Crítica: Tau ‘La más vieja historia contada de la forma más moderna’

Érase una vez que se era en un reino muy lejano, dónde un mago malvado que vivía en un castillo rodeado de sirvientes encantados raptó a una joven doncella y la puso a la custodia de un dragón temible. Sin embargo, usando su astucia y sus encantos la doncella se hizo amiga del dragón y tramó su huida. ¿Hasta aquí lo tenemos? Pues ahora cambiemos: ‘mago malvado’ por ‘genio tecnológico despiadado’, ‘castillo con sirvientes’ por ‘casa inteligente llena de minirobots’ y ‘dragón temible por inteligencia artificial’. En resumen, eso es ‘Tau’ (2018). Que no se me malinterprete, por una vez no voy a acusar a una cinta poco original de ser…bueno, poco original. No percibo que su intención sea ser original. Su intención es contar una historia clásica de la forma más moderna, más aplicable al siglo XXI (o XXII o XXIII por su visión futurista). Parece que Netflix le está cogiendo el gusto a eso de la ciencia ficción tras adquirir títulos como ‘Star Trek’ y ‘Black Mirror’ o estrenar otros como la novísima ‘Primero Bésame’. Parece que la ciencia ficción está de moda.

Federico D’Alessandro firma este film que mezcla thriller y ciencia ficción de una forma, eso sí, fresca y novedosa. El uruguayo es conocido por formar parte del equipo artístico de grandes cintas de la factoría Marvel como ‘Doctor Strange’ (2016), ‘Ant-man’ (2015) o ‘Capitán américa: el primer vengador’ (2011) entre otros muchos títulos. Es evidente que su maestría artística, su toque fotográfico visual y a la vez didáctico, supera la de dirección, siendo capaz de jugar con elementos especiales de forma elegante y bella a la par que siniestra y sanguinaria, pero sin conseguir sacar todo su jugo a sus actores. En el reparto, tras las primeras escenas, solo quedan Maika Monroe como Julia, una ratera de poca monta secuestrada por un despiadado genio multimillonario que quiere experimentar con ella, y Ed Skrein como Alex, el susodicho genio malvado sin escrúpulos. Monroe además hace las veces de productora del filme; y a Skrein se le conoce por sus papeles en ‘Deadpool’ (2016) y ‘Juego de Tronos’, e incluso estuvo a punto de aparecer en ‘Hellboy’ (2019), pero incompatibilidades raciales con el personaje de Benjamin Daimio, de origen asiático, por críticas de racismo. Para culminar el reparto llega la guinda del pastel, el oscarizado Gary Oldman, que presta su voz a Tau, la inteligencia artificial que controla toda la vivienda dónde Julia está presa y Alex experimenta. Tras recibir la dorada estatuilla por su sublime encarnación del ex primer ministro británico Winston Churchill en ‘El instante más oscuro’ (2017), y con una filmografía tan extensa como excelente e impoluta, Oldman ahora presta su voz a esta máquina autoconsciente y compleja capaz de sentir emociones y aprender.

Tau tiene sonoros y rechinantes parecidos con otra inteligencia artificial, está más siniestra, que es HAL 9000, quién controlaba toda la nave en la mítica ‘2001: odisea en el espacio’ (1968), del fantástico Stanley Kubrick. Quizás sea a propósito y se trate de un homenaje, pero hasta el icono redondo tipo ojo de pez dentro de un triángulo que pone ‘’rostro’’ a Tau se parece peligrosamente a los ‘’ojos’’ de HAL, y dónde uno es afable el otro es siniestro, y dónde uno goza de la voz de Gary Oldman el otro se sirve de la de Douglas Rain. En cuanto al ritmo, su evolución es correcta, ni rápida ni lenta, sino justa. La evolución de Julia y Tau es simbiótica y a la par, lo que sirve muy bien para construir sólidamente la narrativa de la cinta. Sin embargo, por su parte Alex es un enigma pues a pesar de que quedan claras sus motivaciones, muestra una impulsividad y un carácter pasivo-agresivo que ni crecen ni menguan en toda la cinta, y son impropias de un frío genio tecnológico que vive tan aislado del mundo rodeado de máquinas en lugar de seres vivos. Es un fallo de la película: la escasa profundidad del personaje, tan plano, previsible y típico como cualquier villano de película de dibujos animados disneyana, aunque la interpretación de Skrein sea fina y elegante.

‘Tau’ no es otra de esas cintas que Netflix crea para rellenar, escasa en talento, medios y producción, y sin embargo, algo le falta. O quizás algo de todo. Si tomamos como base cualquier capítulo de ‘Black Mirror’, al final siempre hay un giro de guion sorprendente a la par que moralizante, pero ‘Tau’ es solo la historia de una víctima de secuestro amiga de la mascota de su captor. Es una cinta hecha de manera sosegada, y no deprisa y corriendo. Desarrollada de forma acertada, y no en busca del beneficio económico. Producida con atención al detalle, y no sin ton ni son. Pero le falta una vuelta de tuerca a la narrativa que aporte ese toque especial que hace que la historia pase de mundana a única, de vulgar a memorable. Quizás se deba a la falta de otros personajes que den juego, al escaso castigo final que recibe el villano que deja una sensación gratuitamente agridulce, o quizás la ilógica resolución final. La cuestión es que la historia, que debería ser el punto más fuerte y sólido de la cinta, se convierte, lamentablemente, en el más débil, y eso se paga.

Cómo diría Churchill (quizás con la voz de Oldman): ‘’Un optimista ve una oportunidad en toda calamidad, un pesimista ve una calamidad en toda oportunidad’’.

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