Kiko Veneno triunfó sacando el once de gala

Fotografías por Antonio Andrés

Hay músicos que podrían sentar cátedra allá por donde pasan y sin embargo, no lo hacen. Lo suyo es la música y las emociones, poblar los escenarios. Uno de ellos es Kiko Veneno. Sus canciones ya trascienden por encima del tiempo y la distancia, están en el viento, en el inventario popular. Sin embargo, cada concierto vuelve a ser su primer concierto. La misma energía, la misma curiosidad, las mismas ganas por mostrar sus canciones, que ya son más del pueblo que suyas.

 El penúltimo jueves de septiembre, en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, se cerraba el ciclo de conciertos de conmemoración del 25º aniversario de la Expo’92. Ya habían pasado antes por esas tablas Los Secretos, Coque Malla, Nacha Pop y Juan Perro; y, para poner el broche de oro, nadie mejor que Kiko Veneno, arrollador y certero, y su banda al completo.

El 92 no fue un año cualquiera para Kiko Veneno. Ese año salió Échate un cantecito, el disco que asentó para siempre al compositor en la palestra musical. Muchos de los himnos del músico catalán, sevillano de adopción, están en ese álbum: “Lobo López”, “Echo de menos”, “Superhéroes de barrio”, “Fuego”, “Joselito”, “En un Mercedes blanco”…Fue grabado en Londres, producido por Joe Dworniak y empujado por las velas de otro genio del gremio, Santiago Auserón.

Así pues, Kiko Veneno salió la noche del jueves por la puerta grande. Arrolló con muchas de sus canciones más populares, cantadas todas por el público sevillano: “Lo que me importa eres tú”, “Los delincuentes”, “Memphis Blues Again”, “Lobo López”, “Dime A”… dejando pasar entre todos esos clásicos dos estrenos del que será su próximo trabajo, “Titiri” y “Sombrero roto”. Respaldado por su banda al completo, los Notas del Retumbe (Anabel Pérez en los teclados, Juan Ramón Caramés en bajo, Félix Roquero en la guitarra, Jimmy González en batería, Andrés Roldán en guitarra y coros, Willy Leal como segunda voz y la colaboración en las últimas canciones de Ana Gallardo en coros) con el delinqüente Diego Pozo, Ratón (enorme, sacando astillas a la guitarra en cada canción), Kiko, reconocido bético, no dejó pasar la oportunidad de celebrar sobre el escenario la victoria de su equipo la noche anterior en el Santiago Bernabéu y se enfundó para los bises, como su guitarrista, la elástica verdiblanca. Aprovechando la coyuntura, valga el símil futbolístico: Kiko Veneno triunfó sacando el once de gala, sus canciones más celebradas para un éxito seguro que había que ganarse (y se ganó) en un show muy guitarrero, que durante muchos momentos, llegaba a juntar sobre el escenario cuatro guitarras sonando.

Kiko Veneno, genio y figura, es la vanguardia y el folklore. Pero no hoy, ya lo era hace cuarenta años, cuando junto a los hermanos Amador creó Veneno. Desde entonces no ha hecho más que canciones y más canciones, con un lenguaje propio, con el don de dominar toda la paleta de sentimientos del ser humano y plasmarlo en esas canciones, con la valentía de experimentar reinventándose disco tras disco, gira tras gira, más sólo que la una o acompañado. Hace falta recordarlo más: Kiko Veneno es una leyenda que va sobre el tiempo, nuestro Bob Dylan mediterráneo. Sólo que Bob Dylan nunca compartió canciones con Camarón.

Kiko Veneno en el CAAC

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