Crítica Wonder Woman “La princesa…que no llega a reina”

La pelea entre DC y Marvel por ser el rey de la colina del mundo de los comics en sus adaptaciones televisivas y cinematográficas continúa. Si bien es cierto que en cuanto a cartoons ambas andan muy a la par, con nuevas series animadas de Los Vengadores, Spider-Man, DC Girls o la Liga de la Justicia Oscura, en cuanto a las representaciones en carne y hueso la cosa cambia. Cintas memorables de Batman y Superman vienen a nuestra mente, pero en los últimos años Marvel se ha adelantado y ha construido todo un universo cinematográfico que, además en un alarde de genialidad, ha conectado, ganándose el respeto (y adicción) del público para ver cómo continúa la gran historia. Los mutantes de X-Men, los valientes Vengadores, y los interestelares Guardianes de la Galaxia triunfan a cada entrega. Parecía que DC se había contentado con ganarles en la pequeña pantalla con satisfactorias encarnaciones de Green Arrow, Flash y SuperGirl -sin olvidarnos de la anterior y muy admirable Smallville -. Pero Marvel ha pisado el acelerador y, en alianza con Netflix, está produciendo series que, si bien son bastante insulsas, está captando la atención no solo de los viejos aficionados a los comics, si no de nuevos públicos que se acercan por su drama. Así, Dardevil, Jessica Jones, Luke Cage o Iron Fist, todas series exclusivas del videoclub online, son de las series más seguidas en Netflix.

Pero DC no se rinde, y copiando el modelo de multiverso cinematográfico de Marvel ha dicho “me toca”, y ha ofrecido algo que los fans de DC llevaban tiempo pidiendo: La Liga de la Justicia. No era fácil reunir a unos superhéroes que el gran público no conoce tanto como a Los Vengadores, pero DC ha sido valiente y se ha lanzado. Quizás no con la finura de su rival, no presentando una película de cada superhéroe a modo introductorio –incluso se diría que improvisando, por la falta de escenas postcréditos o eastereggs en cintas anteriores- pero tampoco abusando del tirón que las capas tienen ahora en el cine. Con estos antecedentes, Patty Jenkins dirige Wonder Woman, la primera cinta que se centra en este personaje, pilar básico de la factoría DC, con guion de Allan Heinberg y Geoff Johns basado en una historia de Heinberg y Zack Snyder. El filme, protagonizado por Gal Gadot, Chris Pine, Robin Wright, Danny Huston, David Thewlis, Connie Nielsen y Elena Anaya, tiene un cuidado visual impecable, no dejando al azar el más mínimo detalle de lo que los ojos perciben. Gadot encaja tan a la perfección en el papel de la amazona que parece que esté hecho para ella, y las rápidas escenas de acción, con movimientos intensos que nos recuerdan a El Hombre de Acero y a Batman contra Superman: El origen de la Justicia. Es sin duda una cinta de gran belleza en cuanto a su visibilidad, tanto de los personajes como de los escenarios, sin abusar de efectos especiales ni del croma, lo cual siempre es de agradecer y más en estos tipos de cine que tanto se prestan al abuso de la postproducción.

Hasta aquí las virtudes de la cinta, pero por desgracia, abundan más los errores. No se trata de una cinta penosa como fue Green Lantern, más bien es una película que no decepciona, pero tampoco satisface. La acción es sorprendentemente escasa, con solo tres escenas en toda la cinta, lo que hace aburrido el ritmo de la película, que empieza muy prometedora pero se va desinflando poco a poco para remontar en la confrontación héroe-villano final. Otro factor que ayudaría a hacer la película más llevadera y que brilla por su ausencia es el humor. Entendemos que Wonder Woman no es una película cómica, satírica o burlesca, y no es eso lo que vamos a buscar, pero el poco humor que hay es superficial, que no produce ni una carcajada o risa sonante, y eso teniendo en cuenta la veta humorística que da una mujer que jamás ha visto un hombre ni ha vivido en la sociedad de la época, de lo que se podrían sacar más de un chiste que amenice las más de dos horas de cinta.

Pero lo más insatisfactorio no son esos conceptos de dirección en los que falla drásticamente, si no que el ejercicio de guion resulta de una decepción narrativa absoluta, impropia de DC. La compañía de comics puede presumir de tener unos personajes con una profundidad a la que Marvel no puede aspirar, con superhéroes con unos sentimientos humanos muy profundos, con los que el público conecta, entiende, respeta y se enamora platónicamente. Todos tienen una razón de ser, un objetivo, un pasado y un futuro, bien sea un planeta natal extinto, unos padres asesinados, o una cruzada por la justicia divina. Sin embargo, nada de esto se saborea siquiera en Wonder Woman, ya que nos encontramos ante una de las cintas que presentan la construcción de un personaje más pobre de los últimos tiempos. Se podría esperar un mensaje feminista mucho más marcado, y más teniendo en cuenta que la dirección es obra de una mujer, la protagonista es una mujer y la historia es de una súper-mujer. Si bien es cierto que durante toda la cinta es la amazona la que demuestra ser la salvadora y no la damisela en apuros, y tiene un fuerte carácter y una determinación de acero, son varias las escenas en las que por ser mujer, se la aísla, se la encajona en unos estereotipos, y, lo que es peor, no parece enseñar nada a otros personajes femeninos secundarios con respecto a su condición y su situación. Se esperaba mayor compromiso en el filme con un problema social de tal calibre como es la desigualdad de género, especialmente viniendo de un personaje que se ha criado en una sociedad dirigida por mujeres. Hay más feminismo en la frase “yo no son un hombre” que pronuncia Eowyn al matar al Rey Brujo en El Señor de los Anillos: El Retorno del Rey o más recientemente por Carina Smyth en Piratas del Caribe: La Venganza de Salazar, que en dos horas y media de Wonder Woman.

Siguiendo con las preocupantes deficiencias en la construcción del personaje, la escasa atención que se presta a los conceptos filosóficos de la dualidad del ser humano entre su bondad y su agresividad, llama también la atención al tratarse de un factor clave en el objetivo que Diana Prince se autoimpone como protectora de la humanidad. Además, nos encontramos con tres personajes secundarios que, junto al guaperas de turno, un espía americano llamado Steve Trevor, encarnado por Chris Pine, la acompañan en su viaje: un contrabandista nativo americano conocido como El Jefe al que da vida Eugene Brave Rock, un francotirador escocés llamado simplemente Charlie con el rostro de Ewen Bremner, y un espía musulmán maestro del disfraz al que interpreta Saïd Taghmaoui con el nombre de Sameer. Es interesante la escasa participación de estos tres personajes –a destacar la patética participación de Charlie-, y cómo los tres podrían aportar mucho más a la construcción de Wonder Woman para entender que el hombre, a pesar de su agresividad, tiene bondad en el fondo, y siempre es digno de esperanza. El Jefe expresa su amistad con Steve Trevor a pesar de manifestar que el pueblo blanco diezmó al suyo, pero sin citar la idea del perdón; Charlie es un francotirador con traumas por las muertes que ha causado, pero sobre el que jamás se reflexiona que el ser humano sufre por la culpabilidad de sus actos incluso en el sinsentido de la guerra; y Sameer expresa su pasado deseo de dedicarse a otra profesión pero no hace lo mismo con su entendimiento de que no es tan importante lo que se desea hacer por uno mismo, cómo lo que se debe hacer por el bien de todos. Perdón, bondad y sacrificio, todos conceptos que enriquecen la voluntad de Wonder Woman como protectora de la humanidad frente a Ares, que desea su exterminio, pero que no se expresan ni directa ni indirectamente en la cinta, se quedan a las puertas, pero sin aportar más.

Definitivamente, la decepción final de la película es no contar con una escena post-créditos que la conecte con el multiverso que le ha dado justificación a su aparición: La Liga de la Justicia. Wonder Woman es una película que viene a aprovechar el tirón de La Liga, a paliar la espera, pero que sin embargo no lo hace. Podría haber sido una cinta que aprovechara para presentar al gran público un personaje no tan conocido, construido sólidamente, con un potente mensaje feminista, y sin embargo no lo hace. Es un filme que podría haber dado mucho más de lo que da…y sin embargo no lo hace.

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