Jose Domingo pinta lunares de neón en la madrugada madrileña

Fotografías por David Pérez Marín

«Almería» o la psicodelia flamenca en vena

La noche iba de saldar deudas y de volar alto arrastrando otras… No nos habíamos encontrado aún en ninguna encrucijada, y hoy era por fin el día en el que cabalgaríamos al lejano oeste intergaláctico que nos dibujó en el que fue sin lugar a dudas uno de los mejores discos del pasado año, “Almería”. Jose Domingo volvía a Madrid (sala Taboo) y era imperdonable no acudir a la cita.

La rave flamenca empieza con “el corazón envuelto en papel de celofán” y esas “mil razones para irme de tu lado…”. Y no, no es tan fácil irse, y menos aún si las pesadillas de la realidad esquiva se mezclan con los sueños lisérgicos “de un viento perfumado oliendo a jazmín”, que Jose Domingo despierta cantando con su voz envolvente en ese “Obsesionado me dejo llevar por tus caprichos una vez más…”. Y sin tregua, la rumba anfetamínica “Lunar”, otro temazo del también genial “En la distancia” de 2011. La sala, no tan llena como debería, está ya totalmente hipnotizada por Jose Domingo y los suyos. Y es que, hay pocos músicos con tanta personalidad y capaces de pintar un abanico de imágenes tan sugerente y amplio con sus letras y música.

La fronteriza “Hubiera sido lo normal”, en la que la omnipresente guitarra de Jordi Herrera toma el mando, suena más potente que nunca. Entonces llega el momento de anunciar un tema nuevo, “Indiferencia”, que nos deja muy buen sabor de boca y nos da pistas de que el próximo viaje seguirá, muy posiblemente, por el buen rumbo que ya encontraron en su último trabajo.

El hechizo continua con “Dime que sí”, y tras un respiro en “Blanco y negro”, vuelven a mover los cimientos de Malasaña con “Palidez”, donde Jordi Fornells, otra pieza fundamental del proyecto, no rompe la caja de milagro. Jose Domingo se luce de nuevo en una interpretación matadora de  “Tus ojos de mujer”, y hace que nos acordemos, aún más, de un par de ellos, verdes y ausentes.

Y seguimos volando con “Piedras en los bolsillos”, donde la voz flamenca de Fornells se abre paso en una atmósfera psicodélica inigualable, con Jose en trance agitando las maracas entre el público.

La locura colectiva llega con “Más que perfumado”, donde Jose Domingo cambia la luna por una bola de espejos, haciendo bailar y cantar a toda la sala como si fuera la última noche en la Tierra.

Cierran con la colosal “Un caballo solo”, en la que Jordi cambia el cajón flamenco por una tempura eléctrica, con la que terminan por empapar la madrugada de un aura arábigo/psicodélica que hace que respiremos el espíritu de Triana, de Lole y Manuel, de The Doors o del “Omega” de Morente.

No lo creo, pero sí aún queda alguien que no haya escuchado “Almería” de Jose Domingo, por favor, que no pierda más tiempo.

Ya pateando las calles, alguno que otro tararea esa canción de “En la distancia”, buscando las claves para poder detener “el satélite tatuado que gira en órbita eterna alrededor de ese lunar…”. Y llegamos a la mítica sala Fotomatón y nos abandonamos en la madrugada madrileña, compartiendo barra y copas con músicos ilustres como Carlos Tarque, Quique González, Luis Brea o los Standstill. No, la música nunca nos deja naufragar solos.

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