CINE: Una luz en la oscuridad

Texto: Javier Errecarte

CINE es una obra íntima, social, política e inteligente. La pregunta de quiénes somos es la columna vertebral sobre la que se sostendrá toda la trama, encabezada por Pablo, un hombre que inicia un viaje en busca de su propia identidad y la de sus padres biológicos.

Es una obra inteligente por varios motivos: La Tristura tiene claro sus objetivos, el lugar y el momento en que vivimos. ¿Cómo llegar a un público contemporáneo, un público capitalista, cómodo, contaminado de estímulos audiovisuales, difícil de sorprender y demandante de entretenimiento? La punta de lanza es el lenguaje cinematográfico, explotado con belleza y originalidad en toda la puesta en escena. Los espectadores escuchamos toda la obra con auriculares, percibiendo en un primer plano todo lo que vemos. Frente a nosotros una cortina transparente cubre todo el escenario a través de la cual veremos toda la escena, teniendo la sensación de estar frente a una pantalla de cine, ante una gran pecera y tal vez ante un espejo. Las luces, el sonido ambiente, la escenografía y el ritmo escénico se combinan y completan con éxito la intensión de transmitir la sensación de estar viendo un cine vivo.

Podría continuar describiendo más detalladamente cada aspecto técnico, elogiando la interpretación, la música, la dramaturgia, la poesía, la vanguardia, etc, etc. Pero si bien cada engranaje encaja a la perfección en un todo que logra mantenernos entretenidos y atentos en todo momento, no quiero desviarme del tema central e imprescindible que atraviesa esta obra: CINE denuncia y visibiliza la ignorancia de la sociedad española respecto a los que se calcula fueron 300.000 bebés robados durante el Franquismo y los primeros años de democracia posteriores. Como dice Pablo, el protagonista, en un momento clave de la obra: “¿Tu sabes cómo dicen en los telediarios en Argentina cuando encuentran un niño robado? Dicen ‘encontrado el 119’ o ‘encontrado el 120’. No tienen que empezar una noticia diciendo ‘señoras y señores hace 40 años en la dictadura militar presuntamente se robaron unos niños y ahora haciendo las pruebas de ADN…’, no, no. Dicen: ‘encontrado el 121’ y ya”.

La Tristura nos propone desafíos intimidantes tales como despertarnos e involucrarnos. Y no me refiero a hacerlo durante los casi ochenta minutos que dura la obra, sentados en la butacas como meros espectadores. Lo intimidante para el espectador contemporáneo es que la tarea encomendada implica movimiento. Movimiento de búsqueda en la oscuridad, ante el espejo, en la sociedad, en cada día, en la memoria, en la historia. Salir del teatro Central con la sensación de haber recibido un tirón de orejas y tarea para hacer, es el mejor síntoma para reconocer que lo que acabamos de experimentar es buen teatro. Y en el mejor de los casos, quien dice, quizás algún Pablo vea la obra y se anime a emprender su viaje.

Obra: CINE
Compañía: La Tristura

Texto: Itsaso Arana y Celso Giménez
Actúan: Pablo G. Díaz, Fernanda Orazi, Itsaso Arana.

Teatro Central, Sevilla.

23 de abril de 2017

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