Las sensaciones – Diego Vasallo en el Victoria Eugenia

Andar por Donostia explica mucho acerca de Diego Vasallo, y no sólo por los nombres de lugares que este menciona en sus canciones, también la climatología; las calles, la naturaleza que la rodea y el paisaje explican, dependiendo de la ausencia o presencia de sol y nubes, la existencia y contraste de canciones como “Polaroids” o “La Vida Mata”; el gris y el color, la vida sobre la arena y la soledad de un paseo que te lleva por laberintos interiores. Y quien dice Donostia, dice París, o cualquier sitio de una gran o pequeña patria. Estas profundísimas y confusas conjeturas son las que nos asaltaban por la Concha de San Sebastián, de camino al Teatro Victoria Eugenia al encuentro de su autor, para que nos explicara, como si hiciera falta, el qué y el cómo de su creación.

Diego Vasallo (San Sebastián, 2 de abril de 1966) fue (o es), huelga decirlo, la otra parte de Duncan Dhu, más modesta, más oculta, menos audiovisual que Mikel Erentxun comenzó su carrera en solitario en 991 dejando grandes canciones como “Juegos de Amor” o “Rastros de ti”, que más de uno escuchamos en las discotecas. Con su tercera obra, Criaturas (1997) su música comenzó a dar un paso importante, un paso en otra dirección, al frente, añadiendo más calidad a la cantidad, un adelanto de lo que estaba por venir, pero no sólo eso.

8pistas: ¿Dónde se enclava tu último álbum, Baladas para un Autorretrato (2016)?

Es verdad que he tenido diferentes etapas. La electrónica de Cabaret Pop para mí es la que se me queda más lejos. Eso fue un periodo concreto que duró un par de discos. Eso fue quizá casi un experimento. A partir del año 2000, que hice el primer disco con Suso Saíz [Canciones de un Amor Desafinado], digamos, encontré un cierto camino que he ido desarrollando en los siguientes discos, con cambios. Yo lo entroncaría con la última etapa. Ese último disco en concreto no estaría demasiado lejos de este.

8pistas: ¿Le sigue teniendo cariño a la etapa de Cabaret Pop?

Sí que le tengo cariño. Se me queda lejana en el tiempo y en la forma. En esa época estaba como muy influido y sumergido en sonidos ochenteros y sintéticos, cosas que luego realmente no he vuelto casi ni a escuchar y que no me han influido en los siguientes discos.

Diego Vasallo, de riguroso negro, se muestra tranquilo, sentado como si sólo fuera el cómplice de los temas de sus canciones. Se atrevería uno a decir que se encuentra desde hace mucho en equilibrio, rodeado de sus creaciones; libros, pinturas, y canciones de voz quebrada que disparan dando justo en el centro de la diana.

8pistas: ¿Cuál es la misión del cantante?

Yo diría que un cantante lo que tiene que intentar es comunicar algo, contar. Una canción al fin y al cabo es un cierto mensaje. A mí me gustan los cantantes que además de cantar, cuentan; una letra, una historia, una sensación… A mí los textos me parecen importantes en las canciones. Intento darles relieve en los discos. La misión de alguien que se pone a cantar algo es trasmitir un mensaje, entendido no como un panfleto, sino como algo que quieres transmitir, un pensamiento, una sensación… puede ser una historia.

La cita en el Teatro Victoria Eugenia es el tercer concierto de presentación de su último disco, Baladas para un Autorretrato, que viene acompañado de Al Margen de los Días, un libro de poemas que rozan o se enfangan en aforismos, digamos, personales, poemas de sensaciones que se apropian del momento, y de pinturas. También incluye las letras de Baladas para un Autorretrato sin desentonar, que suena a banda sonora de un día nublado y de una noche oscura. De este álbum, le preguntamos cuál era su tema que más le arropaba.

8pistas: ¿Con cuál de los últimos temas te llevas mejor?

Hay algunos temas que quizá son en cuanto a texto algo más personales. Uno de los que más me gusta es “Todo lo Bueno”. Es una balada muy acústica, más country-folk, que me gusta especialmente, quizá por lo que dice la letra…

8pistas: ¿Qué destacarías del panorama actual de la música en España?

Me gusta lo que está haciendo Quique González. Por supuesto lo que hace Mikel Erentxun me gusta mucho, y de hecho creo que con el último disco ha hecho un gran trabajo. Luego hay cosas así más alternativas tipo Guadalupe Plata. Christina Rosenvinge me ha interesado, no en todos los discos. En cuanto a textos me gustan muchos los de Lapido. Creo que es muy buen escritor. Me gusta mucho Rafael Berrio, amigo mío. Me parece un grandísimo escritor de canciones.

Una hora después, El Club Victoria Eugenia se empezó a llenar. Entre los asistentes, el mencionado Rafael Berrio, insigne autor de tremendos discos, que suenan y duelen, con temas como “Simulacro”, por poner uno. En la senda de las mareas de la existencia humana, Berrio es un tsunami, tan arrasador como la serenidad de Diego Vasallo. También estaban el lado más extrovertido de Duncan Dhu, Mikel Erentxun, y el tercer miembro fundador del grupo, Juan Ramón Viles. No podía perderse el evento Javier Escorzo, fenomenal fotógrafo y autor de Hoy el Viento Sopla más de lo Normal, libro de estreno cercano, con un respetabilísimo número de páginas acerca de la banda de San Sebastián, y de sus componentes en solitario.

Cuando llegó la hora marcada hubo un silencio, y luego un aplauso bien fuerte cuando la banda y Diego Vasallo aparecieron, y comenzaron con “Se me Olvida” y “Fe para no Creer”. Su último álbum cayó casi al completo, con la excepción de “El Desconocido”, moviéndose entre arreglos de Blues de capa caída pero elegante, Folk urbano, Rockabilly interior, y canción de cantautor de voz marchita, de derrotas más bellas que las victorias. La banda sonó a algo entre Tom Waits y Johnny Cash, con un Toño López bien concentrado en golpear la percusión bien fuerte, un gran trabajo de Fernando Macaya a la guitarra y Pablo Fernández al teclado y al ukelele, casi bajo la batuta del contrabajo de Goyo Chiquito. Con altos y bajos de intensidad sonora, que no musical, el repertorio llevo a agradecer clásicos como “Collar de Lunas”, de Criaturas o “La Vida Te Lleva por Caminos Raros” y “La Vida Mata” de Los Abismos Cotidianos (2005), que el público, siempre silencioso marcaba con los labios. De ahí no pasaron, tal era el ambiente, de una frialdad sólo a ras de suelo. Estos silencios de rompían con aplausos fuertes, despidiendo temas como el rescate de “Juegos de amor” de Cabaret Pop, con nuevo título “Donde cruza la Frontera”. Lo mismo con “La Nieve se Desnuda al Sol”, “Perlas Falsas”, con la excelente armónica que suena a óxido impoluto de Diego, la intensidad de “Canto en Ruinas”, y “Vuelve un Poco de lo que Perdí”, una personal y excelente revisión de “Please, Please, Please, Let me Get what I Want” los Smiths. Estas tres últimas dieron sonido al bis, que cerró la actuación de modo exquisito y sombrío… sin que hubiera lugar para una nueva y magnífica mirada a “Gardel”, que ensayaron minutos antes del concierto; la sentencia de los focos encendidos indicaba que el recital había acabado.

Diego Vasallo como garante de calidad, jugando en casa también aseguraba cantidad de asistentes; no quedó un rincón libre. Obviar cuántos es necesario, y dar una cifra, casi vulgar, teniendo en cuenta las de esos solistas y grupos copando listas de todas las clases y colores. Nos deja exhausto pensar que el tiempo les quitará la razón, y que sólo artistas como Diego Vasallo van a quedar reflejados en la historia de la música. Los otros, serán más propios de hojas de Excel.

Se quedaron fuera, al frío de su ignorancia, la vulgaridad del esnobismo musical, que debe estar rabiando al ver cómo se le está haciendo justicia a los años ochenta, y también quedaron fuera aquellos a los que les hace gracia (literalmente) su simpleza, sin saber que al igual que ellos, los artistas de los ochenta mudaron de piel y aun siendo todavía los mismos, ya no son lo mismo. Sin embargo, los que se quedaron sin entrada aquella noche, deseándola, seguro que encontrarán una nueva fecha y lugar para disfrutar de las “sensaciones” que quiere transmitir este artista, autor de “Esos Ojos Negros”, “Cien Gaviotas”, “Rosa Gris”, cómplice de “En Algún Lugar”, “Una Calle de París”, “La Casa Azul”, “Siempre” en aquel grupo que abandonó su sonido para escucharse a ellos mismos en el mítico Autobiografía (1989), aun corriendo el riesgo de perder una legión de fans.

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