Crítica: ‘Hija de su padre’

Entre aventuras de superhéroes con poderes divinos, historias terroríficas con asesinos fantasmales, comedias románticas divertidas pero inverosímiles, y toda la panoplia de géneros que puede presentar el séptimo arte, a veces sale a la superficie una cinta que conecta contigo como espectador de una forma muy personal. Este cine intimista generalmente se aleja de las grandes historias, y resulta complicado para cualquier actor o actriz ponerse ante el reto de interpretar una historia con tantos matices diferentes. Para los directores es arriesgado hacer este tipo de comedia discreta pero con fuerza, con un guion anodino, sí, pero muy veraz. Este tipo de cintas son el terror de las productoras, ya que raramente ofrecen grandes beneficios, sino que son más del gusto de un público con mucho interés que descubre pequeñas perlas como estas sin saberlo. Generalmente, este tipo de guion se disfraza de cinta de época para ofrecer un gancho para el gran público, con lo que se desvirtúa el objetivo empatizador de la misma. Pero Netflix ha sabido hacerlo correctamente con ‘Hija de su padre’(2018).

Lauren Miller Rogen firma y dirige este filme, y eso siempre es un acierto. Cuando un director escribe su propia obra esta siempre, siempre, goza de una solidez mayor, se percibe mucho mayor cuidado de los detalles que cuando simplemente se limita a dar forma al encargo de una productora. ‘Hija de su padre’ (2018) muestra en cada fotograma este tipo de trabajo cariñoso para dar a luz a una cinta muy cuidada y especial. Nada en el guion se deja a la improvisación y la imaginería del espectador, sino que está profundamente bien construido y explicado con coherencia y esmero. La química conseguida entre Kristen Bell y KelseyGrammer es sublime, sabiendo interpretar a la perfección no solo sus respectivos papeles de hija distante y adicta al trabajo o de padre ausente, arrepentido y vulnerable, sino que consiguen juntos unificar ambos personajes para lograr un todo mayor que la suma de sus partes.

Bell, a pesar de su juventud, ha demostrado una y otra vez su fuerza interpretativa ya sea en drama o en comedia, en papel protagonista o secundario, desde que se diera a conocer como ‘Verónica Mars’ en la serie homónima allá por 2004. Es una de esas pocas actrices cuya belleza le llevó a estar delante de la cámara pero que es su talento lo que la mantiene ahí. Por su parte poco se puede decir de Grammer que no sepamos. Es fácil presuponer lo que este papel de padre ausente ha debido significar para él, pues personalmente sólo vio a su padre en dos ocasiones antes de que lo asesinaran en el jardín de su propia casa. Es uno de esos profesionales de la interpretación que le tiene tan bien cogido el punto y las variantes a un enfoque estándar que no hay reto que se le resista, por no hablar de su valentía interpretativa. No en vano hablamos de un galardonado con el Emmy y el Globo de Oro y, lo que es mejor aún, con la voz del mismísimo Actor Secundario Bob en ‘Los Simpsons’.

En esta cinta Kristen Bell interpreta a Rachel Hamilton, una exitosa publicista a la que plantan en el altar por su adicción al trabajo, y a su boda acude su padre, Richard, al que pone rostro KelseyGrammer, quién la abandonó en su niñez también debido a su adicción al trabajo. Ambos acaban accidentalmente juntos en el crucero que Rachel tenía contratado en su luna de miel, y será el momento idóneo para su reencuentro y reconexión como padre e hija, acompañados de un variopinto grupo de parejas en el mismo tipo de viaje, así como otros personajes puntuales. Entre ellos destaca Jeff, un divorciado al que da vida un casi irreconocible SethRogen. Y decimos irreconocible porque la delgadez del actor choca con su imagen clásica, porque su papel carece de la más mínima irreverencia típica del actor, e incluso se jacta orgullosamente de no consumir droga alguna, lo que resulta cómico en comparación con otros tantos papeles que ha interpretado en el pasado. Aquí, Rogen es casi el guaperas de la cinta, dolido y emocionalmente inestable tras un divorcio, pero guaperas.

El guion de la cinta evoluciona a buen ritmo mostrando una relación creciente de familiaridad entre padre e hija, desde el proteccionismo típico de un padre al que le cuesta aceptar que su hija adulta practique sexo, a las más que razonables dudas sobre la sinceridad de un padre que ha estado ausente toda su vida. Al final, ambos reconocen elementos de sí mismos en el otro, y buscan como volver a conectar y cambiar ciertos aspectos negativos de su obsesiva personalidad. La cinta no supura comedia, si bien tiene momentos simpáticos que relajan su dramatismo para no hacerla incómoda, ni es dramática, si bien el fondo lo es. Más bien es un híbrido bien logrado, una historia simpática y coherente con la realidad cotidiana del espectador. Aunque podría gozar de más momentos cómicos, que es quizás el punto flojo del filme: su desequilibrio entre momentos tensos y cómicos o lo poco hilarante de estos últimos. Si bien se trata de una historia muy particular, el verdadero éxito de esta cinta es su discreta empatía, su laborioso trabajo de ofrecer una narrativa en la que el espectador pueda reconocerse de alguna forma en su propia relación paterno-filial.

Una cinta sencilla de ver, simple de olvidar, pero con un regusto reflexivo que llega sin avisar.

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