La Carga: una comedia dura sobre alcoholismo

El Teatro La Fundición de Sevilla estrenó anoche La Carga, de Silvia Rey. La comedia, un duro retrato sobre el alcoholismo y el miedo a envejecer, podrá disfrutarse hasta el domingo 19 de enero.

Ayer, jueves 16 de enero, se estrenó en el Teatro La Fundición de Sevilla La Carga, con dramaturgia y dirección de Silvia Rey. La obra se presentaba como una “comedia ácida sobre el alcoholismo, la familia y la madurez” y hacía gala, antes incluso de su inicio, del humor andaluz que caracterizó los diálogos.

La historia trata sobre dos hermanos, separados por quince años de edad, y que están atravesando sus propias crisis: él, alcohólico; ella, con miedo a envejecer e intentando ayudar a su hermano. Intentando, a duras penas, cargar con el peso de los dos. Es una trama dura, muy actual y realista, pero tratada desde un humor irónico, inocente e, incluso a veces, negro. Esta visión del tema desde la comedia supone todo un acierto: la mezcla entre la crudeza y las risas produce un equilibrio perfecto. Este ingenio se traduce igualmente en una percepción aún más dura del argumento y de los hechos que narra. El uso inteligente del humor resalta lo dramático de la situación. Además, la obra muestra escenas comunes, como peleas familiares, que pueden llevar al espectador a un sentimiento de incomodidad al verse identificado. Todos estos puntos producen una reflexión, un esfuerzo por parte del público para observar a la sociedad con nuevos ojos.

Tengo un hermano con problemas de alcohol. Vamos, que es alcohólico; que una lo intenta dulcificar, pero esto no hay quien lo dulcifique. Bueno, sí, una copa de vino blanco; pero no es el caso.

La interpretación corre a cargo de la propia Silvia Rey y de Antonio Ponce, ambos con una larga trayectoria en teatro y en cine. Antonio realiza una labor impecable, interpretando con total maestría a un personaje que sufre una degradación constatable. El hermano mayor nos muestra todas las caras de la adicción a la bebida: la dependencia, el miedo, la depresión, la soledad, la violencia. Sin embargo, nos lo enseña desde la inocencia de un niño y a través del humor andaluz más puro.

El texto sigue un patrón en el que se intercalan los diálogos entre ambos hermanos con monólogos. Estos últimos están dirigidos al público, a quien hablan con una naturalidad tal que parecen evocar a un diálogo con los espectadores. Es tal el peso de estos monólogos, que evocan a un diálogo metatextual de (y con) la autora. La distancia entre los hermanos parece enorme cuando hablan por teléfono e, incluso, cuando se encuentran cara a cara. Sin embargo, en los monólogos esta distancia, a veces, se reduce: ambos se desnudan y se visten delante del público mientras hablan, representando ese desnudo poético que les proporciona la palabra, pero es la hermana la que viste al hermano mayor, mostrando la dependencia existente.

Eres un adicto al alcohol porque no eres capaz de ser un hombre.

Cabe destacar, asimismo, las distintas composiciones escénicas. Por un lado, el trabajo lumínico (Area Martínez) es creativo y funciona a la perfección, trasladando al público a diferentes espacios en cuestión de segundos. Por otro lado, la composición actoral sobre el escenario está equilibrada, bien organizada y no se ve en ningún caso forzada. Por último, la música es producto de una buena elección, a la par que de la mesura. Hace referencia al folclore andaluz y representa el ya comentado contraste entre la alegría, el arte sevillano y la seriedad del tema a tratar. Es igualmente destacable la escenografía (Amimodo): sencilla, pero con peso y acierto en sus elementos.

Creo que me va a hacer bien sacar esta rabia.

La obra es, en algunas partes, demasiado explícita. La autora parece querer ayudar al espectador en la comprensión de todos los detalles, pero esto no es necesario, pues la historia se desgrana de forma natural. Esta explicación exagerada resta peso al texto, que sabe representar la crudeza y los papeles opuestos de los hermanos sin necesidad de tanta aclaración. Salvando esta apreciación, la dramaturgia acerca al público la historia desde una dulzura digna de verse en acción, con la frescura y el humor irónico característico del sur.

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