Crítica: No soy un hombre fácil

Netflix sigue llenando su cartelera propia de títulos de lo más variado, desde la comedia más aberrante al terror puro. En esta ocasión pone toda la carne en el asador para mostrar una realidad más presente de lo que podría imaginarse. Se toma muy en serio el papel del cine como contador de historias moralizantes para aprender a vivir en sociedad y da no un paso, más bien una carrera adelante, en una cinta a todas luces de obligada visualización. No soy un hombre fácil es otro ejemplo más del cine francés, siempre comprometido en su contenido (a diferencia del patrio, que destaca por la comedia autonómica y lo puramente morboso) con la firma de la cineasta feminista EleonorePourrait. Esta escritora, actriz y directora nos plantea una idea interesante: ¿Qué pasaría si el mundo estuviera bajo la supremacía de la mujer?

Esta idea tiene toques que ya conocemos con un publicista/ejecutivo machista de éxito tanto en el trabajo como en las sábanas que pone su punto de mira sobre una ejecutiva segura de sí misma que se le resiste, sufre un accidente y empieza a ver el mundo desde su punto de vista. Si ponemos a Mel Gibson y a Helen Hunt ya tenemos En qué piensan las mujeres del ya muy alejado 2001. En la propuesta de Porrait se va más allá, pues no solo propone una situación en la que el protagonista ve los problemas de las mujeres a su alrededor, no solo sufre en sus carnes el reverso de la moneda con la que está acostumbrado a pagar, sino que realmente se nos muestra un mundo lleno de actitudes de género que tenemos normalizadas para demostrarnos así lo absurdas que son. Y es que Damián, un auténtico machista que no tiene reparos en piropear a las mujeres a gritos en la calle, categorizarlas por su físico o tratarlas como objetos sexuales para usar y tirar, gratamente interpretado por VincentElbaz, tras sufrir un golpe en la cabeza despierta en una realidad alternativa en la que las mujeres son el sexo dominante.

Ahí se sentirá atraído por Alexandra, a quién da vida magistralmente Marie SophieFerdane, una escritora de éxito que es su reflejo: egoísta, conquistadora, arrogante, sexista…Su relación tendrá subidas y bajadas hasta que ella lleve a cabo un acto final heroico para redimirse de su anterior comportamiento. Esto ya presenta una novedad cinematográfica, pues vemos como los papeles se invierten en la clásica comedia romántica en la que él es un sujeto reprobable y ella la interesada pero reticente a sus encantos. Aquí será el hombre quién sufra, quién sea objeto de manipulación y engaño, quién sea tratado como un objeto. Aunque en sí la trama sea sin lugar a dudas el punto más débil de la cinta por su escasa novedad y a veces excesiva seriedad, lo que penaliza la cinta por el peso siempre importante de una buena historia, este giro de los acontecimientos es ya motivo suficiente para su visualización.

Pero aquí es dónde empieza lo bueno. Porrait realiza un ejercicio de serenidad y reflexión para señalar con elegante sutileza toda actitud micromachista (o no tan ‘’micro’’) de nuestro mundo, plasmándolo en un reflejo feminizado. Así, vemos una sociedad en la que se observan todo nivel de conductas sexistas: desde momentos casi simpáticos en los que Damián tendrá que someterse a depilación y maquillaje o vestir de forma más provocativa para realzar sus encantos físicos (aquellos por los que más se le valoran); o ver a sus padres con un cambio de roles que desentona para el espectador, con un padre comprensivo y cariñoso y una madre dura y áspera. En este nuevo mundo las mujeres copan los puestos de liderazgo de las empresas, abusan de sus empleados varones, ven el deporte mientras los hombres cocinan y se encargan de la casa e hijos, son infieles ‘’por naturaleza’’, son egoístas en la cama, someten a abusos sexuales, denigran a los hombres que luchan por la igualdad (que en este mundo son llamados ‘’masculinistas’’) con los que se hace claro reflejo de las etiquetas que sufren las mujeres feministas como radicales, sanguinarias o lesbianas. Si se tiene el ojo lo suficientemente atento incluso se ven ejemplos de cosificación del cuerpo del hombre en el cine, la separación de género en rituales sociales como las bodas o el arreglo de un coche, y cómo los hombres son tratados como objetos decorativos en múltiples ocasiones. Es más hasta tiene el valor de insinuar cómo, en nuestro mundo, ciertas actitudes machistas favorecen a cierto colectivo de mujeres (las jóvenes y atractivas, en esencia) pero de una forma sexista e inapropiada.

Es en este punto dónde radica el éxito de la cinta. Cómo película de ficción narrativa es ciertamente algo pobre y muy previsible por ser otro ejemplo más de comedia romántica con un plus de cambio de roles. Pero es en su valor de documental ficcionado dónde No soy un hombre fácil gana todo su peso de cinta de obligada visualización para educar en la equidad. Sin caer en el alarmismo o la radicalidad gratuita que siempre resulta más atractivo para la masa, EleonorePourrait nos propone un verdadero ejercicio individual de reflexión feminista sin fisuras, bien construido y solvente por sí mismo, señalando cada diferencia de género que en nuestra sociedad están asumidos por hombres y mujeres, normalizados, para, a través de lo distópico y disonante, mostrarnos lo erróneo de su mera existencia. Así, nos invita a destruir este modelo de sociedad dispar en el que actualmente vivimos para no perpetuar más unas diferencias de género que no son más que construcciones arbitrarias para someter a una parte de la sociedad. Para asegurarse de que el público hará la reflexión oportuna la última escena de la cinta muestra a nuestros dos protagonistas en el mundo, por desgracia, real, en una manifestación feminista para que nos entre por los poros esa sensación de empatía absoluta que va más allá de las palabras.

Supone un flagrante error de concepto etiquetar No soy un hombre fácil como una mala comedia romántica (que ciertamente lo es) y no como una magistral obra de docuficción (que es de lo que realmente se trata). Y en este sentido supone un medicamento contra el machismo social que no solo denuncia actitudes flagrantes, sino también esos muy peligrosos micromachismos que son la antesala de delitos contra la vida de la mujer. Una obra del cine verdaderamente magistral que es motivo más que suficiente para hacerse socio de Netflix. Mercibeaucoup.

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