Nikki Hill en Auditorio BOX “Pies doloridos, almas rebosantes”

Fotografías por Esperanza Mar

Situado en pleno polígono empresarial de La Cartuja, éste nuevo auditorio era todo un enigma para un servidor. Si bien sólo lleva abierto unos meses los que han ido cuentan maravillas. La visita de Nikki Hill es la excusa perfecta para que unos oídos negros como los míos puedan matar dos pájaros de un tiro.

La ubicación del auditorio ayuda a no tener problemas con los vecinos, para el transporte público quizás algo apartado, pero para vehículo propio perfecto ya que no hay problemas de aparcamiento.

Una gran pantalla nos anuncia el espacio desde una gran distancia. Nos acreditamos fácilmente al entrar y tras unas cuantas escaleras (hay ascensor también, por supuesto) un espacio diáfano nos recibe con sofás, mesas y sillas para que la espera hasta el inicio del concierto sea lo más cómoda y relajada posible mientras nos tomamos un refrigerio. Por cierto, la cerveza y los refresco 1,5€, copa de tinto 2,5€ y los combinados de 5-7€. Precios bastante decentes.

Media hora antes del concierto se abren las puertas de acceso al auditorio. Con capacidad para unas 450-500 personas el pequeño anfiteatro tiene un porte exquisito. Con unos techos altísimos y un color negro predominante, al entrar impone y a la vez te deja paralizado admirando el espacio.

Es fácil situarse y encontrar tu asiento, aunque se nos antoja difícil pensar en aguantar sentados todo un concierto de esta chica de Carolina, pero asentada en St Louis (Missouri).

Una proyección tras el escenario de unos 50-60 m2 nos hipnotiza con imágenes aleatorias de bandas monocromáticas y números mientras va llegando la gente.

El concierto empieza fuerte, animando a la gente desde el principio con “(Let Me Tell You ‘ Bout) LUV”. Con estética rockabilly de los 50´s, las cabezas de los presentes empiezan a moverse sin remedio, ya tensas e incómodas en sus encorsetados asientos.

Las palmas al unísono no tardan en llegar. Paulatinamente y con apenas 3 temas de desarrollo los asientos comienzan a quedarse vacíos. Las escaleras laterales ganan vida y baile por igual. El fondo, yermo en los inicios, se convierte en el punto de reunión para los grupos de amigos. Era difícil pensar en quedarse sentado, y mucho menos con temazos como “Travellin band”. Ahora ya es imposible siquiera intentarlo, aunque todavía hay quien consigue resistir la tentación de dejarse llevar por sus piernas y su corazón que grita rock&roll a los cuatro vientos, y eso que está sonando “Struttin

La primera balada de la noche, tras un apoteósico duelo a dos guitarras, viene en forma de cover. “You Can’t Put Your Arms Around a Memory” de Johnny Thunders. Preciosa interpretación donde hay cabida para los cambios de registro, los tonos bajos y los punteos lentos e hirientes.

Con “Oh my“ las caderas te llaman con un movimiento sensual. La voz rota y caliente derrite las pocas barreras que te quedan en la mente. El fuego de la diversión más sana y natural nos quema por dentro. Sobre un riff, repetitivo en cadencia y notas, Nikki es capaz de crear un temazo lascivo y desenfrenado como el que más.

Bendito descontrol, que arranca gritos y aplausos por igual al terminar.

Los temas se suceden entre bailes, vestidos de falda generosamente abombada y colores pastel. Suenan “I know” y “I Got A Man / Strapped To The Beat

Ahora recordamos vagamente que refrescaba un poco cuando entramos, pero a estas alturas ya nos sobra todo.

And I wonder” parece sacado de una película de espías, al más puro estilo “Diamantes para la eternidad”. Para la ocasión la señorita Hill dulcifica su registro todo lo posible, apenas llegamos a escuchar en todo el tema un carraspeo de garganta rota, tan característico en ella, lo que demuestra el esfuerzo que será aguantar esas notas un concierto completo.

El solo de guitarra in the middle de rigor eriza la piel y pone el contrapunto perfecto a la sutil historia que nos narra la vocalista.

La vuelta de los ritmos más frenéticos nos pilla preparados,  y la gente, ya repartida entre las primeras filas y el fondo del auditorio, se marca en pareja o en grupo otro buen bailoteo al ritmo de “Sweet Little Rock And Roller” de Chuck Berry. El movimiento de caderas se convierte en algo involuntario, adictivo, instintivo. Tenemos claro que esta noche va a costar trabajo conciliar el sueño. Por primera vez en toda la noche el auditorio al completo, unas 450 personas están bailando de pie al unísono. Digno de presenciar en primera persona.

Heavy Hearts Hard Fists” y  “I’m Gonna Love You” nos vuelven a poner bajo el manto de su último trabajo. Este último tema que coquetea con el blues más claro y ligero pero de riff intenso y métricamente clásico. Tiempo para que hablen las guitarras entre aplausos acompasados que marcan el compás, momento para perder la compostura, la ropa e incluso el carmín. Cierren los ojos con fuerza, quizás descubran que están vivos.

En la recta final se intercalan versiones “I’m Right On The Brink“ de Don Odells Legends o “If You Want Blood / I’m A Rocker (AC/DC)” con temas propias “Scratch Back“.

Notamos como tiembla el suelo a nuestros pies. Las almas perdidas no encuentran el camino de regreso, pero la excitación es tan intensa que poco nos importa. Apenas si consigo escuchar mis pensamientos. La voz de esta mujer inunda por completo mi mente.

Final a lo grande, como no podía ser de otra manera. Y para calmar nuestra desazón una niebla que difumina la visión, pero no nuestra determinación de pasárnoslo bien hasta la caída del telón.

It´s Saturday night, so do you want more Nikki Hill?” Se escucha desde el escenario.

“¡Coño! ¿Y necesitas preguntarlo?” Es nuestra unánime respuesta.

Momento ahora para el clásico “Twistin´ the Night Away” que termina por incendiar todo a su paso. Besos al graderío, guitarras en la espalda, risas, muchas risas, sudor en la frente y el corazón palpitando fuerte en nuestros labios.

Se preveía una gran noche, pero en la mayoría de los casos la realidad supera por mucho a la ficción.

Nikki Hill en Auditorio BOX Sevilla

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