Leiva en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo «Pólvora y Humo»

Fotografías por Nuria Sánchez

Sevilla es especial. Si no que se lo digan a Leiva, que eligió la capital andaluza para dar cierre su #PolvoraOnTour, una de las giras con mayor éxito de nuestro país en la actualidad. Hace un año escaso de la última visita que Leiva hizo a Sevilla en la Sala Custom. Y para despedir su prolífica gira –que ya cuenta con más de 100 conciertos entre 2014 y 2015- decidió volver a visitar el sur, pero esta vez para hacer música al aire libre en el CAAC o Centro Andaluz de Arte Contemporáneo. Desde luego que mejor ubicación, difícil.

El 23 de mayo fue la fecha elegida y como ya avisaba mi eterna compañera Nuria Sánchez, allí teníamos que estar. Era un día propenso para la música, con el clima dispuesto a hacer un favor a Leiva y a Sidecars. El viento hacía volar a las melenas de ellas y de ellos, alejando cualquier rastro de ola de calor y una marea de fans llevaba esperando todo el día para conseguir un buen sitio en la deseada primera fila.

Una vez sorteado el laberinto de bicicletas aparcadas y la densa cola de fans expectantes, pudimos entrar. Aprovechando uno de los espacios interiores del monasterio y con el magnífico ombú de la leyenda como testigo, se erigía un escenario espacioso en el que destacaba la localización de la iluminación, con una fila de focos de color en la base del escenario. Esos focos aportarían una sensación épica y arrojaban una ventaja para los fotógrafos allí presentes. Al menos mi compañera Nuria no desaprovechó la oportunidad.

A la izquierda del escenario se desplegaba una larga barra promocionando la cerveza del sur por antonomasia y tanto mi compañera como yo agradecimos el detalle. Decenas de jóvenes se congregaban a la espera de ver aparecer a su ídolo, unos sentados, otros de pie, casi parecía una “manifa” más que un concierto. Un concierto que en sus momentos previos a la música se convirtió en toda una hecatombe de “selfies”, tras correr para conseguir el espacio más cercano a primera fila, no había mejor entretenimiento que hacer uso de las redes sociales. El fenómeno “selfie” es el cigarro del ayer. Y es que la edad media de los allí reunidos rondaba los 20 años y pocos o casi ninguno fumaba. Nuevos generaciones, nuevos tiempos. Fue allí, entre tanta fan, donde descubrimos el origen del nombre artístico de Leiva, que proviene de la afición del cantante por el Atlético de Madrid y su jugador Leivinha.

No hubo que esperar mucho para escuchar los primeros acordes. Con una puntualidad admirable, Sidecars abrió la noche con su música a una multitud enardecida y que pedía a gritos sus canciones favoritas. Y es que Sidecars es un grupo que va ligado a Leiva, Juancho, su vocalista, es además el guitarrista de Leiva y su hermano. Se ve que en este caso el talento corre en la familia. El grupo telonero hizo un repaso por su trayectoria musical, que no es corta, y presentó su último trabajo al público, titulado Fuego Cruzado (2014). Es curioso como la voz de Juancho conecta con la de Leiva en armonía, no sé si tendrá que ver su parentesco pero ambas voces juegan y se abrazan musicalmente hablando. Sidecars satisfacía el ansia musical de los presentes y allanaba el terreno para el protagonista de la noche.

Leiva no se hizo de rogar y tras una breve pausa entre grupos, que le dio el tiempo suficiente a la organización a cambiar el escenario, se decidió a subir a su particular lugar de trabajo. Con su personal pañuelo tribal adornando el pie de micro, Leiva presentó sus dos trabajos en solitario a sus fans, Diciembre (2012) y Pólvora (2014). Con un disco número 1 en ventas y nominado a mejor artista español en los European Music Awards, es fácil notar el porqué. Leiva se mueve por el escenario como pez en el agua, se adueña de la multitud y ejerce un hechizo como bien hiciera el flautista en Hamelin.

Todos coreaban sus canciones, pedían más y más y hasta el tiempo favorecía al cantante madrileño. El viento se encontraba con el humo que producía el escenario y junto a la iluminación de color proveniente de los focos aportaba un efecto etéreo al ambiente. Leiva repasó su trabajo en solitario y fueron sus hits los más coreados, como “Terriblemente Cruel”, pero también tuvo lugar para momentos íntimos. “Pólvora” representó un momento que se prestaba a levantar la mano con la luz de tu móvil en alto. Leiva hace uso de unas letras poéticas y unos coros familiares a la escucha. Su música se presta a sonar en la radio y a permanecer en la mente tras la escucha.

“Mirada Perdida”, otro de los bellos momentos de la noche: “con los ojos en llamas. Que igual llueven besos que van y te quitan la vida.”

El cantante que fuera voz principal de la mayor parte de Pereza también tuvo tiempo de revivir material del que fuera su grupo con Rubén Pozo. Repasó parte del material que lo lanzó a la fama y presentó sus respetos ante los fallecidos B.B. King y el cantaor Manuel Molina, a los que quiso rendir tributo. Finalmente, Leiva se despedía de la audiencia sevillana, con la que tuvo un guiño al dedicarles “Hace Calor” de Los Rodríguez. Con mucha guasa y actitud positiva el CAAC se despedía de otro gran artista que tuvo el privilegio de tocar entre sus muros. Hasta el ombú parecía contento. Algo me dice que no tardará en volver. El sur engancha. Hasta la próxima Leiva.

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