‘El más puro estilo Gritando, y con más fondo’

Ha tardado, pero va llegando el otoño y la lluvia y el frío que lo deben acompañar. Y claro, buscamos refugio de las inclemencias del tiempo,  ¿y dónde mejor que con el calor del mejor rock andaluz? Esto debió pensar el más de centenar de forofos que en la noche del jueves 25 acudieron a la Sala Malandar de la capital hispalense para agasajar a la ya célebre banda ‘Gritando en Silencio’. Los sevillanos, con Marcos Molina al frente, se entregaron a su público con profesionalidad (que no seriedad), pasión y gratitud, sabiendo recompensar el cálido apoyo de sus seguidores, que se unieron al espectáculo más y más con cada canción.

En cuanto al repertorio, Gritando en Silencio sabía lo que hacía. Lo sabía muy bien. Con un perfecto equilibrio entre la presentación de sus nuevos trabajos y los más clásicos y conocidos, el concierto fue un elegante y correctísimo recorrido de su trayectoria. ‘Que mi hogar está tan lejos como lo estés tú de mí’ sonó junto a ‘Sácame de aquí’, por ejemplo, y así se pudo disfrutar de lo más referente a la par que lo más fresco de la propuesta musical de los sevillanos.

En cuanto a Material inflamable (2018), lo cierto es que suena bien, suena muy bien. Molina conserva el espíritu de la banda, a medio camino entre el rock más duro, más despellejado, y las letras más poéticas, con más mensaje en su belleza. Si bien conserva ese tono reivindicativo característico de la banda, lo cierto es que esta vez las letras giran más en torno a la emoción, las vivencias personales. Este cuarto disco de la banda, tras Contratiempo (2009), Maldito (2011), La Edad de Mierda (2015), da cuerpo y forma a una madurez de la banda en lo que a composición se refiere. El tono es más cuidado, el mensaje más pulido, el ritmo…igual de cañero.

Más que letras de canciones, este disco parece escribir poemas de soledad, de sentimiento desgarrador, con una poesía honesta, pero para el oído atento; tosca, pero bella si sabes dónde mirar; transparente, pero descamisada con dureza, no con dulzura. Este rock que habla con el público, que sirve de puente entre el artista y sus seguidores, ha sido siempre una gran marca de identidad de Marcos Molina, y se agradece que siga así.

Y la reivindicación como forma de luchar junto al compromiso social sigue siendo motor de las letras de la banda en muchos aspectos, algo característico del rock and roll pero que, en una sociedad y en una situación como la actual, nunca es suficiente. Artistas concienciados, vengan del campo que vengan, crean conciencia social, provocan cambios, son cómplices del progreso social, son motor de avance. Son, en definitiva, como Gritando en Silencio.

Es ese compromiso con su arte, que se percibe no acomodado, sino revisado, revisionado, reactualizado, el que hace que melodías, sonidos y letras converjan en una experiencia sonora más allá de lo puramente audible. Gritando en Silencio es referente sevillano, andaluz y español, y no les falta mérito para derrumbar cualquier muro nacional o internacional. Siempre han defendido el rock, y lo han abanderado. Ahora es el momento de que el rock los defienda a ellos.

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