Clan Sonadors unen clásica y contemporánea en la Sala Turina

Fotografías por Javier Sierra

Sala Joaquín Turina, 09/03/2016

« Beethoven no yace aquí… » fueron las palabras que pronunció Franz Schubert en su lecho de muerte, y que han servido a su vez de título para este original concierto que nos ofrecieron Diego Montes y Clan Sonadors en la tarde del miércoles.

De todos es sabido que la música académica contemporánea no goza de muchos adeptos entre el público común. Sobre todo por ser un movimiento –en líneas generales- que busca la experimentación sonora huyendo de la tonalidad y evitando melodías reconocibles; dando en el mejor de los casos como resultado una música “rara” de difícil comprensión, e indigesta para oídos poco avezados en estos terrenos musicales un tanto pantanosos.

Se podría decir incluso que la música contemporánea está justo en la orilla opuesta de la música del periodo clásico, rebosante ésta de melodías y estructuras armónicas bellas y perfectas. Cruzar el puente que separa ambas orillas, era precisamente la tarea en la que se embarcaron Diego Montes junto a Clan Sonadors, dando forma a este variado y didáctico concierto.

Al comenzar, en un diálogo a tres, el propio Diego junto a otros dos actores situados a derecha e izquierda del patio de butacas, nos hicieron reflexionar a modo de introducción sobre estas dos orillas, y la importancia de la existencia de ambas, recordándonos también de forma amena algunos datos relevantes sobre la biografía de Franz Schubert, como el hecho de que murió sin haber recibido ningún tipo de reconocimiento por su obra, y que a pesar de haber vivido sumido en la pobreza, su música está constantemente impregnada de una luminosidad inconfundible, algo que se traduce en la visible satisfacción del músico que lo interpreta, pero también en el público que disfruta escuchándolo.

Los Octetos de Schubert reúnen el mejor lirismo de la época clásica post-Beethoven, pero también son una ventana a la imaginación ensoñadora de la época romántica que estaba a punto de surgir en Europa. Clan Sonadors demostraron sobradamente su dominio en estas lides, haciendo gala de una simbiosis perfecta entre ellos al afrontar los pasajes de escritura mas enrevesada, así como en la delicada sutileza de los Adagios y Andantes. El Schubert mas inspirado parecía que daba la oportunidad a cada uno de los intérpretes de demostrar su buen hacer, otorgando a cada instrumento su momento de protagonismo, y dejándonos algunos momentos realmente memorables de extrema belleza y melancolía, donde Mercedes Ruíz con su violonchelo conmovió a todos con su virtuosismo.

Diego Montes, muy seguro al clarinete, dirigía al resto de músicos solo con miradas o gestos, y salió airoso de los compases mas desafiantes escritos para su instrumento, voz principal en la mayoría de los movimientos.

A destacar sin duda alguna la maestría con mayúsculas de la talentosa violinista Mariarosaria D’Aprile, que nos dejó a mas de uno con la boca abierta, y nos regaló los oídos tanto en los líricos fraseos del Schubert mas melodioso, como en la precisión de los vivaces y enérgicos pasajes mas rápidos.

La música contemporánea hizo su aparición – como ya adelantamos antes – a lo largo del concierto. Fue en forma de dos piezas breves del compositor alemán Thomas Stiegler (1966), que Diego intercaló hábilmente entre los tres Octetos de Schubert. Sumergidos en la oscuridad, siendo los flexos de los atriles la única fuente de luz, y ayudados por la ambientación que aportó la propia audiencia con el sonido de plástico de burbujas, (que previamente se había repartido a los asistentes), pudimos experimentar el sonido abstracto, hipnótico y minimalista que que el violín, el cello y el clarinete eran capaces de generar. Una experiencia acústica completamente diferente y contrapuesta a la luminosidad de Schubert, pero no por ello menos evocadora o sugerente.

Al salir del concierto, uno se pregunta: ¿Se puede innovar, ser didáctico, y tentar al público para mostrarle la puerta a un nuevo y posiblemente desconocido mundo musical? Diego Montes nos demostró que sí se puede. Como viene siendo ya habitual, siempre surgirán voces que clamen al cielo ante algo original o atrevido dentro de una sala de conciertos. Pero, por mucho que les pese, la única verdad en el mundo es que todo está siempre en constante movimiento, cambiando y evolucionando. Si no fuera así, la música tampoco habría evolucionado, y nos habríamos perdido tanto a Schubert como a Stiegler, además de todos los que nos quedan por escuchar en el futuro.

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