Bratislavia: aborto exprés y empoderamiento de la sexualidad femenina

El viernes pasado fuimos a ver al teatro La Fundición Bratislavia, el último espectáculo de la compañía La Tarara. Al empezar la representación ya nos habíamos teletransportado a ese mundo paralelo desde el que trabajan. La Tarara crea todo un mundo aparte, dotado de un imaginario propio con reglas absurdas, que lejos de chirriar, obedecen a la lógica interna de su cosmovisión. Es por esto que la estética es no de sus estandartes; siniestra pero delicada, como si de una rosa negra se tratara. En gran parte, consiguen ese ambiente de extrañeza gracias a una iluminación arriesgada, con filtros que tienden al lenguaje onírico. Además, no falta el ya tradicional mini-altar en proscenio, a modo de cajón desastre; allí se recogen símbolos, obsesiones y fuentes  de inspiración, como pueden ser una virgencita de plástico y demás cachivaches.

Otro elemento indispensable en sus espectáculos es la secularización de la deformidad física. Juegan así a ser la rosa negra que comentábamos antes. En Bratislavia no faltan las danzas macabras, no en vano se ha intentado clasificar los espectáculos de esta compañía de teatro danza –signifique eso lo que signifique–. Hay una belleza triste en todas y cada una de sus bailes gracias a esa exaltación de la fealdad de la que intentan hacer escuela. Y lejos de alejarnos de sus personajes, juzgando el exterior, logramos empatizar más por esa ruptura con el canon establecido.

El argumento de la obra parte de un aborto exprés en la celebración de la boda de Trushka (princesa de Bratislavia) con un rico aristócrata (el Sr. Darsy). Tras un enfrentamiento de Trushka con su madre, nos enteramos de que a Trushka le gustan las mujeres. Aparentemente, su madre es inflexible y, debido a que ella se casó con el rey sin amarlo realmente para conseguir todo lo que tiene, parece que forzará a Trushka a recorrer el mismo camino. Sin embargo, esto no ocurre, y deciden suspender la boda para extirparle al futuro retoño de la forma más grotesca. Sinceramente, no puedo hacer más que alabar el desencadenante sobre el que descansa la obra; y precisamente por esto, creo que la resolución del conflicto y posterior ejecución del aborto deberían haber sido mucho más compleja y extendida en el tiempo. Es una pena que hayan conseguido una tensión dramática tan potente que es resuelta en cuestión de minutos.  A partir de aquí, van aconteciendo tramas completamente inesperadas sin perder el trasfondo de la sexualidad de Trushka. La obra no es más que un pretexto para reivindicar el empoderamiento de las mujeres sobre su sexualidad.

Durante toda la obra vamos pasando del inglés al español. A diferencia de El niño adefesio, donde hacían un uso escaso y burdo del inglés, en Bratislavia observamos diálogos enteros en un inglés más elaborado. Esto no atiende a ningún tipo de interés comercial a nivel internacional, según nos ha hecho saber la compañía. Yo personalmente, me confieso ya un nostálgico de ese uso precario que hacían del inglés en El niño adefesio. Es más que sabido que el lenguaje verbal no representa más de un 10% de toda la información que podemos expresar, por eso, recurrir a lenguajes extranjeros o inventados no es algo nuevo en teatro, sino una herramienta excepcional que permite a los actores transmitir emociones prescindiendo de intermediarios. Desde aquí les animaría encarecidamente que siguieran explorando este tipo de lenguaje por su poder evocador.

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