Zenet se pone cubano con la Guapería

Fotografías Antonio Andrés

Cuando Marta Valdés, Frank Domínguez, Gradelio Pérez… escribieron esos maravillosos boleros que hoy Zenet versiona y hace suyos, el mundo de la música era distinto. También era diferente cuando el crooner malagueño comenzó su carrera musical, pero ya entonces, los tiempos comenzaban a cambiar. Las nuevas tecnologías, el primer boom triunfito y los vaivenes de la industria discográfica fueron cruciales para el gran vuelco de la música a principios del nuevo milenio en lo que a formatos se refiere. Hasta entonces, para grabar un disco tenían que alinearse los astros y que un tipo de una gran multinacional fuera a parar a tal garito, quedara maravillado tras escuchar tu concierto y decidiera firmarte un contrato. Alguien de la industria tenía que señalarte con el dedo y decir “tú sí que vales”. En ese momento de cambios, la otra opción de entrar con fuerza en el mundillo era la de la cultura del pelotazo: estos realities de televisión, casi paródicamente disfrazados de programas musicales, de nuevo otra vez en auge.

Hoy en día grabar un disco sigue siendo muy difícil. Grabar en buena calidad, con buenos músicos, tocando en directo…es muy costoso. Pero las tecnologías y medios técnicos evolucionaron hasta tal punto que cualquiera puede, casi en su casa, grabar y hacer sonar bien un disco con no demasiados medios ni conocimientos. Y puede lanzar esa música al mundo fácilmente gracias a internet, las plataformas de streaming y las redes sociales. Las radios, salvo raras excepciones, están prácticamente monopolizadas por tres o cuatro buenos ejemplos de música basura (música rápida, de usar y tirar, de esa que engorda y no alimenta).  Ya nadie suena en las radios. Pero tampoco importa demasiado. El amplio espectro de la palestra musical se democratizó. Con esfuerzo, todos pueden grabar un disco, sonar bien, lanzarse al mundo. Pero ello trae consigo también desventajas (tanta información que desborda) y, sobre todo, un nuevo filtro, mucho más justo que un tipo con criterio mercantil diciéndote sí vales o no: los directos.

Un directo es arriesgado, no engaña. En el concierto no hay red, cada nota suena. Todo es de verdad y, si no lo es, el público lo nota. La prueba del algodón. En el directo radica la verdadera esencia de la belleza de la música. Es pintar un cuadro y quemarlo después. Ahí, además, lo raro es que suene mejor que el disco. Y hoy en día, una carrera musical larga y de calidad exige de un público fiel respondiendo a buenas propuestas que estén a la altura de las expectativas y del precio de una entrada. Y eso es algo que no se puede impostar ni comprar.

Toda esta reflexión encaja con sentido con el éxito de Zenet. Todo cuadra. Por eso la respuesta del Cartuja Center en su concierto en Sevilla fue la que fue. La Guapería llegó y se quedó. Por eso, el resultado en los conciertos de Zenet suele ser el que es. Porque Zenet es verdad. Es emoción, es honestidad, es espectáculo, es magia sobre las tablas. Es un puñado de buenas canciones, bien vestidas (o bien desnudadas, según toque) y en las mejores manos posibles, las de la crema de instrumentistas de la escena jazzística de este país. Zenet sabe que la vida está ocurriendo en directo y la música, por ende, también. Por eso lo apuesta todo ahí.

La Guapería que venía a presentar al Cartuja Center es el diamante más reciente de Zenet, un proyecto elegante de recopilación y versión de boleros antiguos de las plumas más clásicas y genuinas del género. En esta Guapería, salvo por alguna concesión inevitable, Zenet no ha ido a la elección fácil. A los boleros más versionados. Ha ido un poco más allá, decantándose por algunas perlas algo más escondidas y desconocidas, para que no se vuelvan translúcidas, mucho menos invisibles. Para que lo eterno no se pierda. Letras que darían para una novela  cada una de ellas y que suenan tan vigentes como el primer día. Melodías con alma de gramófono y fotografía en blanco y negro. Sonaron Estás Equivocada, bolero de Osvaldo Farrés que abría la velada; Ansias Locas de Eusebio Delfín Figueroa, que enganchaban con algunos compases de El Manisero, Devuélveme mis besos de Vila y Sabré Marroquí;, Borrasca, que fue publicada como adelanto del disco; Imágenes de Frank Domínguez, No te empeñes más de Marta Valdés, Es tan difícil, Tú no, yo sí; el demoledor La palabra fin y la sublime Demasiado, firmada a seis manos por el propio Zenet, José Taboada y Gradelio Pérez.

Zenet ha sabido beberse cada historia y hacer de cada bolero su propia piel. Y para rematar saca a relucir lo más brillante de su obra, el repertorio con el que el público se rinde definitivamente a sus pies y el coro es una constante. Si sucede conviene, homónima a su anterior trabajo discográfico pone el ritmo más canalla a la noche acercándose a la cumbia; Quién Sabe suena con más swing que nunca; la provocadora Échame el humo a la cara; los aromas de tango de Qué Será; la chulería de ese chotis jazzy, Por Debajo de Madrid y A poquito que te roce…y cómo no, las celebradas joyas de la corona. Entre tu balcón y mi ventana, Un beso de esos y Estela, del ya lejano pero aún deslumbrante Los mares de China.  Y la guinda del pastel con los bises: Sé que estás pensando en mí y una preciosa versión de Soñar contigo, íntima y sutil, cantada y tocada sin micrófonos ni ningún tipo de amplificación, al borde del escenario, con algún músico entre el público y todas las luces del teatro encendidas.

Todo ello rodeado de los mejores especialistas del género, en esta ocasión con un importante protagonismo cubano. Con la guitarra acompañaba José Taboada, escudero y cómplice insustituible del malagueño desde el principio de su proyecto musical. Al contrabajo Antonio Miguel, el siempre brillante Manuel Machado (trompeta) y Ove Larsson (trombón) en los vientos, Moisés Porro en la percusión, Raúl Márquez prendiendo las melodías de swing y aires balcánicos desde el violín y Jorge Vera al piano. A toda esta fiesta se sumó un amigo más al inicio del concierto para presentar el espectáculo: el increíble repentista cubano, afincado en Sevilla, Alexis Díaz Pimienta, que dejó a todos boquiabiertos con la originalidad y el desbordante ritmo de sus décimas improvisadas.

Así fue que la Guapería llegó a Sevilla para quedarse y ganarse a todo el público sevillano. Una oda al buen gusto que dejó en la boca un delicioso sabor cubano.

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