Funambulista – La luz que consigue quedarse, aunque sea corriendo por las venas

Fotografías por Marina Benítez

Hay acústicos que emocionan, y después tenemos a Funambulista llenando de luz la noche sevillana. Diego Cantero ofrecía el pasado jueves 16 de marzo un concierto muy íntimo en la sala La Calle, acompañado tan solo de su guitarra y de su pianista Alejandro Martínez. Agradecidos con una sala a rebosar, su típica F como única decoración y una luz tenue, que le daba a la cita un ambiente muy personal, tocaron sus temas más conocidos y algunas de sus últimas canciones, como “Si después de darte amor” o “Me inventaré” (compuesta junto a Dani Martín), de su nuevo álbum Dual.

He hecho una lista sobre las emociones que volcó Funambulista en su concierto. Así, podría hablaros del público, de una sala familiar llena de gente de todas las edades, de una pareja abrazada meciéndose. Un público leal, que reconocía las canciones tras unos primeros leves acordes, tras un resumen de la historia que se esconde detrás de las letras. Es difícil ser testigo en un concierto de un auditorio que, desde la primera canción, canta a pleno pulmón, e incluso susurra en los silencios. Diego dejó que sus espectadores cantasen “Ya verás” hasta la mitad, solos, mientras él sonreía: “emocionante, Sevilla”.

Era devoción pura la de este público hacia su música, y Funambulista le hacía un regalo: “jode mucho irse de un concierto sin escuchar la canción que has ido a escuchar, así que pedidme las que queráis”. La sala entera gritó el nombre de todas sus canciones, y el artista le hizo otro presente: “aprovechando la cercanía y teniendo en cuenta que os puedo mirar a los ojos a casi todos, si queréis os cuento la historia de las canciones”. De hecho, podría contaros esos recuerdos que compartió el cantante entre notas, pero es solo un motivo más de muchos para acudir a uno de sus mágicos conciertos; yo prefiero contaros cómo Diego apelaba a Sevilla y esta le respondía bailando y cantando.

Por supuesto, podría hablaros de las canciones que tocaron, sin seguir más repertorio que el marcado por el público, jugando con sus propios temas, reinventándolos sobre la marcha, como con “Como un idiota”, en la que usó tres ritmos diferentes, rapeó, la remezcló hasta el punto de hacerla nueva. Funambulista buscó las cosquillas a todos los pies que llenaban la sala, haciéndolos saltar y bailar con “Tuvimos suerte”, “Y yo”, “Hecho con tus sueños” o “Fiera”. En “Eres aire” sorprendió haciendo varios loops, con su guitarra y su voz, cantando cerca de las cuerdas, demostrando un buen control sobre su ritmo. Sin ninguna duda, este es el momento en el que debería hablaros sobre Alejandro Martínez y su piano, su compenetración con Diego, incluso a la hora de hacer un silencio entre ambos en medio de una canción, sus cambios de ritmo y su maestría ante el teclado.

Y supongo que, sobre todo, podría hablaros de la forma en la que Funambulista convierte algo tan doloroso como una ruptura en arte, recordándonos lo precioso que hay antes de un adiós, incluso la magia que encierra la nostalgia. Diego sonreía mientras cantaba sobre amores imposibles, con una sonrisa contagiosa, luminosa. Quizás sea este el momento para hablaros sobre su obsesión por la luz, sobre cómo dejó a un lado la guitarra y el piano se calló, abriendo un precipicio en la sala con el temblor de su voz, a capella y sin micrófono, en “Solo luz”, mientras el público aguantaba la respiración. Pero hoy no voy a hablaros de nada de esto.

Había hecho una lista sobre las cosas de las que podría escribir, una lista sobre cómo Funambulista nos emocionó y nos dejó temblando, sobre cómo es posible quedarse, aunque sea corriendo por las venas, desde el tímpano hasta el corazón. De verdad que tenía una lista sobre todo lo que podría contaros, pero no me veo capaz: hoy he venido a hablaros de luz.

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