Tatín Muriel “Contando café y lunares entre susurros”

Tatín Muriel es un joven cantautor sevillano que, desde que la vida puso en sus manos una guitarra, convirtió la música en su forma preferida de contar las cosas. Mis lunares favoritos, su primer álbum, vio la luz el pasado 30 de noviembre, lleno de giros inesperados y vibraciones mágicas.

El disco, tranquilo, de un sábado por la tarde al solito de una terraza, es difícil de colocar en un género musical específico: con influencias del jazz, del soul, del funk, del folk americano, del flamenco… diría incluso que tiene algo de pop rock también. Dejo a otro la tarea de clasificarlo, que yo, café humeante en mano, voy a centrarme en dejarme llevar, mientras Tatín me cuenta la historia de esos lunares que le han vuelto loco. “Si te quedas te lo cuento, pero, baby, quédate”, me tienta la primera pista, y yo cojo sitio en primera fila frente al altavoz de mi ordenador.

Se llama Café, y es la canción ideal para empezar el día, hablando de secretos, de desayunos calientes y de susurros en la mañana. Quizás esa es la palabra clave para resumir el álbum: susurros, pues la voz de Tatín se mueve continuamente entre frases musitadas y oraciones roncas, porque es difícil encerrar entre silencios lo que sentimos con intensidad, pero los susurros tienen la fuerza que un grito nunca esconde. Cuando no me ven comienza lenta, con el hacha de guerra levantada, y, poco a poco, sube la intensidad entre acordes de guitarra y ritmos de batería. Inevitable no sentir un salto en el pecho en la última parte, hablando de sirenas y lágrimas negras. “Siempre será muy pronto para hacerse viejos”, nos canta Tatín, y nos introduce el tema del tiempo, importante también en la siguiente canción.

Hay música capaz de transmitir sensaciones y de dibujarnos paisajes, y este disco es uno de esos. Poco a poco es un poema de amor que nos enseña un mundo dibujado en fina piel, en cascadas de palabras que se deshacen en suaves telas. Una canción muy instrumental, con un ritmo dulce que parece querer correr más deprisa que el tiempo, para dejarlo atrás, para escapar de sus manecillas asesinas. Le sigue A veces, que empieza animada, recorriéndome desde el principio como un cosquilleo en la punta de los pies, jugando con juegos de palabras, con notas agudas como toque especial. El teclado canta “nunca pensé convertirte en letra”, y yo admito que es la tercera vez que la repito.

Con Sé lo que es volar, Tatín nos conduce por un ritmo lleno de curvas, y dejo de saber si es el cantautor el que vuela “al borde de la silueta” o soy yo la que me deslizo por ella, presa de su melodía. En Celia se aprecia totalmente la influencia del jazz, con trompetas y saxofones, y un tono muy sugerente, que veremos después también en Flamenca, con la voz rasgada y la sorpresa de que, a pesar de su nombre, es la más cercana al pop rock, con la importancia de la guitarra eléctrica.

Estrella es un nostálgico homenaje a Manuel Molina, y la letra de la intro y del estribillo son de su canción Por primera vez. Tras la versión de Volando voy de Kiko Veneno, Tatín nos dibuja una jungla, nos entrega una canción llena de colores con Idiomas, siempre en el cielo, siempre volando, y yo no me encuentro ya frente a un ordenador, sino corriendo entre plantas y nubes. El álbum termina con Lady Heen, el final perfecto, por sus cambios inesperados de ritmo.

El álbum está producido, grabado, mezclado y masterizado por José Félix Navarro Carvajal, también su primera vez, y cuenta con la participación de muchos artistas como instrumentos y coros. En febrero comenzarán la gira del disco, con conciertos seguros en ciudades como Valladolid, Sevilla, Burgos o Málaga.

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