Crónica de Los Voluble, Fiera y MENEO en el CAAC

Las luces blancas se apagan y se encienden en un parpadeo de sonido eléctrico. En la pantalla se anuncian Los voluble.

En el escenario la imagen digital se hace presente, aparece un paisaje lleno de figuras desdibujadas en un horizonte blanco desértico que recuerdan a la obra de Miguel Barceló. Los dos hermanos de presencia rotunda, Pedro y Benito, en un claro contraluz comienzan el concierto con sonidos remezclados de voces africanas.

En su música, que es más que ruido informe, se utilizan inteligentemente, sintetizadores, grabaciones de campo y samplers. Consiguen crear en un instante una atmósfera de ruido tecno-industrial, puro noise electrónico, que recuerda a ratos a los británicos Throbbing Gristle.

La gente se acerca y mira extasiada la pantalla, se lee The moans of a captive -They can”t arrive to Spain. Música industrial remezclada con sonidos y voces grabadas como la de Niño de Elche irrumpen de forma candente. El primer tema percute como una denuncia social evidente al sistema de inmigración actual.

El escenario sigue a oscuras, Benito, DJ (discjockey) y Pedro, VJ (videojockey), ribeteados con una luz azul dan prioridad a la música y el vídeomontaje. Se lee Every god is a criminal. Nadie queda indiferente.

Las propuestas se suceden a una velocidad vertiginosa, como las proyecciones. Un trabajo de calidad audiovisual digno de la actualidad creativa que se está haciendo. Sus referencias a la tradición popular andaluza y al compromiso social son constantes.

Recurren a grabaciones de un raggamuffin bastante poderoso y a grupos del hip-hop más agresivo y radical, en la línea de los virulentos Death Grips.

He aquí algunos de los temas que sonaron:  “S Curro”, “Manul & Energy Man”, “Illo kéacompañado de vídeo con after effects muy interesante, en la línea de las intervenciones visuales del arte contemporáneo, “LPGCde Highkili, “Matrix EP” de Flat Erik y “Londres” de Robo.

Destaca del concierto su novedoso y variado repertorio musical basado en la improvisación y deconstrucción, teniendo como base algunos temas. Su música de raices flamencas, música electrónica, arte político y remezcla, ha sido presentado con un buen trabajo audiovisual en la línea de su radicalismo. Acorde con ello cerraron su presentación con la imagen y parte del testimonio de Angela Davis, filósofa, política marxista, activista afroamericana antirracista y feminista, profesora del Departamento de Historia de la Conciencia en la Universidad de California, Estados Unidos. ! No era para menos!

Estos chicos, de formación audiovisual tienen inquietudes y ya lo han demostrado anteriormente cuando fundaron ZEMOS98, una más de sus apuestas por la experimentación basada en la constancia y el esfuerzo …y así los vimos, agachados sobre sus ordenadores, casi en la sombra, para mostrarnos esa noche su trabajo.

En el breve descanso suena Beach House y los jardines ya están llenos de gente, pegada a los baffles mientras se prepara Fiera.

No puedo evitarlo, tengo debilidad por la figura de Pablo Peña, líder del grupo.

En toda la trayectoria de conciertos que he visto, nunca una presencia me ha resultado tan potente visualmente y misteriosa como la de Iggy Pop, la Iguana de Detroit, y la de Pablo Peña. Posiblemente Pablo en algún momento tenga un apodo que defina la imbricación de su cuerpo y su guitararra y esa forma de gesticular que lo hacen único. Algo extraño y cautivador sale de él, tiene una potencia y verdad dentro, que no puede evitar cuando sale al escenario; no toca una guitarra, no canta, él es la guitarra y él es la voz.

Benito ilumina el escenario y sale Fiera. El público tiene ganas y se nota. Para nuestra sorpresa sólo salen al escenario Darío Del Moral y Pablo Peña, cuando eran los componentes de Pony Bravo los que formaban este grupo paralelo ( Daniel Alonso, Darío Del Moral, Javier Rivera y Pablo Peña). No por ello pierden fuerza.

Fiera abrió con “Tan agustito y continuó con Drogas”, “Cesar Millán” y el esperado “Pisapapeles”.

El público se movía a un ritmo independiente y frenético, compulsivo, de movimientos abiertos y libres. Fiera invita a la liberación física y mental. Su post punk ruidista  remite al de Manchester en los 80, y más concretamente al grupo británico The Fall.

La iluminación destacaba por los contraluces, que dibujaban la silueta lánguida y fina de Pablo Peña con su guitarra, que bien podrían recordar a las del pintor Egon Schiele. Para ver los detalles de su vestimenta, más extravagante que la de Darío, de gama de grises, hay que acercarse. Su estilo rockabilly lo define una camisa de flores en gama cálida que deja al descubierto su pecho blanco, unos pantalones de pitillo que cierran abajo en corto sobre calcetines rojos de cuadraditos y unos zapatos negros de plataforma entre glam y rockero. Pero esto no es más que una imagen, su imagen, y esta sólo sirve  para potenciar las ideas. Una idea que tiene clara el grupo Fiera y en común con el grupo anterior, la denuncia o protesta, la música independiente alejada de los conceptos clásicos de belleza y estilismo. Es la conciencia de la búsqueda incansable, la novedad y experimentación en los sonidos.

Cuando soltó la guitarra, Pablo Peña se retorcía sobre su cuerpo bailando con los brazos entrecruzados, y se despojó de una venda que dejaba evidenciar una tendinitis en el codo. Su silueta se recortaba sobre el fondo encendido de focos azules y después naranjas.

Su lista de canciones, “es un fetiche”, tal como dijo Pablo Peña, mirándola con una leve sonrisa, “lleva tanto tiempo con nosotros la misma hoja que está un poco arrugada y con manchas”. Quizás porque le traiga suerte, pensé yo.

Otros temas que sonaron, y a los cuales el público mostró adoración, fueron “Alegría en la nuca”, “Crono”, “Disciplina”, “Mono de trabajo”…

Pablo Peña terminó encogido de rodillas en el suelo sobre los mandos de colores haciendo música de forma absolutamente inducida y mirando a Darío Del Moral. Todo parece escaparse en Fiera, pero todo está controlado. Terminó con “Bombas” y “Flash”, no sin dejar a su público con ganas de más, pero no insatisfecho.

Unos minutos para cerrar maletas y expansión entre el público que ya estaba encendido.

Meneo no podía haber elegido mejor nombre para definirse: meneo. Comienza ensuciando al Queen “I want to break free”. Un arranque rítmico al que el público responde rápidamente levantando las manos en compulsivos movimientos. Su vestimenta de colores atrevidos, camisa y pantalón corto a juego, naranja y cyan, hacen de los  colores complementarios una estridencia que destaca a través del humo. Divertidos como la música que sonó toda la noche en sus manos. Un DJ entregado a un público fervoroso al que invitó a subir al escenario e incluso a cantar. Sus versiones de música de los 60, 70 y 80, hicieron danzar a un público que llegó a bailar encima de los baffles.

Cuerpos sin camiseta, rostros sin nombre que no cesaron de saltar y girar sobre su eje. Una canción se montaba sobre otra y la noche no paraba. Todo tipo de público se unió a tal festín hasta subirse al escenario a participar. Un final de fiesta apoteósico. Intenso, divertido e incombustible, deseoso de continuar hasta la llegada del ángelus, vio pasar en varias ocasiones detrás de él la figura de un guarda de seguridad y ni se inmutó. Seguramente le avisó de que había que terminar. Su intensidad no tenía límites y como tal intentó obviar el ofrecimiento de salir del escenario. Continuó danzando e implicándose con el público… y llegó a decir: “¿con quién hay que hablar para alargar esto?”.

Pronto se acercó una figura enorme por detrás, era un encargado muy serio y corpulento con aspecto de gorila. Ya no tenía escapatoria, salió de escena desplazándose lateralmente, dejó tras de sí conectada la música… Nadie quería marcharse. Permanecieron delante del escenario cuando la música se fue. El público miraba la pantalla roja que ya solo dejaba un halo de referencia quieta y ficticia de lo que allí había acontecido, un desmadre de adrenalina. Ponía: Meneo.

Meneo estuvo al rojo vivo, disfrutando y haciendo disfrutar a su público. Cuando salimos pudimos hablar con él y nos comentó que era una pena que en España hubiera problema para utilizar grabaciones de Camilo Sexto o de Enrique y Ana, para las sesiones de DJ . Su próximo trabajo iría en esa línea. Amigable, cercano y cariñoso nos habló de sus orígenes guatemaltecos y de su podcast en Radio 3. Un abrazo expansivo y una sonrisa lo alejaron, no sin habernos dejado un final de fiesta apoteósico como el que se vive en la película “La gran belleza” (2013) de Paolo Sorrentino, un caos de diversión.

Sin duda un concierto intenso de principio a fin.

 

DEJANOS TU COMENTARIO

Loading Facebook Comments ...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Loading Disqus Comments ...