La música y la poesía de Axabeba en el Espacio Santa Clara

Jueves 3 de Marzo, 20:30h – Real Monasterio de Santa Clara

Este grupo de música medieval nos obsequió en la tarde del Jueves con un recital compuesto por obras y poemas del clérigo francés del siglo XIV Guillaume de Machaut.

El Real Monasterio de Santa Clara es una de las localizaciones donde tienen lugar los conciertos del FeMÀS. Fue construido en el terreno del antiguo palacio almohade del Infante Don Fadrique, cuya “torre encantada” aun se conserva.

En los llamados dormitorios altos, se ubica una sala rectangular con techos de vigas de madera, que acústicamente se antoja ideal para un concierto íntimo y cercano como este, donde el grupo Axabeba nos iba a ofrecer un programa centrado en la música del clérigo, compositor y poeta del siglo XIV Guillaume de Machaut.

La obra de este trovador francés es amplia y diversa. Se atrevió a innovar musicalmente en su época, y se convirtió en el máximo exponente del movimiento Ars Nova. Se trata de un autor meticuloso en la creación de estructuras y esquemas, abundando en su obra las canciones profanas, el canto a la dama y el desamor.

A modo de introducción, José Luis Pastor recita en castellano uno de los poemas de Guillaume de Machaut antes de interpretar el primero de sus motetes. Una práctica que se repetirá antes de abordar cada una de las siguientes piezas, y que es una invitación a sumergirnos en el aire romántico que envuelve el espíritu de la época.

José Luis es uno de los mayores especialistas españoles en instrumentos de cuerda pulsada de la Edad Media, algo que demostró sobradamente haciendo gala de gran maestría a la hora de enfrentarse a algunos de los desafiantes pasajes escritos por Machaut, tañendo la cítola, la guiterne o el laúd.

El canto, a cargo de Mª Dolores García, daba vida a estos poemas musicales con gran sensibilidad, brillando en los registros agudos. Además, esta cantante cordobesa ganadora de los Premios Nacional de Interpretación del Ministerio de Cultura y de la Ciudad de Córdoba, se ocupaba también a su vez de la percusión, añadiendo ritmo y color a las piezas de tempo mas rápido.

Destacable sin duda la labor de Ignacio Gil a los vientos. Músico curtido en escenarios de toda Europa, Japón o Indonesia, completaba el collage sonoro con los tonos dulces de las flautas, la axabeba, que da nombre a la formación, o el tono evocador del oboe de cápsula. También hizo su aparición la cornamusa, (gaita medieval), un instrumento que destacaba sobre todos los demás con su sonido agudo.

La sincronización esencial entre los tres integrantes fue en todo momento perfecta, llegando a altos niveles de expresividad en las baladas mas pausadas, y consiguiendo el empaste necesario que requerían los acompañamientos y melodías rítmicas mas audaces e intrincadas.

Se llegaron a alcanzar altas cotas de dulzura musical en las ocasiones donde la voz de Mª Dolores era mecida solo por el sonido sosegado de las cuerdas del laúd. Sencillo y sugestivo a partes iguales.

La mayoría de los instrumentos que se usan para interpretar esta música de la Edad Media nos pueden parecer extraños o exóticos, como es el caso de la zanfoña, un instrumento de cuerdas frotadas en el que hay que girar una manivela situada en la base para hacerlo sonar. Estos instrumentos son difíciles de encontrar, y en ocasiones los luthiers deben fabricarlos casi desde 0, tomando como guía grabados, cuadros o descripciones de libros antiguos. Así, gracias a la imaginación, la destreza, y la labor artística de formaciones como Axabeba, se puede rescatar y volver a dar vida a los sonidos que en aquel tiempo escuchaban nuestros antepasados.

Si cometisteis el grave error de perderos el concierto, aun podéis disfrutar de la magia de este grupo en sus grabaciones discográficas, y también estáis a tiempo de disfrutar de muchos mas conciertos hasta el 19 de marzo en el Festival de Música Antigua de Sevilla, que continua acercándonos la música de otro tiempo, y que en este caso, a pesar de haber sido escrita hace 700 años, sigue girando alrededor de temas tan inmortales como el amor, el desamor o su triste agonía.

Y es que, como decía nuestro Guillaume de Machaut :

« … una dama por la que morir de amor es el menor de los males. »

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