurso gringo y los sonidos guturales que utiliza para acercarse a la gente. Personalmente estos ademanes me hacen gracia, los encuentro entretenidos y recurrentes a la hora de romper el hielo. Además forman ya parte de su repertorio y de su sello de identidad. Quien lo haya escuchado en más de una ocasión y de dos y de tres, como es el caso de un servidor, se dará cuenta que Jimmy nunca es el mismo. Depende mucho del día, del ambiente, de todo un poco, aunque siempre, siempre da lo mejor de sí, eso no se lo quita nadie.

Tiene tablas, desparpajo y un amor incondicional por lo que hace, y eso se nota y se transmite. Ir a sus conciertos, sobre todo cuando se une con toda su banda es un espectáculo que no os deberíais perder.

Para terminar una versión muy personal de «Stand by me«, con dos cojones.

Rozando las 11 de la noche y después de unas breves pero muy gustosas palabras con Jimmy, donde hablamos un poco de sus inicios, de su gira con James Harman y ahora con Carvin Jones, nos preparamos para ver a “uno de los artistas más grandes del blues internacional”, en palabras del propio Jimmy.

Carvin es idílico para cualquier apasionado al blues y más concretamente, para cualquier aficionado a las 6 cuerdas.

No pasan ni dos temas cuando ya nos demuestra su versatilidad a la hora de tocar la guitarra haciéndolo desde el hombro. Lo podéis ver en las fotos pero todo en él infunde Rock&Blues auténtico. Como hemos podido leer en alguna entrevista al señor Barnatán, “Carvin desprende blues por los poros desde primera hora de la mañana.

Con una mano, con solos infinitos, con espinas en la piel, el dominio es indiscutible, el sabor de boca es saturado, el sudor perlado se palpa en los sueños de los presentes.

Lo vive, lo respira, lo regala y lo difunde. Lo aumenta y lo mima, lo acaricia y te hace daño, lo suelta para que lo agarremos con fuerza. Difícil de explicar sencillo de sentir.

Partamos de que la voz no es fuerte y que no deja de ser testimonial en algunos casos. Lo que está claro es que sus frases provienen directamente de su guitarra. Esa sí que habla y, además, raja por los codos.

Si bien Carvin por sí mismo acapara toda la atención, la banda de la que se ha rodeado para su gira española no le queda a la zaga ni mucho menos. El bajista lleva el ritmo del funky metido en la sangre, y a la mínima se apodera por completo del tempo de la banda. Este chaval, porque se le ve bastante jovencito nos ha dejado petrificados en más de una ocasión esta noche. Punteos imposibles, acordes de fuerza, tensión y maestría, ritmos endiabladamente rápidos y limpios, vaya, otro crack. Para cuando conseguimos meter los ojos de nuevo en su órbita nos fijamos que Carvin ya se ha cambiado de modelito, o más bien de camisa (mirad las fotos).

De nuevo nos adentramos en el Blues sucio y arrastrado de Nueva Orleans. La energía que nos llega desde el escenario es tal que no podemos dejar de bailar, quien más y quien menos, con una sonrisa burlona de oreja a oreja y entre gritos de maestro, maestro, se marca un bailecito con la pareja, o en su defecto con el colega de turno.

Cuando un escalofrío te recorre la espina dorsal en la primera nota de ese ansiado solo de guitarra, por tu mente pasan muchas cosas, y en todas ellas está incluida la frase “madre del amor hermoso”.

Carvin no toca, él crea, él hace una plegaria a la música y ella encantada se lo da todo. Te mira sin abrir los ojos y sus dedos vuelan sin apenas rozar el mástil.

Reconocemos algunos temas de su último disco Victory is mine pero cambian tanto en directo, que se convierten sin apenas darnos cuenta en un alarde de ingeniosidad, ritmo y estilo sin concesiones.

En una noche tan especial no podía faltar “Sweet home Chicago”, versionada en acústico, sin más ayuda que nuestras propias gargantas. Mientras se cambia de camisa de nuevo me ha dado por pensar. Quizás toda esa energía que derrocha sobre el escenario la saca de la energía cinética que desprenden las cuerdas de su guitarra. Y lo mejor es que es una energía positiva que brilla con luz propia.

Tras “Blues is my life” llega el momento de versionar a The Doors con “Roadhouse Blues” ya con Jimmy sobre el escenario. Lo que se ve, complicidad, respeto y admiración, lo que se siente, ganas de disfrutar juntos y de hacer que lo gocemos nosotros.

No podía faltar su single juntos “Party Hardy”, donde llega un momento que creemos que la guitarra tiene puesto el piloto automático ya que los sonidos siguen saliendo de ella sin tan siquiera tocarla.

Corto pero intenso break del que volvemos a golpe de Hip Hop de los 80´s, aquellos que se basaban por completo en los beats de temas conocidos y que acudían a estribillos recurrentes que servían de nexo de unión entre los parafraseos y los solos de guitarra.

Genial, agradecido, cercano, único y encima para despedir 2 guitarras a dos manos, flexiones para soltar adrenalina y un “Thank you so much” que sabe a promesa cumplida, a deseo concedido.

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