Crítica: Piratas del Caribe: La Venganza de Salazar “Una nueva aventura que ya huele a reinicio de saga”

Tras su estreno el 26 de mayo, Piratas del Caribe: La Venganza de Salazar (Pirates of the Caribean: Dead Men Tell No Tales), ha abordado la taquilla consiguiendo ser la película más taquillera de la franquicia Disney en el primer fin de semana de este 2017. ¿El motivo? Una cinta que contiene todo lo que hizo triunfar a la primera entrega de la saga, Piratas del Caribe: La maldición de la Perla Negra: una historia de amor no demasiado empalagosa, que engancha y no se resuelve ni demasiado rápido ni demasiado lento; una aventura llena de acción veloz, momentos llenos de adrenalina e incluso algún susto; una buena dosis de fantasía sobrenatural, con un villano llegado del más allá para cobrarse su justa venganza; y, por supuesto, unos momentos cómicos desternillantes a cargo de un Johnny Deep que vuelve a bordar el papel de Jack Sparrow que tan magníficamente construyó en su día.

La saga del capitán Sparrow ha sufrido un desgaste monumental a lo largo de los años, pues si bien las dos primeras cintas mostraban una visión fantástica de la piratería y de los mitos del mar, la tercera, Piratas del Caribe: En el Fin del Mundo, tiene una carga narrativa penosa, ilógica y que no convence, por no hablar de que su planteamiento apocalíptico para la piratería al enfrentarse a la Armada Real Británica en su conjunto, tiene una resolución extremadamente rápida e insípida. Pero nada de esto puede compararse a la totalmente decepcionante Piratas del Caribe: en Mareas Misteriosas, dónde se nos ofrece una cinta insulsa, que desde el primer minuto deja un regusto a estar forzada para aprovechar aún el tirón de la saga, pero dónde la narrativa es enrevesada y sin sentido, y el villano poco construido, sin exponer su razón de ser, o cómo obtuvo sus poderes. ¿Simplemente es muy malo y ya está? ¿Acaso es una película de dibujos animados para niños? No. Ni siquiera las siempre magníficas interpretaciones de Deep, Cruz, Rush y McShane pudieron levantar el nivel de una cinta con sabor a refrito, o, si se prefiere, reboot –que en inglés suena algo mejor-.

Pero la nueva cinta, dirigida por Espen Sandberg y Joachim Rønning, destila ese sabor a nueva entrega de saga, con nuevos personajes que prometen tener una larga vida cinematográfica llena de aventuras, y planteando nuevas preguntas que aún no han obtenido respuesta, pero que está claro que la tendrán. Retorna a los orígenes de la saga, con personajes que incluso son descendientes de aquellos que construyeron los inicios de esta “piratesca” aventura. La acción a raudales, los poderes sobrenaturales y un villano víctima de su propio destino y obsesionado con la venganza son los ingredientes maestros que cautivaron a la taquilla allá por 2003 y que ahora, 14 años después, vuelven a lograrlo.

Una mención especial merece nuestro compatriota Javier Bardem, pues el oscarizado canario construye su papel con una maestría y una elegancia que ensalzan la cinta por completo. No es sólo lo atrayente de su carácter de fantasma vengativo, algo que está dentro de la psique humana y siempre llama poderosamente la atención. Es que incluso su forma de blandir la espada, cual estoque de torero, no es mera casualidad (no es mi deseo hacer spoiler del sobrenombre de Salazar), y la buena presencia que le otorga al personaje, lo convierte en un villano de esos que hace historia. Lo cierto es que la elección del actor español para dar vida a un villano tan bien construido por los guionistas, con un origen bien definido, que explica no sólo su obsesión por Sparrow, si no el propio origen del nombre del extravagante capitán pirata, supone un aliciente para esta nueva saga de las aventuras de corsarios y bucaneros, de piratas y bandidos de alta mar. Si se mantiene este nivel, la nueva saga supondrá un éxito rotundo.

¿Y estará Jack Sparrow en esta nueva saga? Hubo rumores de que esta nueva entrega sería la última en la que veríamos a Johnny Deep con sombrero de capitán, pero Jerry Bruckheimer, productor de la franquicia, fue rotundo al respecto: “Sencillamente, no lo veo. El secreto del éxito de cualquier franquicia es elegir a gente con talento, y Johnny es absolutamente fundamental en el éxito de ‘Piratas’. Es personaje único, adorable e irreverente, todo en uno”. Es más, ahora que en esta cinta por fin se profundiza en el enigmático pasado de Sparrow –en el que en cintas pasadas sólo se daban pinceladas mediante menciones sutiles-, y teniendo claro que alrededor del capitán de la Perla Negra giran todas las aventuras y los villanos sobrenaturales, por no hablar de lo cómico de la cinta, eliminar el personaje sería como eliminar un pilar básico.

Por ser objetivo, y muy detallista, esta nueva entrega supone tanto un nuevo inicio de saga que el único fallo de la cinta reside en su conexión narrativa con las anteriores entregas. El origen de la mágica brújula de Sparrow que muestra aquello que más se desea, contradice el ofrecido en Piratas del Caribe: El Cofre del Hombre Muerto, dónde se decía que se la compró a Tía Dalma, interpretada por Naomie Harris; y la maldición que convertía a Davy Jones y su tripulación en seres mitad humano mitad criatura marina (que recordemos se debía a que Jones tenía la obligación de rescatar las almas de los muertos en el mar sin poder tocar tierra más que una vez cada diez años, pero al empezar a reclutar a los caídos en el mar, fue castigado con esa nueva forma híbrida) y que Will Turner rompe al final de Piratas del Caribe: En el Fin del Mundo al convertirse en nuevo capitán del Holandés Errante, le afecta ahora inexplicablemente y sin ofrecer ninguna pista al respecto.

Ciertamente, la nueva cinta supone tanto un nuevo origen que han querido hacer borrón y cuenta nueva, incluso dejando un par de cabos sueltos que un espectador con memoria para la narrativa no puede dejar pasar, pero que, por lo demás, ofrece una nueva esperanza para una historia de aventuras en alta mar. Incluso la escena post-créditos ofrece una pista de cuál será el siguiente paso de la saga, con un antiguo villano que vuelve a reclamar lo que es suyo. ¡Que sople fuerte el viento, y cantad: un gran pirata soy!

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