Crítica a «Sólo un mundo» de Javi Ruibal

Javi Ruibal es de sobra conocido por cualquier amante de la slow music por sus trabajos como percusionista y baterista en Glazz, o por colaboraciones con grandes de la talla de Guillermo Mcgill, Valentin Iturat, Ruy López Nussa o Ian Froman, entre otros. No lo vamos a negar, tambien por ser el hijo de quién es, nada menos que el magnífico cantautor gaditano Javier Ruibal 

Hace poco nos presentaba su primer trabajo personal, su ópera prima que llega de la mano del buen hacer y la experiencia de quién lleva ya mas de 15 años sobre los escenarios, «Sólo un mundo«.

Si tuviéramos que definir en una primer frase este disco podríamos decir que es un viaje por el mundo de los sueños, donde se mezclan lugares, idiomas, ritmos y sensibilidades, para exponer un corazón abierto al mundo y sus gentes.

Y es que la primera vez que lo escuché me transmitió justamente eso, una cadencia muy particular hacia lo que nuestros sentidos perciben de todo lo que nos rodea. Un amor incondicional.

En palabras del propio autor: 

“Solo un mundo” es mi particular reflexión sobre los lazos que la música, como lenguaje universal, nos ofrece para entendernos, respetarnos y cuidarnos unos a otros. La música es el lenguaje con que se expresa la voz del alma humana. Mi intención es usarla para proclamar que este mundo es nuestra casa, una casa que todos los seres compartimos y debemos cuidar. Esta colección de canciones llevan un esperanzado mensaje de conservación y profundo respeto por la naturaleza y nuestro medio ambiente. Sirva este aliento musical para que demos un paso en la buena dirección y dejemos a las generaciones venideras un planeta lleno de salud y de vida. Porque tenemos solo un mundo. Aun estamos a tiempo de conservarlo. Empecemos por soñarlo y amarlo. 

Si nos metemos un poco más en el trabajo esta claro que no hay una manera clara de definir los ritmos, melodías y estilos utilizados en las distintas composiciones. Tanto es así que durante los 8 temas nos encontraremos estilos tan dispares como los ritmos calurosos latinoamericanos, los acordes exóticos de los balcanes, la raíz de África, bosques ingleses y su magia élfica y el familiar sonido del parque de Doñana. Expresar todo esto con una base rítmica reconocible, si has seguido la trayectoria de Javi con Glazz, con el trasfondo del jazz y pidiendo prestados ritmos ajenos y que salga bien es un arte al alcance de sólo unos pocos.  

Pero al final hay que unirlo todo de la manera más fluida posible, y para ese menester el señor Ruibal se ha juntado con alguien a quién conoce muy bien, pues llevan más de 15 años trabajando juntos, José Recacha. Bajo su batuta la producción parece sencilla, casi evidente, cuando es palpable la gran dificultad que ello conlleva. 

Si a todo ello le sumamos la gran cantidad y calidad de colaboradores que lo acompañan, como son Dorantes, Javier y Lucía Ruibal, Francis Posé, Daniel Amat, Jose Recacha, Munir Hossn, Diego Villegas, Nestor del Prado, Daniel Escortell, Javier Prieto, Papa Diga Boubacar, Manuel Ballena, Javier Jimeno y Alejandro Tamayo, esta claro que no estamos ante un proyecto vacío, ni improvisado. No hablamos de un desquite personal, de sacar lo que se tiene dentro por, simplemente, dejar la huella egoísta y egocéntrica de quién se ha visto toda su vida sobre el escenario pero sin poner su nombre con letras de neón. Esto no es algo vanal, la esencia del proyecto trasciende la persona, y aunque surge de ella, no se limita a la autocomplacencia, sino que nos hace partícipe de ese viaje, de esa exploración, y nos alienta a compartirlo con los que nos rodean. Contagiarles las ganas de descubrir y cuidar todo el maravilloso mundo que nos rodea. 

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