Crítica: ‘El paquete’

‘Hoy en día el hombre conoce el precio de todo y el valor de nada’ decía Oscar Wilde. Pues bien, podemos decir sin temor a equivocarnos que las nuevas generaciones, en cuanto a cine se refiere (y seguramente en otros muchos aspectos, pero no son de la índole de esta reseña) les pasa lo mismo. Creen haberlo visto todo, pero no han visto nada. No solo por la abrumadora oferta que tanto en series como en largometrajes ofrece esta nueva época del entretenimiento audiovisual, sino porque el cine ha derivado al sensacionalismo, a la espectacularidad, a ir siempre más allá. Y a veces, lo mejor es quedarse más acá. Que no se malinterprete: nadie pasa a la historia por hacer cosas que ya otros han hecho, eso es evidente. Nadie recuerda al segundo que llegó a América. Pero innovar no es sinónimo de arriesgar. Una buena cinta puede ser innovadora por revivir a un género en desuso con un enfoque fresco, y si no que se lo digan a ‘Lalaland’ (2016). Pero arriesgar simplemente yendo más allá de la irreverencia para así intentar disfrazar tu propuesta de innovación, es un gran error. Un error en el que Netflix ha caído con ‘El paquete’ (2018).

Evidentemente estamos ante una cinta que ni sus propios autores piensan que tendrá mayor trascendencia que la de llenar un par de horas del entretenimiento de nuestros conciudadanos postadolescentes, pero no por ello se ha hecho con prisas. Jake Szymanski dirige esta cinta como él sabe, con su toque de comedia gamberra cargada de alusiones a otros elementos de la cultura Pop que ya hemos podido ver en sus anteriores trabajos. El guion lo ponen Kevin Burrows y Matt Mider, que saben ofrecer una historia para un público muy concreto y de paso entretener al resto. Un reducido y joven reparto formado por Daniel Doheny, SadieCalvano, Geraldine Viswanathan, Luke Spencer Roberts y Eduardo Franco ponen rostro a los personajes de la cinta, cinco adolescentes que deciden irse de acampada al bosque para beber y festejar, y dónde uno de ellos tiene un accidente fálico extremadamente desagradable. Si bebes, no orines con una navaja en la mano.

Aunque este jovencísimo reparto actúa con eficacia, no todos lo hacen con igual habilidad. Eduardo Franco es sin duda el más dotado para esto de la comedia, y se trata de una estrella en alza en el género que probablemente veamos crecer en el futuro. Junto a él destaca Sadie Calvano, muy conocida por su papel de Violet en la serie de CBS ‘Mom’. Calvano demuestra más experiencia interpretativa que sus compañeros, y si bien le queda mucho por aprender, sus interpretaciones, aunque un tanto repetitivas, son creíbles. Lamentablemente no puede decirse lo mismo de sus compañeros, que parecen forzados y estáticos. También merece la pena destacar la fugaz aparición de Blake Anderson, ya mítico por su papel de Blake Henderson en la comedia irreverente ‘Workaholics’ de Comedy Central. Anderson es un verdadero maestro en esto de la comedia juvenil gamberra y desenfadada a más no poder, y su presencia en la película supone una simpática guinda para reafirmar el espíritu gamberro de la misma.

En lo que a producción y fotografía se refiere la cinta es bastante pobre, una de esas que Netflix usa para llenar cartelera sin vaciar las arcas. Sin embargo, para lo que se pretende contar, es suficiente, incluso existen alusiones al más puro estilo Pop a otras obras del cine como ‘E.T. (1982). El guion no es mucho mejor, ya que aunque presenta cierta habilidad para liar y reliar la trama más allá de lo necesario y no por eso perder interés, la basé de su entretenimiento es un dialogo soez, escenas obscenas y asquerosas en exceso. Unas pocas están bien para dar el punto de comedia irreverente, pero una tras otras solo sirven para demostrar que no hay guion inteligente detrás, solo una sucesión de asquerosidades para provocar la risa del espectador más elemental. Aunque, en honor a la verdad, existen algunas alusiones a otras cintas, como ‘La bella y la bestia’ (1991), que demuestran una cierta inteligencia básica en la elaboración del guion, pero son momentos muy puntuales.

Estamos ante una de esas cintas que hará que muchos barbilampiños, especialmente varones, se rían a carcajadas antes de salir de botellón, pero que para los demás requerirá un gran esfuerzo por aguantar hasta el final…o una gran pereza por alcanzar el mando y cambiar de película.

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