El arte de cantar historias a lomos de un Pegaso

JOAN MIQUEL OLIVER

Teatro del Arte, Madrid 

23/10/2015

Hay noches oscuras que se disuelven como azucarillos en el café, y hay otras, como esta, que se cocinan a fuego lento y dejan un rastro de luz imborrable. Así fue la presentación en la capital de “Pegasus”, una de las joyas musicales que nos ha dejado este prolífico 2015.

Esquivamos una vez más el frío de un Madrid que ya es nuestro y tomamos posiciones en el siempre acogedor Teatro del Arte, que recibía con los brazos abiertos a un artesano de canciones único, el mallorquín intergaláctico Joan Miquel Oliver. Sale a escena ataviado en un kimono negro y sonrisa eterna, acompañado de dos escuderos/amigos de lujo, Jaume Manresa a los teclados y Xarli Oliver a la batería, percusión con botes de spray o sierra acariciada con arco de violín, todo vale cuando la música se acerca a la magia.

Joan Miquel se mueve como pez en el agua en directo, improvisa y es cercano como pocos, crea con cada canción una atmósfera de mil matices, hace que la música se pueda palpar, saborear y que el regusto de cada tema sólo se pierda, y nunca del todo, al mezclarse con el siguiente.

Inicia la quema de manecillas de reloj con las tres primeras de su último álbum, “Marès a radial”, “Pegasus” y “Orthopedic Ragtime”. Bromea con el público, mezcla historias de extraterrestres amigables con recuerdos de infancia o lee (en un folio que tiene la cara George Cloony y oculta la suya) descripciones de pisos de estudiantes a los que él mismo se enfrentó… Y sigue tejiendo, con la ayuda de Jaume y Xarli, un manto onírico sobre nosotros con “Ecos d’Ambulàncies”, “Flors de Cactus”, la tropical “Món Vegetal” o ese hechizo sonoro, homenaje a “Emerson Fitipaldi”, que no queremos que acabe.

Recupera de su magnífico “Bombon Mallorquín” (2009) la mágica calma de “Marcianet de Mart”, “Final Feliç” con su correspondiente “mmmm” entre los “lalala” que la sala al completo canta, o la tristeza tan sutil y tan bonita de “Ryanair”. Tras compartir anécdotas de batallas de veranos adolescentes, le dedica a su primo Carlos (entre los asistentes), “Molí de Vent”, su “Sweet Home Alabama” particular. Y si la luna no es llena poco importa, la tocamos y Miquel le pone el trozo que le falta con una “Mil billions de estrelletes” que ya le hubiera gustado incluir a Sufjan Stevens en su magistral “Carrie & Lowell”.

En los bises “Polo de Llimona”, el “Rellotge” que grabó junto a Albert Pla, “Pallasso” y la traca final con “Lego”, que con una pequeña acústica electrificada que exprime para la ocasión, es la guinda explosiva perfecta.

Y de vuelta a casa, miramos al cielo y vemos un rasguño brillante, parece que el rastro de una estrella fugaz hubiera dejado marcada para siempre la noche… O quién sabe, quizás pasó por allí Joan Miquel Oliver a lomos de su Pegaso de camino a otro planeta.

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