III edición del Soulville en el CAAC “tres ritmos para un solo estilo”

El pasado viernes 21 de Septiembre pudimos disfrutar en Sevilla de la tercera edición de uno de los festivales más pedidos por melómanos de la capital hispalense. Y es que parecía que el Soul, como estilo musical, con todas sus variantes pertinentes, se estaba quedando relegado a alguna visita esporádica de algún artista nacional o extranjero al que Sevilla le pillaba de paso para algún que otro concierto en otra ciudad andaluza cerrado hace ya tiempo.

Una vergüenza que los señores de Rocknrolla producciones (Sala X) se han encargado de paliar, y por suerte con buena respuesta de público.

En sólo tres ediciones ya han pasado por el escenario del Centro Andaluz de arte contemporáneo (lugar que alberga al festival) nombres tan golosos como: Freedonia, TT Syndicate, Homenaje a Otis Redding por Anaut, Nik West, Shirley Davis &TheSilverbacks y TheLimboos. Los de hoy no iban a ser menos: The Excitements, Josh Hoyer & Soul Colossal y Julián Maeso.

Por varias cuestiones no pudimos asistir a las dos primeras citas, pero como reza el dicho “a la tercera va la vencida” y vaya que si fue.

Entramos cuando Julián Maeso interpreta una preciosa adaptación jazzy  del “For once in my Life” de Stevie Wonder, que junto a otras joyitas de Quincy Jones, Irma Thomas, Betty Harris, Willie Nelson, Neil Young, Chuck Berry, Sweet Vandalsy coetáneos hacen que el principio de nuestra velada sea como una tupida cortina roja que se abre como por arte de magia a un maravilloso mundo de sonidos oscuros, espesos y noctámbulos.

Julian viene presentando “The JM’s”, un grupo de músicos enormes con los que aborda versiones de clásicos en clave de acid jazz, soul, funk, swing y boogaloo.

Hasta donde llega la exploración de este hombre creo que es casi inabarcable. Podemos escuchar “I want you to get together” de Saint Germain o “Thriller” de Michael Jackson cantada con una melódica. Los cuerpos se mueven al ritmo de esa musiquilla que nos retrotrae, llena de matices y vivencias, de esa que reconocerías en cualquier parte.

El jardín se llena poco a poco para el fin de fiesta del señor Maeso. La gente se agolpa casi desperezándose de un intenso día de trabajo, casi desquitándose de ese sentimiento de abandono que te entra a la vuelta de las vacaciones, casi como si empezarás de nuevo a ser persona. Gran concierto para ir abriendo boca ya que la noche se prevé larga y seductora.

Los siguientes en pisar el escenario llegan desde Nebraska in the midwestern U.S. Y lo pongo así porque más americanos no podrían ser. Es la primera vez que veo en directo a Josh Hoyer and the Soul Colossal, y en cierta medida se dan un aire a Nathaniel Rateliff and the night Sweats. Con un comedido español nos da la bienvenida y nos desea que pasemos una feliz noche. Y al lío.

Su ritmo es potente desde los primeros compases. Con una voz poderosa y personal deja su impronta en apenas unos compases.

Intercala temas de sus 3 discos,haciendo una pequeña presentación de los mismos que apenas sirve para respirar entre cada corte.Este tipo hecha el resto en todo momento, sin dejar espacio al sosiego, salvo en las baladas. Ahí sí que sí, la voz toma el mando para alzarse sobre la banda he imponerse con diligencia y mesura a una melodía por mil veces tatareada en mil formas distintas. No es que beba de los clásicos, es que les hace una reverencia en forma de canción, de postura y de movimiento.

Todo el aire huele a años 50 y 60. Toda la esencia fluye por nosotros y nos impregna con su melódico medio tiempo de los que enamoran de verdad, no de los que dejan a medias tintas, ni hacen sentir repulsa por sus palabras (entiéndase cualquier canción latina del momento). Este es el auténtico, el que desgarra un grito desde dentro, el que contiene sentimientos y suspiros por igual. El que se rompe la voz con el aplauso sonoro de todos los presentes. El que vibra hasta nuestro pecho. Dejémonos de tonterías, por esto hemos venido hoy aquí.

La versión de Charles Bradley termina por rendirme a sus pies. Uno de mis artistas favoritos le presta su canción al que tenemos aquí presente para que con su poderosa voz le haga un precioso homenaje en la distancia. Esto suena a Stax, Motown, MuscleShoals a New Orleans.

Y acto seguido pone a todo el mundo a bailar con funky del desenfrenado, del visceral e intuitivo. Del que juega con la distorsión, del que marea con la emoción, del que embriaga y ya está.

Los responsables de que tenga la piel de gallina durante todo el concierto son Joining Hoyer (teclado/voz), Benjamin Kushner (guitarra), Blake DeForest (trompeta, pandereta y demás artilugios), Mike Keeling (bajo), y Larell Ware (batería)

Termina con “the people got soul” por todo lo alto. Vaya concierto que se acaban de marcar. Han dejado el listón muy alto, pero esperamos algo grande de The Excitements

Pd: yo quiero que mi médico me recete lo mismo que está tomando el trompetista Blake DeForest.

Después de la entrada instrumental de rigor la terremoto, Koko-Jean Davis,  viene pisando fuerte desde los primeros compases.

Parece mentira que de tan poquito cuerpo salga una energía tan arrolladora y una voz como esa. No solo es potente cuando se le da rienda suelta sino que tiene un amplio registro de tonos, lo que la hace versátil para adaptarla sin compasión a los distintos ritmos a los que la lleva la banda.

Es de reconocer la gran labor que hacen todos para estar a la altura de sus compañeros. En una banda dónde hay tantos componentes se pueden dar dos casos opuestos pero muy recurrentes en los escenarios. El peor de ellos es que no se compenetren, porque alguno cojee o porque no terminen de encontrar su sitio, y por otro lado, aquel en el que el sonido sale fluido, al unísono, sin altibajos. Gracias a Dios The Excitements es de los segundos.

En su repertorio se mezclan canciones propias con alguna que otra pieza poco conocida del Soul y R&B americano, como “The Mojo Train”, “I don´t love you no more”, “Ha Ha Ha” o “Keep it to yourself” de Billy Preston

Terminan con un remix que incluye el single de su primer disco “Wait a minute”.

Pura adrenalina la señorita Koko sobre el escenario. Desparpajo y buen hacer, reverenciando a los clásicos. Un sabor de boca estupendo para ir paladeándolo durante días tras el concierto.

Enhorabuena de nuevo a la organización por arriesgarse a traer a estas bandas no tan conocidas por el público en general y, que sin embargo, dotan a la cultura de nuestra ciudad sevillana de nuevos alicientes para redescubrirla.

III Festival Soulville

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