18 abril, 2024
Su estampa es el retrato de una generación extraviada, sin mapa y sin tesoro.

Lo nuevo de León Benavente es un golpe en la boca del estómago. Algo así como meter la cara en agua fría recién levantado una mañana de resaca. 2 lleva por elocuente título la colección de nueve canciones que pasan como el aire del tren que avanza devorando raíles, imparable. No necesita más explicaciones un trabajo que, en algo más de treinta minutos, confirma rotundamente el debut arrollador de su primer disco. Sonidos a martillo y atmósferas inquietantes definen esta segunda incursión. La mezcla de sordidez y crítica despiadada con episodios de ácida fiesta convierte su propuesta en altavoz y espejo de la sociedad en la que han conseguido salir adelante con éxito. Su estampa es el retrato de una generación extraviada, sin mapa y sin tesoro.

La conjura de Abraham Boba imprime un sello magnético y arrollador. León Benavente sitúa al oyente en escenarios tan sórdidos como actuales, en los que persiste un clima premonitorio de guerra y hundimiento inminente. Sus obsesiones han permanecido intactas: madurez, éxodo, felicidad, sexo, revolución, dolor, presente y futuro siguen ahí. A ellas se ha incorporado cierta posición de estabilidad  (si es que esa palabra existe en el mundo de la música), lo que les ha llevado a desarrollar con holgura un estilo crudo de letras declamadas y provocación envuelta en rock de brillo electrónico. La banda revelación es ahora una banda relevante. El teclado de Boba, tan presente como necesario, aporta los tintes bailables y surrealistas a un contenido más que realista: tarjetas black, coches estrellados en la sede del PP, Opus Dei y cargos públicos. Bienvenidos al circo.

Y eso que el trabajo arranca con «California», que es casi una declaración de amor (a su manera). «Vamos a ser malos/muy malos». Una suerte de to be continued para «Ser Brigada» el último corte del anterior disco. El epílogo de la historia de aquellos que se conocieron en el Parque del Retiro en 1992 y ahora habitan en una alucinada urbe.

«Tipo D» fue ya un valiente adelanto. La alarma encarnada en sampler en torno a la que se va construyendo una melodía destemplada, declamada, que amenaza con ironía: «Quiero que esto sea un hit». Lamentamos comunicarles que ya va camino de serlo. Y a ti, si aún no la has escuchado, que es terriblemente pegadiza.

Un Rey Ricardo más moderado y mileurista podría perfectamente haber vivido en el pequeño palacio construido en «La Ribera» si le hubiera pillado la crisis. Un elegante ejercicio llenapistas en el que mostrar la visión benaventiana que se advierte desde nuestros pisos alquilados. «Aún no ha salido el sol» sigue la misma estela aunque se revela realmente vibrante al llegar el estribillo. Un canto de cisne sobre el final de la juventud y la llegada de esa madurez nunca buscada ni deseada. «Aún podemos ir a esa nave/donde dicen que hacen raves». Ojalá fuera cierto (lo de las raves, quiero decir).

Los leones echan el freno con «Nuevas tierras«, el corte más pausado del LP. Un desarrollo luminoso y creciente con el que emplazan a huir hacia delante pese a que al final del camino, el porvenir será igual de negro: «nuevas tierras, nuevos problemas». Que no os engañe la voz con toques lo fi, ni las capas electrónicas siderales que juguetean alrededor de esa base impertérrita. Se hace la inocente pero no lo es. No hay futuro perfecto.

«La vida errando» camina en una senda similar, aunque su tono es menos elevado y su espíritu más sombrío. Volvemos al leitmotiv de la evasión, en este caso con la única intención de desaparecer, aunque tampoco haya destino a la vista. «Celebración-Siempre hacia delante» da pistas del rumbo a tomar. El tema más corto del álbum transmite una intensidad apresurada que no deja espacio al resuello. Teclado en primer plano en los episodios instrumentales y una banda atronando a todo volumen para continuar corriendo en la rueda del hamster.

Los 4 minutos cortos de «Gloria» saben justo a eso. Un rabioso himno sobre la falacia de liarse la manta a la cabeza, con un ritmo demoledor. Toca apretar los dientes. Tensión continua la de esa guitarra eléctrica poderosa y brillante como una espada de Toledo. No es aceptación ni alegría, es sobre todo furia, un andar enloquecido, una «extraña euforia». De camino, un buen zasca, sin eufemismos de por medio, a la idiosincrasia española. Sin duda, uno de los mejores cortes de este nuevo trabajo.

Nos dejamos la última, siendo poco originales, para el final. Y eso que es otra de las perlas de 2. «Habitación 615» es simplemente la narración del viaje a México de una banda española. León Benavente, para más señas. La instrumentación alcanza cotas realmente elevadas aportando énfasis cuando es necesario a la crónica de Abraham que, en una suerte de rapsodia, relata los claros y oscuros de una gira al otro lado del charco. Original ejercicio made in Benavente. Una metacanción sin estribillo con una línea de bajo elegante que subraya del periplo en sus momentos más pausados. El cierre perfecto para la montaña rusa de los leones.

Ya sólo queda testar el comportamiento en vivo de un trabajo certero en el que no sobra nada. Si nos atenemos a anteriores experiencias y al furioso ritmo del disco, el directo será un buen pico de adrenalina. Un golpe de realidad programado para el próximo viernes 27 de mayo en el Teatro Central de Sevilla.

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