Los ladridos al aire del Imperio en la Sala X

Fotografías por Le Petit Patte

Juiciosos pero desatados. Curtidos y, sin embargo, tan lozanos como la primera vez. Los polluelos de El Imperio del Perro ya mudaron las plumas, abandonaron el nido y ahora despliegan las alas que sus veintidós buitres presagiaban. El pasado viernes sobrevolaron la Sala X con los vientos de su flamante corto soplando a favor. Allí fuimos presas satisfechas de tanta ansia depredadora.

No tanto en vano, Músculo, Piel y Huesos es el título del EP de los de San Julián. Fue la distorsión de Rainwood quien subió el telón y colocó las primeras cervezas en las manos sedientas. Las cabezas arremolinadas en primera fila predijeron la llegada del Imperio. A estas alturas, hablamos de uno de esos proyectos que se han disparado al nivel de la factura de la luz. Y el directo es su electricidad favorita. Pisan fuerte -ya lo dijo Alejandro– pero saben que -esta es de Roosevelt, para subir el nivel, -“un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Y eso es un axioma para la banda.

Su compromiso se traduce, pues, en una cuidada puesta en escena pero sólo se transfunde en vena cuando la formación se relaja y disfruta. Es por eso que el inicio, un tanto flemático y centrado en los aspectos técnicos, no mermó el poder de una noche que cogió ritmo al paso. Junto a los nuevos cortes, con los que la banda columbra nuevos horizontes, encajaron hits de la talla de “No me jodas“, “Os Odio a Todos (Humano)” o “Todos temen a la oscuridad”. Y, si bien no pudimos disfrutar del show hasta su término, llegó hasta nuestros oídos que la apoteosis final de “Ácido, polvos o cristal” fue antológica. Tratar de parar al Imperio debe ser algo así como ponerle techo al cielo. Que prosigan los ladridos al aire.

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