18 abril, 2024
Grabado en los estudios Adiomatic at Drax y Tought Sound, 'Ribadeo' (2016, Autoeditado) está compuesto por cinco cortes que van desde el pop a la psicodelia inmersos en una atmósfera de rock, guitarras y sintetizadores.

Bittersweet presenta nuevo trabajo cuando el año no ha hecho más que empezar. El pasado noviembre ya lo avisaban y ahora están demostrando que lo suyo es llegar por sorpresa a un público expectante. Han vuelto a entrar por la puerta grande, por la misma que se fueron cuando despidieron su primer trabajo. Extranjeros marcó una etapa dejando más de treinta escenarios en el camino, incluyendo en 2015 el del Granada Sound: una experiencia que les supuso aprendizaje; un aprendizaje que les supuso experiencia. Con lo nuevo, Ribadeo, 17 minutos y pico de creación, el grupo demuestra inteligencia y perspicacia, ambas tan hermanas como hermanadas están cuando la fama ni llega ni llegará. Ni llegó con Extranjeros ni llegará con el nuevo hijo. Y no lo hará porque el éxito ha acabado con ella. Ha calmado la corriente y ha permitido que el curso fluvial siga hacia adelante. Lento, tranquilo, apacible. Como esa ría que da forma al valle fluvial en torno a la desembocadura del río.

Veréis. El reconocimiento temprano de la mayoría se llama fama -siempre caduca y embustera- y el éxito es otra cosa que nada tiene que ver. Él es el resultado en uno mismo -tan inmortal y tan perenne como el fuego a la vida-, el producto interior de tu creación. Y estos chicos, desde que subieron -hace dos años- a su primer escenario, han sabido sembrar más éxito que fama. Más saber que aparentar. Más ser que estar. No estamos hablando exactamente de madurez. Hoy no queremos decir que este grupo -con su segundo trabajo- muestra más madurez que con el primero porque sería incierto. Con ello sólo conseguiríamos escribir palabras vacías. La madurez habla de alcanzar un desarrollo completo y a los Bittersweet, si algo les define, es que no les gusta alcanzar topes ni techos que les coarten. En busca del crecimiento han ido desde sus orígenes. Y quien va en busca del crecimiento no termina nunca de crecer. Se hace inmortal.

Una primera toma de contacto con Ribadeo despide a Extranjeros y perfila una inteligencia perspicaz e ilimitada. Además de por todo lo que ya hemos apuntado en párrafos anteriores, han sido inteligentes porque el momento elegido para sacar nuevo material ha sido de lo más inteligente, valga todo tipo de redundancia. Porque sin avisar demasiado todo sienta mejor. Qué duda cabe. Y perspicaz porque con Ribadeo aprendemos a identificar y nos familiarizamos con todo lo que al resto pasa inadvertido. Con él nos sentimos escondidos, raros y, de ahí, ilimitados. Un poco más inmortales.

«Clávatelo en el pecho» bien  podría hablarnos de decepciones que conducen a huidas irrefrenables. De crímenes emocionales y explicaciones convencionales. Arrepentimientos forzados en manos de inocencias muertas. Escapadas con marcados signos de  olvido. Un olvido que nos narra el mañana pero también nos acerca al presente. El presente del que queremos huir y del que huimos. Un  brindarnos oportunidades agotadas y conciencias ansiando el exilio. Cambios de direcciones. El peaje sentimental implícito en el mismo coste de oportunidad de siempre. El que pagas sin cobrar. Esta carta de presentación bien podría trazar pechos susceptibles al abismo emocional.  Bien podría explicarnos el valor de la Valentía y el precio de la  Ilusión.  El Arrojo. La mucha presión que sentimos a solas. Los Arrepentimientos alimentados por la mano que aprieta. Las mechas que se prenden y los fuegos que se van. La canción conduce a una velocidad imparable. Y nos adentra en «La Torre» sin dejarnos tiempo siquiera para pensar. Cada vez más cerca de la inmortalidad.

De letras muy simbólicas, vemos a «La Torre» en la distancia levantarse y a sus pies aguardar a unos hombres que le piden protección, todavía erguida y entera, recibiendo el fuego. El ser humano es de esos. Pide protección porque siente miedo ante la soledad inminente. Ataca antes de defenderse. Huye antes de ayudar. Y así, vemos hombres que se arrepienten agachados, tristes, ya abatidos de dolor cuando el sendero se hace precipicio. Una ciudad ardiendo en llamas. Todos mirando hacia el mar como vía de salvación. Porque este Ribadeo, en un sentido o en otro, siempre es agua. Y llega el momento en que la torre cae impidiendo la salvación. El caos que todo lo calma. La ayuda que no llega. El miedo que se queda hasta el final. Pero el mar nunca muere. Porque si nos decantamos por alguna, esa es «El Puerto».  La que comienza con sonidos que bien podríamos haber sentido bajo agua, entre ondas que nos mantienen flotando como productos de la marea, viajantes hacia la recompensa. Y cuando llegan las gaviotas a rodear el puerto, el puente que lleva a Ribadeo nos provoca el salto a la inmortalidad. Después de lo oscuro -y, sin embargo, necesario- de la anterior, ésta es Luz, Aire, Agua y Tierra, elementos que nos liberan del miedo y nos enseñan el Norte de las cosas por y para agarrar la vida eterna.

«III GM» y la que le sigue cierran la cuenta atrás. Completan el bloque. El último aliento llega con ellas. La primera -muy cercana a los tiempos que vivimos- arranca con la incomprensión de una amenaza de bomba que desorienta  la vida del ser humano: ya inmunizada, ya cerca de la desaparición mientras las altas esferas se percatan de los comportamientos mundanos frente a la posibilidad de una Tercera Guerra Mundial y a la probable pérdida de vidas inocentes. Como no somos propensos a destrozar finales, «Cubo azul» te la dejamos entera para ti, para que la disfrutes cuando llegue el momento y el instante preciso. Auguran buenos tiempos para Bittersweet. Que sigan creciendo sin límites y nos enseñen todos y cada uno de sus pasos. Porque la Música siempre estuvo sujeta a personalidades. Y ellos la suya la tienen muy marcada.

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