Bluescazorla 2017 – Sábado de consolidación rockera

Fotografías por Esperanza Mar

El día comienza tempranito. Llegamos a la Plaza de Santa María cuando aún están montando, y después de su correspondiente cafelito y tostadita, nos acercamos a la iglesia para hacer la visita al río que pasa bajo la estructura. Atentos a la sorpresa que hay a mitad del recorrido, no os digo más por si queréis hacerla. Por cierto recomendable, por sólo 2€.

Al salir, los chicos de Anaheim ya hacen de las suyas sobre el escenario. Cuál lagarto buscamos la sombra que se esconde, el frescor que nos huye. Y no ayuda nada, aunque se agradece a nuestro pesar, que estos chicos nos pongan movimiento en nuestras cabezas. Apenas una horita de Blues y rock interpretados con ganas y alegría, para presentar su nuevo trabajo Inertia. Una amalgama de Blues, rock, swing y demás parafernalias con estilo. Aún falta gente para tapizar la plaza, pero los que estamos bien que nos hemos despertado de nuestro breve letargo musical.

Los ganadores de la última Blues Battle, Maldito Swing, son los siguientes en tomar posesión de las tablas. Con sus pantalones cortos y la potente voz de Sara López Justicia consiguen lo que aún era impensable, que la gente le tomara espacio al sol justiciero. Con la ayuda inestimable del agua, ya sea por dentro o por fuera, las ganas de bailar se van apoderando del espíritu cazorleño.

Con “My Nation”, la sola palabra de “aguruguru” y el Blues más funk nos convertimos sin remedio en unos MALDITOS, con todas las letras. Vaya ritmazo que tienen estos tipos, y yo sin conocerlos. He leído que tienen publicadas dos EPs hasta el momento, y desde luego tienen todas las papeletas para convertirse en uno de los integrantes de la banda sonora de mi verano 2017.

Pasamos de las 2 de la tarde y seguimos vivos. Turno ahora para Pedro Peinado Blues Band. Los años de experiencia se notan en cuanto comienza el show. El Blues rockero de quien sabe manejar las bases, y sobre ella crear repeticiones con sutiles diferencias que hacen que nuestra mente se evada.

La plaza se compacta, se acerca pegajosa y se llena de silbidos que engrandecen la suerte de estar aquí. Al ritmo el maestro de ceremonias, su arenga correspondiente y sus guitarras hechas con latas de aceite de oliva de Cazorla. Surrealismo de la tierra, soterrado en las profundidades de la manera de ser de los jiennenses.

Si queremos sobrevivir a lo que aún nos espera esta tarde no nos queda más remedio que escuchar mientras nos alejamos los primeros compases de Trizia Band. Nos da pena, pero el cuerpo tiene un límite, como bien comprobamos ayer.

Suena el pitido de las 6 en nuestros oídos y nuestro reloj. Empieza la algarabía que se palpaba en el ambiente previo. Los chic@s de The Niftys imprimen rock bebido a grandes sorbos de bandas como Soundgarden o Dover, por poner alguno nacional, haciendo que este escenario se llene desde los primeros minutos.

Desde que comenzaron su andadura el año pasado en este festival han cogido la saludable costumbre de estrenar un tema nuevo en este escenario. Cosa que celebramos con rigor de buen blusero. Hay altanería y desenfreno en la versión de “Johnny B. Goode”. Saben como armar un buen jaleo, lo sienten y lo transmiten. Sudor y gritos se mezclan ante un sol justiciero. Palmas arriba, pies flotando en el aire y cinturita encorvada simulando guitarra, que más se puede pedir.

Vítores de despedida. Unívoca señal de que ha sido todo un espectáculo su actuación.

A continuación uno de los conciertos más esperados del sábado, Guadalupe Plata. Después de haber tocado hace años en la plaza de toros, quizás este entorno sea donde se sientan más cómodos. Recinto no tan grande, la gente más cariñosa unas con otras, grillos chirriando al atardecer, mosquitos que se escapan del pantano por sus cenagosas orillas. Sonido que te arrastra pesado y nos hace vibrar desde el desasosiego.

Hay que reconocerlo hoy Pedro de Dios está más lúcido y clarividente que en otras ocasiones en las que lo he visto. Su virtud a las 6 cuerdas es más palpable que nunca. Los temas suenan limpios y puntillosos, al menos todo lo limpio que puede sonar una radio antigua bien engrasada que habla de tumbas y del diablo. Eso va en detrimento de la atmósfera sobrecogedora de sonidos sobrepuestos y notas indescifrables, pero mejora, y mucho, la experiencia como oyente, amante de la música de estos jiennenses. Concatenación de temas por todos conocidos “Cementerio”, “Rata”, “Huele a rata”, “Serpientes negras”, “Miedo”, “Milana” y una interpretación de 10 hacen de esta otra de las tardes emblemáticas en la historia del festival.

Terminan con el espectacular “Calle 24” coreado y bailado por igual por todas las almas que pueblan este trocito de tierra.

Para terminar la tarde, tras un pequeño problema en el teclado de Emilio L. Galiacho, al fin los 6 miembros de J. Teixi Band nos seducen con su rock dulcificado más patrio. Aunque aderezado con vientos renovados en forma de Rhythm & Blues y Soul. Esta banda goza de un gran recorrido a sus espaldas y eso se nota. En su repertorio predomina su último largo Desde el Tren (2016), aunque hay espacios para otros clásicos como “Ciudad Soledad”.

Cae la noche estrellada sobre las montañas del parque natural. Descansan, al menos por un rato, nuestros pies y nuestros sufridos pulmones, trabajadores incansables que tratan de sacar oxígeno del aceite. Tiempo para un refrigerio rapidito en el Bar Las Vegas.

Dan las 11 antes de lo imaginado, y sin prisa pero sin demora, el señor Julián Maeso con banda al completo comienza su sesión de folk americano entreverado con Blues, soul, Rhythm & Blues y demás delicias del otro lado del charco.

Una plaza de toros que para nuestra sorpresa está llena desde el inicio, bailongos por doquier y muy buen rollo inundan toda la arena. Y eso se absorbe desde el escenario, imprimiendo a cada composición de la fuerza e intensidad de las que este señor ha carecido en otras ocasiones de las que lo hemos visto. Pero hoy no, hoy no es una de esas otras, hoy es “a lo grande”. Se coloca cómodamente entre órgano y hammond, y las guitarras comienzan su incesante danza de ritmos y melodías. Todo con el firme propósito de engrandecer algunas de  las nuevas composiciones de Somewhere Somehow. Un discazo, por cierto. No nos extenderemos mucho pero lo de esta noche le hacía falta a él y a nosotros para volver a disfrutar de sus canciones como se merece. Pulcro como pocos a la hora de encarar sus directos, no siempre consigue estar satisfecho, pero hoy se le ha visto cómodo y disfrutando.

Pasan los minutos y, aunque, se hace un poco de rogar, el señor Keb Mo haciendo de maestro de ceremonias da paso a un Taj Mahal con maracas amarillas, risas en la platea. Es sentarse y comenzar el deleite instrumental. Una breve pero intensa presentación individual como mejor se puede hacer, dejad que hablen ellos, los auténticos protagonistas, los instrumentos.

Es una delicia ver cómo se compaginan estos dos grandes del Blues, y es quizás en los momentos en los que están solos sobre el escenario, sin banda, cuando más se nota la compenetración. Blues en estado puro a dos guitarras, acústica o armónica y dobro, donde se alternan las voces para expresar sentimientos sin adulterar.

Terminan a lo grande, con toda la banda tocando “All around The world” y las palmas y gritos no dejan de sonar durante varios minutos mientras en nuestra cabeza aún se repite el estribillo. Aún queda tiempo para un bis, que a duras penas nos sacia momentáneamente del vacío de Blues y Soul que se nos había quedado. Aunque en esta ocasión no se cortan un pelo y lo mezclan con ritmos más étnicos dotando de color y vivacidad al tema.

Lejos de acabar la velada nos encaramos con más entusiasmo que físico hacia un nuevo desafío, Nikki Hill. Y es que los directos de esta chica y su marido siempre son un reto para cualquier amante del funk que se precie. Porque, a ver quién tiene “bemoles” de estarse quieto más de 5 minutos seguidos.

Todo en ella es pura adrenalina. Su voz, sus convulsiones, su interpretación. Y si le añadimos unos músicos de altísimo nivel capitaneados por Matt Hill, pues ya ni te cuento. Descrita como la nueva sensación del Soul, como la reina del Rock & Roll, o como yo mismo la describí la última vez que la vi “corazón palpitante”, no son más que palabras que no se acercan ni por poco a lo que es vivirlo en primera persona. Que si, que son las 3 de la madrigada, que sí, que estamos cansados de todo el día, pero ¿y quién piensa en eso ahora? Las gradas, hasta hace un momento llenas se van aclarando en favor de cuerpos que botan incongruentes al ritmo de la música en el albero. No, no me cansaré de verla. Y si alguien me dice que mañana toca en Valencia, pues nada, que me espere la carretera que allí nos vemos.

Lo reconozco, ya tengo una edad, y después de una paliza como la que me acabo de dar, escuchar a Davy Knowles se me hace poco atractivo. Pero me quedo, culo cuadrado de gradas toreras. Y me alegro de mi propia decisión en segundos. En la del culo también, pero sobre todo en la de quedarme. Este tipo tiene una de esas voces que embelesan desde las primeras notas. Sabe a clásico Blues rockero que acompaña a la perfección en unos temas sencillos en concepto pero profundos en composición.

Me deleito contemplando el escenario al completo desde la perspectiva que dan las gradas. Van a dar las 4 de la madrugada allí en el mundo exterior. Aquí dentro no, aquí dentro no hay horas, ni minutos, y si me apuras, apenas puedo contar los segundos. Puede ser el cansancio, puede ser que los ojos se me nublan y dejan paso a los oídos, mucho más útiles y agradecidos a estas alturas.

Se me acumulan en la mente imágenes de lo vivido en estos dos días, y como siempre, me alegro de haber estado aquí. No me cansaré de decirlo, a mí me ha enganchado desde hace años. Hay que probarlo. Al menos una vez en la vida.

Bluescazorla 2017

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