Los Bittersweet vuelven a gustar en Funclub

Fotografías por Nuria Sánchez

Para Extranjeros, nosotros. Al menos te sentías así: como una guiri muy ‘pro’ que disfrutaba del presente con halo de independiente en la mirada. Un Carpe Diem donde ningún factor podía influir tanto como la reacción de tu ‘Todo’ ante los chicos que ya estaban sobre las tablas. Pero esa noche el presente estaba en FunClub y lo manejaba la música de los Bittersweet: un Extranjeros que te devolvía al terreno nacional a golpe de Pop – Rock. Hacía calor y de fuera entraba el eco Alamedero de una de esas noches en que la gente se tira a la calle porque le gusta la calle, y por nada más. Así que el que podría ser el primero del verano, lo protagonizaban el pasado viernes 27 de marzo los Bittersweet en una sala que ya les conoce personalmente. No hacía cosa de un mes, ofrecían un directo que te perdías por compromisos laborales. Esta vez no querías faltar a la cita.

Y allí estabas. Si entrabas a la hora, podían pasar unos minutos hasta que la sala quedara en familia. Te lo habían contado. Pero si era a tiempo, la música en el aire te marcaba el camino hasta la barra. Y ya asegurándote el primer refrigerio de la noche, esperabas  que el concierto que Bittersweet ofrecía en colaboración con los Jack Knife, alcanzara el climax al que tienen acostumbrado a un público (ese día) muy heterogéneo. Al suyo. Y a pesar de que la calle estaba llenita de vida, esa gente no estaba en Funclub de ‘chiripa’. Esa gente consumía un directo cada vez más sonado en la ciudad.

Pero aunque el tema fuera hacerles alguna que otra fotografía en condiciones que apoyara una futura crítica,  fue un gustazo la falta de luminosidad. Ni mucha ni poca, la suficiente para que la cámara consiguiera trabajar con pasión crítica. En cada captura el tiempo dejaba de avanzar y la letras recorrían un viaje que iba de Alex a Fran y a las que el bajo y la batería se encargaban de hacer ‘ritmar’.

De esta guisa, te encontrabas a cuatro chicos con poco más de un año vital defendiendo un directo a un nivel que les dejaba bastante altos. Los Bittersweet se mostraban tan seguros de sí mismos como de los que habían acudido al encuentro. El interés por su público era algo que te quedaba claro si atendías a la puesta en escena, la cual les hacía agradecer cada dos canciones la asistencia. Había conexión porque mimaban con cada obra el motivo que había movido a esa gente a estar allí y no en otro lugar. Por eso no era extraño escuchar la voz repentina de un señor empeñado en gritarles que esa música era de calidad. Y algo que comprobabas con el concierto, era lo que decían Alex y Fran en una entrevista que le concedieron recientemente a  8pistas : «merece la pena ver a nuestro bajista en directo». Y merecía. Te merecía la pena no quitarle el oído de encima. No sabrías cómo definir, y que quedara bien, el baile que este chico mantenía con el bajo.

Gustaban. Gustaban a los que ya les gustaba Bittersweet y a los que no tenían ni la más remota idea de su existencia. Gustaban por la sensibilidad, la sinceridad y la estabilidad de esas letras. Gustaban por el sonido: limpio, rotundo y reconfortante. Gustaban porque hasta ese 27 de marzo habían trabajado lo suficiente como para gustar esa noche a todos los presentes en Funclub. Gustaban porque su Rock gustaba, y porque no sabrías decir cuál de los cuatro es más guapo.

Entre aplausos, Bittersweet bajaba del escenario deseando ver qué tenía preparado Jack Knife con ellos ahora como público.

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