29 mayo, 2024
Rota Cuerda nos hizo cantar todo el repertorio. Nos fuimos de 'Los Banquitos de la Alameda' a La Caja Negra . Ya podrían ser todos los jueves iguales.


¿Quién dijo que lo de ‘Los Banquitos’ no pudiera llevarse a los escenarios? El pasado 11 de febrero volvimos a la fiesta. Sevilla es un no parar y quien diga lo contrario, está hablando de otra ciudad y no de ésta. Así que esta vez la jarana fue gracias a Rota Cuerda y a su The Underground Show, integrado por Nico Gogón, de Argot, Jaime de Sobrino, de Vera Fauna, y Marcos González, los encargados dar vida a unas versiones muy selectas y repletas de sorpresas durante dos horas de bajo, guitarra, caja -a manos de Marcos González-, miradas y voces, muchas voces. Y lo hicieron entre todos los que nos desplazamos hasta La Caja Negra para vivir de cerca lo que traían cocinado. Eso no se lo quería perder ni Dios, que también estaba por allí, nuestro Conde-Duque Javi González, el organizador del evento y el  más omnipresente de todos los omnipresentes, el que se lleva la palma en eso de Saber Vivir. Fue gracias a él cuando, días antes, nos enterábamos de la movida que tendría lugar en una de las salas más solicitadas de la Hispalense.  La que se formó allí fue menúa. El baile nos contagió a marcha forzada y nuestros quehaceres del mañana murieron a golpe de buenas conciencias. Brutal el asunto. La pareja, conocida en la escena Alamedera por ambientar las noches a base de mucha guitarra, surcó mares de todo tipo, algunos allí presentes, y lo hizo a toda vela, el viento en la cara, sin dudar, con el pulso ajustado y las ganas de cantar saliéndoseles de las camisas -la de Nico muy guapa, la verdad-.

Pero el escenario de C/ Fresa ya nos adelantaba algo en la prueba de sonido. Llegábamos puntuales, la vida nos concedía una pequeña tregua: un par de refrescos de cola y abrirían las puertas. Bebimos rápido y adentro.  La Caja Negra, conocida por su poderoso encanto, con el gran Pedro a sus puertas y el silencio más pulcro como regla en los intermedios, abría la noche poco antes de comenzar el espectáculo, pero con tiempo suficiente para saludar a Jorge, un camarero como la copa de un pino. Faltan muchos como él a los otros lados de las barras. Y así, bajada la rampa, quitadas las prendas de más y atentos a lo que pudiera pasar, Rota Cuerda subía el escalón, tomando asiento en un par de taburetes que podrían haber nacido en cualquier parte menos en Ikea. Aclaradas las voces, los minutos comenzarían a correr de otra manera. Comenzaba una cita -esta vez- a puerta cerrada.

Como decíamos, fue una noche de versiones, de mezclar temas de unos y de otros, de buenos momentos, colaboraciones y de mejores abrazos. Divina valentía la de estos señores. Qué bien nos supo a todos los de abajo.  Así se hace, poniendo toda la carne en el asador. Se atrevieron con Kiko Veneno y su «Calor me mata» como pistoletazo de salida. Si el grande estuvo entre el repertorio, seguro sería por algo, que no fue menos que la admiración de todos los que -como ellos-, en algún momento, quieren reconocer tanta brillantez en su trabajo. La emoción mueve montañas. Como la que le pusieron a la que se marcaron de El Imperio del Perro, quienes se dejaban ver entre un público con alto porcentaje de músicos. La cabra siempre tira al monte.  Cerraron con «Bluesete de casette», eso sí, después de atender a los vítores que pedían otra y otra y otra y, por favor, otra. Lo que ocurrió en medio mejor lo averiguas tú, al menos por esta vez, tenemos la seguridad de que pronto, muy pronto, esta maravillosa ocurrencia volverá a suceder. Y si no, atento a lo que publicaba Jaime a la mañana siguiente: «Qué resaquita más merecida la de hoy..Un millón de gracias a todos los amigos que vinisteis ayer a La Caja Negra, nos hicisteis sentir súper arropados! la próxima cita en breve».

Ahora vas y te lo pierdes.

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