C’est la vie, Chuck

Chuck 1Chuck Berry, un chico de Saint Louis, al oeste de Missouri, hijo de una familia de clase media (su padre era carpintero y diácono baptista, su madre profesora) que aprendió de sus vecinos a tocar una guitarra prestada de cuatro cuerdas mientras asistía a la primera escuela para afroamericanos al oeste de Mississippi.

Chuck Berry, temeroso de dios, cruzando la frontera con la guitarra en la funda de una escopeta. Pisando el acelerador, con el botín en el asiento de atrás y la policía en el retrovisor. Chuck y sus primeros más de mil días de juventud en cárcel.

Chuck Berry, liberador, aportando luz al sueño americano, abriendo los primeros clubes no segregacionistas en EEUU. Chuck Berry, lobo solitario, peleando cada dólar como si fuese el último, conduciendo él mismo cada noche de vuelta tras el concierto. Ser un rockero abstemio le permitía agarrar el volante para amanecer en casa y ahorrar los costes de los hoteles.

Chuck Berry y su “Sweet Little Sixteen”, otros mil días bajo la sombra que tejen las rejas.

Chuck Berry, capo del club  Cosmopolitan, donde forjó su nombre; Muddy Waters y Willie Dixon, mano a mano, para grabar su primer disco. Chuck Berry encendiendo la adolescencia de Mick, Keith y compañía antes de los escenarios; gracias por los Rolling Stones, tal vez nunca habrían existido sin el bueno de Berry. Como no hubiéramos conocido, o al menos de una forma distinta, al ejército de míticos guitarristas que tanto han bebido inocultablemente de su estilo: Eric Clapton, Ron Wood, George Harrison, Pete Townshend… ciertamente, influyó a todos los que cogieron una guitarra después de él. Desde que encendió la mecha, todo giró en torno a él.

Chuck 2Keith Richards fue siempre su alumno aventajado. Es imposible no escuchar a Chuck Berry en cada guitarrazo del pirata stone. Trabajaron juntos en 1987, en el concierto documental Hail! Hail! Rock and roll, la celebración de los sesenta primeros años de vida de Berry. Richards consiguió reunir para tal acontecimiento de homenaje a su maestro a toda una constelación: Roy Orbison, Etta James, Eric Clapton, Bobby Keys… En la gran relación de amistad y admiración entre ambos a lo largo de los años no faltaron anécdotas inevitables con dos personalidades tan fuertes y pasionales. Cuenta el propio Richards, que tras asistir a un concierto de Chuck, estaba esperando que llegara al camerino, cuando advirtió que allí mismo, en una caja, asomaba la guitarra de su ídolo. Incapaz de frenar sus instintos la agarró y comenzó a tocarla. A la llegada del dueño de la guitarra le acompañaron un “nadie toca mi guitarra” y un puñetazo en la cara recibido por Keith, que ironiza “fue uno de los grandes hits de Berry”.

Chuck Berry y John Lennon, amigos íntimos, a quien ganó una demanda  por “Come Together”, por plagiar algunas líneas de “You Can’t Catch Me”. El asunto se solucionó con Lennon grabando algunos temas de Chuck. Pues eso…y tan amigos. “Si quisieran darle un nuevo nombre al rock and roll, podrían llamarlo Chuck Berry”, llegó a decir el beatle.

Chuck Berry, burlón trovador del asfalto antes que Bob Dylan, con un idioma fresco y excitante. Su estilo literario ha sido comparado por algunos con el del poeta americano Walt Whitman, por las similitudes que guardan en las formas de narración.

Chuck regalándonos el baile de John Travolta y Uma Thurman en Pulp Fiction, con “You Never Can Tell” , antes de la sobredosis y la inyección de adrenalina. Pariendo en España a, desde Silvio, a Tequila o Burning, hasta los Zigarros. Y con legado cósmico, inclusive. En 1977, el científico Carl Sagan fue el encargado de elegir el contenido del disco que viaja en las naves Voyager, enviadas a la intemperie espacial. Dicho disco, algo así como un breve emblema- compendio representativo de la vida en la tierra, guarda un mensaje para cualquier forma de vida o civilización que pudiera receptarlo. En él, entre grabaciones de saludos en decenas de idiomas, ruidos de fenómenos meteorológicos, de animales, mensajes de la ONU… se cuelan los guitarrazos de “Johnny B. Goode”.

Chuck 3

Chuck Berry, génesis de los solos de guitarra en el rock. Con dos cuerdas, para intentar hacerse oír pasando por encima de los estruendosos saxofones, encargados entonces de improvisar los solos, cuando la amplificación no era el gran invento tecnológico desarrollado de hoy en día.

Chuck Berry, el rey de la pentatónica, de los tres acordes canallas y desenfadados, y la sutileza en el género; gigante fundador y biblia del rock. El genio del paso del pato y los juegos estéticos con la guitarra, puro showman de etiqueta negra sobre las tablas, galanura y feeling entre el espasmo electrizante y la elegancia.  Inseparable de las Gibson, a las que les sacó los riffs con el toque más puro y mejor sonido.

Chuck Berry y Chuck, su testamento discográfico dedicado a su mujer y grabado con su hijo, tras treinta y ocho años sin publicar nuevas canciones, a punto de ver la luz en este 2017.

Noventa años de vida hasta ayer. C’ est la vie. Parecía que era inmortal, y definitivamente, no hay duda de que lo es.

Hey, Chuck, no tan deprisa. Aún puedes tocar la última. Larga vida al rock and roll.

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